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Radio Progreso
Hector Flores

Hector Flores

Pooeta y gestor cultural

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Martes, 01 Noviembre 2016 14:30

Solo el pueblo salva al pueblo…

La estrategia del gobierno sigue siendo la misma con relación a la privatización de los bienes naturales y públicos: dividirnos para vencer. Pero el pueblo debe asumirse, apostarse y construirse contra este modelo, contra este gobierno y contra las corporaciones transnacionales que hacen su agosto con lo que es de todos y todas las hondureñas.

De manera que ante la avalancha de ambiciones que desvela este modelo asesino solo hay algo que es seguro y eso es que solo el pueblo salva al pueblo y para ello debemos organizarnos y dar la batalla.

1 – En el caso de la soberanía territorial nos encontramos ante una avalancha de privatización de lo público y concesionamiento de los bienes naturales. La ambición desmedida de la OLIGARQUÍA es extrema y son capaces - como es el caso de Honduras – de vender hasta las carreteras a consorcios internacionales con el fin de asegurar sus patrimonios personales. El Estado dejó de ser un Estado para el pueblo y se convirtió en la finca particular de esta oligarquía parasitaria que no sabe vivir si no es sangrando al pueblo.

Y nos venden la idea del desarrollo, pero este no se ve por ningún lado. En el caso de la minería – por poner un ejemplo – el Valle  de Siria – pasó de ser un lugar prospero para la agricultura a ser uno de los lugares más contaminados con los residuos tóxicos de la explotación minera y el Estado se llama al silencio ante eso. En el caso de las carreteras ponen casetas en carreteras construidas de hace muchos años con fondos del Estado (nuestros impuestos pues) y nos quieren engañar con la idea de que eso es desarrollo. ¿desarrollo para quien? Si lo que hacen es negarnos el derecho que constitucionalmente nos ha sido otorgado.

2 – Más allá de desarrollo lo que hacen es comprar conciencias. Van por las comunidades y llevan migajas,  pintan una escuela que deber ser pintada por el Estado y después quieren que creamos que siempre va a ser así. Pero la realidad es otra. La pobreza es pareja  y aunque algunos reciben algo en verdad es solo para usarlos como punta de lanza cuando el daño está hecho.

Muchos de los movimientos han sido descabezados con esa lógica del montaje de paralelas organizativas en donde el Estado, desde sus instituciones, confabula para posicionar a los detractores del pueblo. De manera que – en el caso de Honduras – no es extraño que los gobiernos municipales, las iglesias y los oligarcas midajeros del municipio se confabulen para hacer este tipo de campañas. Quiere un ejemplo mire lo de CongedisbaHn esa es una organización a favor de DESA creada para desacreditar y comprar la conciencia de las comunidades y desacreditar la lucha indígena aglutinada en el COPINH.

3 – En los últimos días varios medios de circulación nacional afines al Estado (la corrupción pues) han despotricado contra una jovencita llamada Olivia Marcela Zúniga por su papel de denuncia contra la impunidad en Honduras. Olivia es una mujer VALIENTE – como pocos en Honduras – lleva la sangre de Berta Cáceres y asume su lucha por este pueblo hondureño desde esa trinchera que se consolida en los pueblos lencas. Olivia no habla mal de Honduras, dice las verdades sobre este gobierno tirano, asesino, impune, cobarde y entreguista que es capaz de matar por conseguir sus antojos particulares.  Su madre – la Berta de los ríos – es la mejor muestra, junto a otros cienes de mártires, de la complicidad y colusión de este Estado con la persecución y muerte de los dirigentes sociales.

Pero la mediocridad de algunos medios de comunicación la tienen contra ella y la ponen como mala hondureña,  y lo hacen por que en este país las víctimas no son respetadas, no son reconocidas y las víctimas son re-victimizadas. Por que esa es la manera de proceder que tiene la oligarquía, con este modelo asesino, para enfrentar a aquellas y aquellos que les desnudan sus mentiras. Pero Olivia es la voz del pueblo lenca, un pueblo que no necesita de estos medios de comunicación vendidos e indignos para hacerle saber al mundo que acá, el Estado desde todas sus estructuras, asesina impunemente y destruye entregando los bienes naturales.

Este pueblo que se resiste es la víctima no el Estado, este pueblo que quiere expulsar de sus territorios  a DESA, COVI, Autopistas del Atlántico y las mineras canadienses son las víctimas no las corporaciones transnacionales. Este pueblo que se sueña libre, que pone los muertos, que sufre los desplazamientos y las torturas es la víctima no la OLIGARQUÍA asquerosa que nos quiere robar hasta la identidad y que es la que compra voluntades con los mediocres medios de comunicación que tienen. Deberían aprender que el pueblo no es idiota y ya conoce su servilismo y entrega por una pauta publicitaria, que además es, pagada con dineros del mismo pueblo.  

4 – Se alzan con comodines para dividirnos. Algunas veces son de imagen (guapos y correctamente vestidos), otras son de miedo (militares, policías y sicarios), de buen verbo (pastores, obispos y profesionales de buen discurso) para desmovilizar a la masa. Pero todos y todas tienen la misma misión que es desarmar al pueblo, quitarles lo que es suyo y, de paso, hacerles creer que se les quita por que ellos no tienen capacidad, ni son dignos, de trabajarlos con el nivel que exige la etiqueta internacional.

En el caso del peaje, que se pretende instalar en El Progreso y que el pueblo estoicamente a mandado al carajo, este gobierno corrupto y entreguista se las ha jugado todas, primero fue mintiendo sobre las bondades, después fue hablando de obras complementarias y ahora – como no lo han logrado sustentar – dividen los sectores para mentirles por separado. Reuniones con empresarios, con transportistas, con líderes de las iglesias y después seguramente con ongs coludidas o inventadas para tales fines. Pero sin nada concreto solo sus mentiras proyectadas.

Sin embargo se cuidan de usar los mismos rostros, Ordoñez, Juan Bendeck, Victor Ramos – por poner algunos – juegan un papel protagónico en esta novela de falsedades y juegan con sus mejores actuaciones, en el afán de desarticular y convencer. También hay  uno que otro roba cámara que quiere un espacio público que le de posibilidades para la siguiente contienda electoral. Ellos seguirán siendo la cara y la palabra en todo este conflicto por que para gobiernos como el que tenemos los pobres no aportamos a la economía nacional, aunque seamos los pobres los que nos partimos la madre trabajando de manera indigna y desprotegidos de la ley en las empresas de esos que ahora nos abandonan.
                                                                                                      …

Que sigue después es más que obvio, primero nos van a deslegitimar, después nos pondrán en conflicto con la ley y, cuando no puedan con el pueblo, nos mandarán su perros rabiosos para que nos asesinen. Y si no que le pregunten a los del MUCA, Margarita, Edixon, Berta… cuando no hubo manera de callarles la boca les quitaron la vida.  Nos van a culpar del atraso del municipio cuando ellos mismos son los fracasados y querrán que paguemos con impuestos lo que ellos mismos se han robado.

Solo el pueblo salva al pueblo, de eso no hay duda y una lectura involuntaria me lo ha confirmado. El profe Tenorio me mandó un texto en el que es citado y ahí hay una frase más que elocuente, en ese artículo el otrora vocero de las negociaciones a favor del peaje deja claro que él como empresario jamás va a labrar la estaca que después se le clavará a él mismo. Eso deja claro que la esperanza del pueblo no está en los empresarios sino en el mismo pueblo, que la esperanza del pueblo no está en el gobierno sino el pueblo mismo.

De manera que ante la tiranía de esta oligarquía y los abusos del gobierno la desobediencia civil es el camino y poco a poco, desde las coyunturas más mínimas, el pueblo hondureño camina al desconocimiento del gobierno y al instauración de un nuevo modelo de gobernanza en donde los usurpadores tendrán que ponerse de rodillas y suplicar perdón.

Nunca olviden: la paz no es necesariamente la ausencia de la guerra…



Chaco de la pitoreta

Miércoles, 05 Octubre 2016 07:33

Del doble discurso a la mentira, hay un paso….

Sorpréndase, llore o ríase, según lo que usted quiera, ante esta opinión “el robo del EXPEDIENTE de Berta Cáceres es intrascendente…” Esas  son las palabras del presidente de la Corte Suprema de Justicia Rolando Argueta, ante el sorprendente hecho que ha sacudido al mundo con la pérdida, en el supuesto acto del hurto del carro a una magistrada, del expediente más importante de los últimos años en la investigación criminal en Honduras: el caso Berta Cáceres. Sin embargo esas palabras, tan inapropiadas e indignas para los y las que conocimos a Berta son, en la realidad de este país, la expresión de la impunidad, la incompetencia y la soberbia con la que este gobierno, los presidentes de los poderes y las fuerzas militaristas se toman los derechos humanos de las y los hondureños. 

Pero no es una ligereza esa expresión, como algunos medios la quieren hacer ver, es la verdad con la que se maneja este país en donde, quien ostenta el poder, determina la vida de las y los otros. Miremos algunos casos de lo que para mi es doble discurso, doble moral y mentira estatal, patrocinada por este gobierno y su cabeza visible Juan Orlando.

1. En su discurso versan sobre la importancia de una sociedad segura y una vida mejor, acciones que se traducen en la entrega de una bolsa solidaria y en la militarización de la sociedad. ¿Qué seguridad le dan al pueblo los entes castrenses del país? Si, paradójicamente, estas instituciones están coludidas con el crimen organizado, el narcotráfico y la mayoría de los delitos que se cometen en el país tienen algún tipo de responsabilidad bien por acción o por omisión. Por otro lado de que seguridad habla el presidente si las masacres y asesinatos selectivos de líderes van en aumento en la población y, cuando él se activa, sale a correr rodeado de cienes de agentes militares y policiales. ¿Acaso no cree en su propio discurso de seguridad?

Por otro lado de qué le sirve la bolsa solidaria a la gente, o los eco fogones (cuando los dan) si eso, a lo sumo,  resuelve el hambre con la cocinada de ese día pero la condena a la miseria de siempre. De qué sirve si mientras se discursa sobre proyectos y programas sociales a los indígenas se les arrebatan sus territorios para dárselos a las transnacionales, a los hondureños el derecho a los servicios públicos para favorecer a una clase oligárquica parasita y asesina.

2. Hablan de transparencia en el manejo de los recursos pero crean empresas de sociedad anónima para que no podamos darnos cuenta quiénes están detrás de los saqueadores del erario público. Así por ejemplo una empresa colombiana nos privatiza las calles pero, sin duda alguna, ésta tiene un socio local del cual no tenemos referencia. Se roban los dineros de las instituciones públicas, aparecen los cheques a nombre del partido nacional, algunos funcionarios incluido el presidente reconocen tal robo y beneficio del partido, pero las investigaciones son someras, en algunos casos y en otras ni siquiera se abren líneas de investigación.

En el peor de los casos establecen una instancia internacional para la investigación de la corrupción cuyos resultados de inicio están condicionados, no por falta de voluntad de las partes involucradas, sino por los términos de intervención en la que se estableció. De manera que un órgano como la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad se silencia ante los procesos evidentes de corrupción del Estado y comete las “LIGERESAS” de validar una copia de expediente – en el caso Berta – como si solo de papeles se tratara tal acto. Es evidente que este órgano jamás se lo ocurrió pensar en la estrategia de intimidación que el robo de tal expediente supone a las personas que se presentan como testigos contra el estado y el Proyecto Agua Zarca por el asesinato de Berta.

3. Hablan hasta la saciedad, aprovechando sus medios serviles y antiéticos de la cárcel de máxima seguridad en donde van a parar los delincuentes más peligrosos de país. Y efectivamente ahí están mareros que mataron, asaltaron, extorsionaron y violaron  a una o más víctimas, con lo cual creo yo, se tienen ganado su castigo por la ley. Pero esa ley no es pareja. Mientras estos criminales están en esas condiciones pagando su delito, otros de delitos de mayor magnitud y responsables de miles de muertes en el país gozan de privilegios inexplicables. Este es el caso de Mario Zelaya, Lena Gutiérrez, Chepe Handal cuyos delitos aplican sobradamente para estar en el famoso poso, pero por ser parte del poder y la corrupción del estado, son beneficiados con retención en casa o un batallón, donde felices se les ve en fotografías haciendo carne asada. 

4. El gobierno desde el actual presidente se llena la boca hablando de resguardo y protección de la soberanía territorial pero, lo demuestra en sus actos, le vale madre la ciudadanía.  De qué sirve la soberanía territorial si no tendrá una ciudadanía que la ejerza. En este proceso de privatización de lo público a favor de las empresas transnacionales la soberanía vale menos que un comino y en la instalación y concesiones territoriales para proyectos extractivista y ciudades modelo que deslegitiman el derecho ciudadano. La soberanía es papel mojado y discurso ridículo de alguien que no sabe oler más allá de lo que tiene frente a su nariz. 

De manera que las ligerezas que nos quieren vender no son del todo ciertas. En realidad responden a un patrón establecido, que se definió en función de los intereses de un grupo oligárquico que ostenta el poder, y que tiene a su servicio los órganos del Estado, la sociedad civil y las religiones para seguir mancillando al pueblo. Es decir para consolidarse y establecerse como la dictadura cruel y asesina que es. Por que en definitiva del doble discurso a las mentiras de gobierno solo hay un paso y ese paso lo dan los funcionarios corruptos, como los que ahora tenemos.

Pero, volviendo al caso Berta, es de recalcar que no es un expediente cualquiera es, es el expediente de la mujer que ganó un premio internacional por su defensa de los bienes naturales, la más tenaz defensora de los Derechos Humanos, una indiscutible líder de los movimientos indígenas en Honduras y Latinoamérica, una feminista en toda la expresión de la palabra y el rostro más conocido en los últimos años a nivel internacional de las luchas por un verdadero estado de derecho en Honduras. Como dije no es cualquier expediente, y aunque mis sentimientos se contradicen con el principio jurídico de que todos y todas somos iguales ante la ley, Berta no es cualquiera, Berta es Berta Cáceres la máxima expresión de la dignidad en Honduras.

 

 

Miércoles, 21 Septiembre 2016 10:28

¿Somos independientes?

¡Ahora qué hago con esto! Y extendió el traje de color fluorescente, el birrete alto, la larga pluma artificial y la enorme capa al estilo medieval. Ella es una mujer de mediana edad, empleada en una maquila, madre y de paso soltera, pobre. Viene de un barrio urbano marginal, cargado de violencia y semillero del tráfico y distribución de drogas. Pero es una mujer sana, que ha defendido como ha podido su proyecto de familia y hasta asume excesos, como el de este traje que no servirá para nada más aunque valga una fortuna, para que su hija marchara en el desfile. Lo que ella no sabe es que entre el público y, desde los palcos más importantes, los sabuesos escupen saliva viendo los estructura ósea y la bien distribuida masa muscular en el cuerpo de su pequeña.  

Para muchas madres, de escuelas públicas y privadas, la celebración de independencia fue eso, una mera celebración para la cual había que asumir algunos gastos que después no se entiende por qué se asumieron. La oportunidad de gozar de un poco de respeto en una sociedad acostumbrada a tratar a las personas por su tener y no por su ser. Como una especie de espejismo para alejar los sinsabores de la pobreza. Como una especie de burla del presidente en turno, haciendo gastar a las familias para sostener con circo y pan,  una sarta de mentiras e inoperancia que se hace llamar gobierno. Pero ¿somos realmente independientes, merece la pena ese sacrificio de las madres y padres, puede considerarse un acto de civismo y amor patrio lo que se ve el 15 de septiembre…?

Después de 195 años hay una cosa que debe quedarnos claro: la independencia es un mito y la realidad una verdad cruda que no se puede cubrir tras el espejismo de un show mediático, anti ético e inmoral, que se promueve en esta fecha. La independencia es un papel firmado que se exhibe al mundo pero que jamás a llegado a las y los hondureños. Es una farsa histórica con la que nos quieren vender una idea de libertad, que no existe ni en el ideal de lo que hoy se conoce como democracia.

El mito de la independencia tras la realidad 

Para celebrar una real independencia sería necesario que, el gobierno de Honduras, diera marcha atrás a su ininterrumpido proceso de concesión territorial. La independencia tiene como condición sine qua non el respeto de la soberanía territorial y las transnacionales amenazan, violentan y rompen la soberanía de nuestros pueblos sobre sus bienes naturales. Las ciudades modelo, esa nueva forma de crear campos de concentración para personas según su estatus es, sin lugar a dudas, la peor marca que tiene esta idea de independencia que se celebra. Y finalmente si queremos que esto sea independiente el Estado debe, obligatoria e irrevocablemente volver atrás con esa carrera por concesionar los territorios nacionales a empresas y capitales internacionales, a sus socios locales, que ya no son locales, que están destruyendo el hábitat que por generaciones nos ha sido compartido. Estamos hablando de un poco más 40 por ciento del territorio nacional concesionado mientras los y las hondureñas no tenemos un pedazo de tierra donde hacernos una ranchita para cobijar la esperanza.

Independencia tendremos cuando el Estado asuma su tarea por garantizar los servicios básicos para la población y no se la venda o concesione a corporaciones privadas de carácter público privada. La estafa continuada, por ejemplo que hace coalianza con el pueblo es incompatible con la idea de la independencia. Son empresas privadas, con fuerte presencia de capital transnacional, enemigos de lo público cuando de prestar servicio se trata, pero parásitos del Estado cuando sangrarlo es la tarea. Así entonces, estas parásito-empresas, comienzan a funcionar no con sus presupuestos sino con los presupuestos del Estado, los bienes públicos y los recursos comunes usados para sus intereses particulares. Empezaron con la telefonía, sigue la energía eléctrica, el agua, los bosques, la salud y muy pronto el aire.

Podremos celebrar independencia cuando el Estado reconozca que solo la educación puede hacer libres a los hombres y mujeres. Cuando esa educación sea de calidad y esa calidad les permita hacerse con dignidad. Cuando la educación sea pública y un derecho humano objetivamente garantizado por el Estado. Cuando se le deje de considerar gasto o inversión pública y se le convierta condición insustituible de dignidad humana. Pero para ello esa educación debe estar purificada del asco que genera la politiquería político-partidista. Romper con ese modelo de formación pensado sin la gente, contra la gente y para las empresas y, desde luego, con la participación activa y efectiva de todos los ciudadanos y ciudadanas desde su propia cosmovisión e identidad particular.

Hasta no tener esa educación - soñada por Morazán - que forma hombres y mujeres que piensan, que defienden su derecho, que eligen su forma de vida y se deshacen de esas formas que los dañan (como la tiranía actual de Juan Orlando por ejemplo) no podremos hablar de independencia.  La educación debe trascender a los gobiernos y convertirse en una política pública de Estado que asegure el acceso y el continuo. Que garantice la dignificación humana y nos des-idiotice ante los usurpadores del poder y el dinero. 

Necesita urgentemente desmilitarizarse, arrancar el concepto militarista de todos las propuestas educativas que se ofertan. No es posible que todavía ahora, después de tantos fracasos y maldad que el ejército y las policías han sembrado en la sociedad un presidente, como es el caso de Juan Orlando, apueste por los militares como educadores y como educación. Esa es una apuesta por la violencia en vez de la paz, por las armas en vez de los libros, por la gente idiotizada y  estúpida en vez de los inteligentes e incapaces del dialogo. La desmilitarización abarca incluso la venta de la carrera militar como opción profesional y en eso este gobierno es absolutamente responsable. Basta ver los rostros de los militares para darnos cuenta que son pobres, uniformados por ricos, para defender a los ricos y matar a los mismo pobres. Y eso es lo que busca este modelo actual de gobernanza.

Si queremos hablar de independencia debemos volver sobre la justicia en su más amplio concepto. Justicia social y justicia humana. Se debe volver sobre la memoria y retomar a los verdaderos patriotas, devolverles su dignidad, renombrarlos en la vida a pesar de la muerte y el Estado, desde esa condición del gobierno que lo representa, debe pedir perdón por el daño causado, condenar a los culpables todos y todas y después indemnizar el daño causado, aunque este sea ya irreparable. Los Mártires del Astillero, los mártires de los Horcones, Lorenzo y compañía, Chungo Guerra, Vicente Matute, Cándido Amador, E. Lemus, Margarita Murillo, Thomas y Berta son solo unos cuantos de los hombres y mujeres con los cuales este gobierno, parasitario y asesino, tiene una cuenta pendiente. O se da la justicia para las víctimas, o mejor no sigamos celebrando independencia.

La patria es de todos o de nadie

El 15 de septiembre nos hacen celebrar una falsa independencia para ocultar una horda de violencia. Mientras el circo presidencial, con sus mediocres medios de comunicación, exhiben como carne de cañón a las niñas y jóvenes de mi patria, la violencia sigue siendo el pan de cada día. Violencia de rostro, de género, de vulnerabilidad ambiental, psicológica y, sobre todo, estatal. Nunca en la historia de Honduras un gobierno fue tan déspota, tan cínico y tan corrupto.  Nunca la crisis nos había llegado tan bajo y tampoco un funcionario presidente  se había burlado tan públicamente de su pueblo como el actual. 

Estos días la primera dama de la nación (ojalá y fuera la última), dijo que su vestido, costoso y elegante, era una recuperación de lo nuestro, que había sido confeccionado por mujeres y hombres Lencas, que eso lo hacía marca país, que eso lo volvía marca Honduras. Definitivamente, cuando la mediocridad y el cinismo se juntan y de paso consiguen una buena retahíla de periodistas y medios de comunicación tarifados, se vuelve alarmantemente peligrosa. Sabrá esa mujer el daño que le está haciendo al pueblo indígena Lenca cuando dice eso de su vestido. Sabrá ella, indigna e idólatra, que los verdaderos y verdaderas lencas siguen llorando entre sus ríos a la Berta, que no tienen ropas para ellos y menos para hacerle su vestido, que no pueden tejer ni para ellos y ellas por que las condiciones inhumanas en que viven no dan para más. ¿Sabrá ella eso? o su cinismo es tan extremo que termina engañándose ella misma, creyéndose verdad su propia mentira.

Pero sepan ustedes, sepan y no lo duden, que en la historia centroamericana a Honduras le queda un paso pendiente por dar. Y lo va a dar. Acá llegaremos a extremos tan radicales que no vamos a aceptar morir por la inseguridad y la miseria, sino que daremos la vida por dignidad. Habrán nuevos ríos de sangre, pero de sangre digna que se derramará para lograr la verdadera independencia. Y ustedes, ustedes saqueadores del Estado, asesinos del pueblo, mediocres funcionarios, títeres de las comunicaciones y enemigos de la libertad van a llorar, van a derramar lágrimas de sangre hasta quedar secos, flotando en la pila de mierda que almacenará sus miedos y los expondrá al mundo como los cobardes que son.

Morazán el mejor ejemplo del extractivismo capitalista

Ante este tan cuestionado acto de celebración de independencia hay un nombre que es abrazador y, sobre el cual me parece a mí, recaen todas las atenciones del los actos: el General Francisco Morazán Quezada. Cuyo legado independentista, amor por la patria y entrega centroamericana le significó la muerte. Como a muchos ahora en la historia reciente.

Ante la inevitable emancipación del pensamiento morazánico el ejército y la clase política conservadora de su época lo mató pero, curiosamente, esos mismos ahora lo enaltecen, lo galardonan pues. Y le dedican la celebración del día de la independencia, pero al contar la historia, no cuentan que en ese mismo día, un 15 de septiembre, también ellos lo fusilaron por pensar la patria para todos y todas y no para unos cuantos. Claro resultaría curioso que los mismos que lo mataron ahora lo revivan. Sin embargo es importante apuntalar que esa no es una novedad en este modelo de sociedad política que habitamos.

De manera que el ir a ponerle corona de flores en donde este su busto, marchar con coreografía militar en las calles, hacer que los niños y niñas actúen como un regimiento, que los uniformes de desfile sean de gala y corte militar, que los oficiales de la policía o fuerzas armadas se pongan toda su sarta de condecoraciones para disfrazar su mediocridad y complicidad histórica ante el asesinato del paladín centroamericano no es más que, otra vez me parece a mi, una manera cínica del sistema para extraer del hombre, que mejor amó a la patria por encima de pertrechos militaristas o ambiciones politiqueras, que nada bueno, jamás en la historia, le han dejado a Honduras.

Como en los bienes naturales las empresas de comunicación conservadoras van a la historia, sobre la memoria de las mujeres y hombres que le apostaron de forma distinta – Morazán por ejemplo - y plagian su pensamiento y los acomodan a sus intereses, para que el pueblo, idiotizado con la mediocridad colorida de una farsa independencia, siga dejándose desangrar, siga entregándose sin reclamo y sin oposición a los antojos del capitalismo y su barbarie. Pero incluso de las más fangosas regiones puede emerger, o germinar con arrojo, algún atisbo de esperanza. Y este pueblo tiene que despertar y verdaderamente independizarse.

Ya sé, se dijo para si misma mientras extendía de nuevo el traje, se hinchaba de orgullo y se le comprimía el pecho pensando en la deuda por esos trapos asumidos. Voy a ponerlos en una bolsa plástica, colgarlos en la pared y esperar, esperar a que un día, no sé cómo ni por qué, haya que volver a las calles a celebrar con dignidad y sin el miedo de volver con las alegrías terminadas y las jaranas aumentadas…

Honduras te quiero libre, libre por y para todos y todas… incluso libre de mi si soy quien estanca tu proceso libertario.

Martes, 06 Septiembre 2016 08:40

¿Y la educación cuándo?

Los presidentes del triángulo norte se juntan para combatir a las maras y las pandillas, el crimen organizado y el narcotráfico. Para ello despliegan, en el caso de Honduras que se ha hecho más que evidente, una jauría de militares que con toda la indumentaria de guerra se desplazan a las fronteras de estos territorios. Son como una suerte de pacificadores sin paz, pues muchas de las comunidades donde se asientan terminan pagando caro el precio de su presencia violenta. De eso pueden dar fe las comunidades garífunas de Colón y las Misquitas de Gracias a Dios. Pero ¿cuándo harán esos mismos esfuerzos por la educación?

De hecho se regionaliza el delito, se reforma la ley para su alcance supranacional y se crean instituciones para el seguimiento a esos delitos. El problema es que ante esos delitos necesitamos instituciones creíbles y la credibilidad, al menos en el caso de Honduras, de las instituciones del Estado en general y las operadoras de justicia en particular,  no tienen ni el más  mínimo grado de credibilidad ante la población. Insisto, ¿cuándo harán lo mismo por la educación?

El gobierno de Honduras tiene presupuesto para desplegar esas intensas cuadrillas militares por las fronteras,  pero no tiene para comprar material didáctico para las escuelas. Tiene presupuesto para movilizar centenares de soldados, pero no tiene recursos para contratar docentes y, con ello, llevar educación a  muchas comunidades cuyos centros educativos, especialmente en comunidades indígenas, subsisten bajo la modalidad de multigrado y unidocente. Tiene presupuesto para equipar esos escuadrones, con lo mejor en tecnología armamentista, pero no lo tiene para equipar y reparar las escuelas de mi país que se desploman ante el abandono y la indiferencia del actual presidente y su equipo de trabajo. Asegura presupuesto para sostener los salarios de esos militares pero no se ve que lo haga para los médicos que se han declarado en estado de calamidad o los profesores que hacen la más importante de las tareas humanas con salarios de vergüenza.

Nuestro mayor problema no es la falta de seguridad sino la escasa educación y el gobierno de Honduras debería saber que las armas no educan, aniquilan. Si el gobierno invirtiera en educación no tendría necesidad de gastar en armas, si el gobierno invirtiera en educación no tendríamos funcionarios incapaces, nepóticos y corruptos administrando los procesos en los que nos hacemos país. Si el presidente de Honduras estuviera realmente interesado en la seguridad nacional aseguraría, con todos los niveles de prioridad, la educación de la ciudadanía y con eso evitaría tener que enfrentar en las calles las olas de violencia que nos sacuden.

El real conflicto no está en el narcotráfico, ni las maras y pandillas, ni el crimen organizado. Nuestro real problema es una Estado coludido con esas dimensiones de criminalidad, funcionarios que funcionan en función (valga el juego de palabras) para que se legitime la ilegalidad de esos grupos criminales y operadores de justicia que legitiman la impunidad que, desde estos grupos, se ejecutan en detrimento del Estado y la ciudadanía. Y Juan Orlando Hernández, el que proclama proféticamente que Honduras está cambiando, sabe de lo que estoy escribiendo.

El conflicto es que cuando Estados Unidos piensa el triángulo norte no ve las naciones y las personas que acá nos hacemos, sino que ve sus mercados, sus ganancias y las zonas de experimento para su carrera bélica. El problema es que gobiernos como los de Estados Unidos, aún sabiendo el nivel de corrupción que impera en nuestros funcionarios en todas las escalas, sigue apoyándolos, soltándoles presupuestos y silenciándose ante los llamados de la población que les exige menos apoyo para este grupo remedo de funcionarios públicos que nos gobiernan. Pero es obvio que no quieran cambios por que en este modelo, fracasado de sociedad, está su fuente de ganancia más grande. Mientras nosotros y nosotras nos desarmamos construyéndonos una esperanza, ellos explotan, saquean y destruyen nuestros bienes naturales y nuestra identidad originaria.

Si realmente quisieran resolver el problema de la región los presidentes del triángulo norte y el plan para la prosperidad (nueva modalidad de injerencia de la política internacional de los Estados Unidos en la región) deberían juntarse para invertir, colectivamente si es su antojo, en la educación de la población. En la escuela que promueve académicamente al sujeto pero, además, le da condiciones para leer, analizar y transformar la realidad en la que vive, aunque eso suponga cambiar presidentes, funcionarios y modelos económicos, cuando estos no proyecten la sociedad de justicia social que todos y todas merecemos. Pero es obvio que un pueblo educado es el fin de gobiernos y funcionarios mediocres, como es el caso de Honduras, y esos mediocres jamás afilarán el machete con el que después pueden ser descabezados.

Educación Pública, de calidad y como derecho es lo que nuestros pueblos necesitan. No personas con rifles, sin capacidad de dialogo y entrenados para matar como los que se están promoviendo desde esta llamada articulación regional.

Chaco de la Pitoreta

Es exactamente así, como se pensó con lo que se pensó para quienes se pensó y con quienes se pensó. La temporada de expresión artística de Teatro La Fragua llegó a su fin, al menos por este año. Dejando, durante esos ocho fines de semana, la marca de la sonrisa en los rostros de quienes fuimos a cada una de las 16 funciones. Cada presentación en sí misma fue una “historia exactamente así” y, desde esa particularidad, una apuesta infranqueable para marcar la diferencia.

Teatro La Fragua volvió sobre sus tablas  y con el público para demostrar que se puede hacer cultura. Para enseñarnos que no hay fronteras cuando se habla con el  arte y que los talentos son para ponerlos al alcance de todos y todas y no de unos pocos. Para enseñarnos que vale la pena seguir soñando. Para devolvernos la fe en este país empequeñecido, empobrecido y mal informado pero que es capaz de parir gente noble y de corazón fraterno.

Fue una temporada de fusiones que se hicieron posibles en distintos aspectos de la temporada;  en la música, en las actuaciones, en los escenarios, entre actores y actrices con sus públicos, entre lo viejo y lo nuevo, en la danza y los malabares, entre personajes con títeres y marionetas; de fusión entre lo nacional con lo internacional, entre lo meramente mágico con la realidad, entre los que nos hicimos presentes a las tablas y los que las siguieron virtualmente. En fin fusiones.

Como se lee 37 aniversario en lengua teatrofraguariana

Teatro la Fragua se volvió, sin duda alguna,  un idioma universal y cumplir 37 años es su mejor prueba. Pero esa lectura solo es posible si pensamos en perseverancia, talento, creatividad, flexibilidad, compromiso y dignidad. Lejos están aquellos días, cuando en aquel carrito pick-cup, se movían por todo Honduras con una propuesta artística reinventando la vida cultural. Locos les decían, comunistas los acusaban, herejes los nombraron, pero la compañía teatral no se detuvo y siguió cantando, bailando actuando y, con todo eso, aportando a la transformación de la cultura hondureña.

Es un nuevo idioma en las dinámicas culturales nacionales e internacionales. Si quiere cantar, actuar, escribir, proyectar, publicitar y compartir un proyecto cultural debe venir, al menos una vez, a La Fragua por que nada se entiende ya sino es desde la tradición, el impacto, el carisma y las sinergias que generan esas tablas como puente entre el arte y el público. Tiene que leerse desde los guiones elegidos, las obras montadas, las generaciones de actores y actrices que han pasado o se mantienen. Desde la diversidad de manifestaciones artísticas.

Durante estos años se ha tenido que lidiar con la persecución y violencia, con la migración forzada de las juventudes que también son los actores y actrices, con la crisis financiera que imposibilita las artes y con la ausencia de una política de Estado que promueva y defina el arte como parte esencial del desarrollo de los pueblos. Pero ante ese panorama Teatro La Fragua se asume desde la creatividad construyéndose opciones y apostando por los aliados, desde la Flexibilidad que, bien entendida por ellos, no ha significado renunciar a la identidad teatral que define su muestra, sino en la de consolidarla y adaptarla a las nuevas demandas y, desde luego sin la posibilidad mínima de renunciar a su compromiso por hacer, con el arte como bandera, apuestas por una Honduras realmente inclusiva y justa para todos y todas.

Se tiene que leer de corrido y sin puntos finales por que estos 37 años TLF no ha parado en su afán de hacer cultura y promover el arte. Han ido por todos los rincones de Honduras, montado cualquier cantidad de obras para escena y abriendo miles de puertas para que otros, en la calidez de sus tablas puedan despegar sus alas y alzar el vuelo en la promoción de sus talentos. De eso puedo dar fe yo mismo.

Teatro en tiempos de guerra

Sin duda uno de los grandes méritos del TLF es su apuesta incondicional por una sociedad de paz cuando lo que se respira es la violencia. De hecho en los últimos años las ausencias de público responden al clima de inseguridad con que habitamos en Honduras y esta nuestra ciudad El Progreso en particular. Y a pesar de eso seguir. La paz no es la ausencia de la guerra y eso en Honduras es más que evidente, sin estar en guerra la mayor parte del presupuesto nacional se destina a seguridad nacional y proyectos culturales como los que promueve Teatro La Fragua quedan en el olvido por que no son políticamente rentables y, de paso, son críticos de la corrupción instalada.

Honduras se desangra y parte de esas arterias rotas por donde se desangran tienen vinculación directa con el Estado. Un estado que permite que gobiernos político-partidistas roben los fondos de la salud, la educación y los proyectos socioculturales para promover campañas electorales, el nepotismo y la intolerancia ante los que no están de acuerdo con la forma en como se administra el país que es de todos y todas. Y el Teatro La Fragua, valientemente, no ha renunciado a su compromiso de denuncia y pese, al desplante económico que eso le puede significar, grita desde sus obras que otra Honduras es posible, que la igualdad jurídica y digna entre todos y todas no esta en el papel mojado de la Constitución de la República actual, sino en el ámbito supraconstitucional que nos da el ser ciudadanas y ciudadanos sujetos de derechos.

 

 


La Fragua eligió ser pobre, se prefiere pobre antes que vender a sus gladiadores al circo y pan que quiere esta sociedad actual. La cultura, dijo Jack (Director ejecutivo) en una de las jornadas de formación de las que fui parte, no debe tener precio, ni su compromiso por hacer pueblo debe ser suplantado por los antojos de la comodidad. Por eso es mejor actuar desde la carencia que hace la conciencia que desde la opulencia que enajena la existencia. Teatro La Fragua eligió que la respuesta a esta sociedad de violencia esa en el arte, en esas manifestaciones culturales que nos ayudan a encontrar la nobleza que nos caracteriza y la libertad que nos determina.

Y musita la muerte: espera, espera, espera y otra vez nos ponemos a esperar y a creer(J.F.T)…
Y musita la muerte… definitivamente musita la muerte y su llamado tiene ecos y esos ecos rebotan en las tablas añejadas del Teatro La Fragua, o se convierten en halos de luz que se estrellan en los telones que se visten de color con el choque, o se tiñen de sangre en alguna calle de la ciudad en donde alguien dio su último suspiro.

Esta temporada de expresión artística le dice adiós a uno de los grandes exponentes del arte hondureño Don Guillermo Anderson, quien junto a Walter, Guillermo Fernández, Gerónimo, Roberto Sosa, Rigo Paredes, Fernando Alvarado, Clementina Suarez  y otros más le dieron vida al acervo cultural de Honduras y consolidaron a su manera una relación de amor con estas tablas que, todavía ahora, a pesar de sus ausencias físicas siguen gritando su amor como un verso para la esperanza.

Fernando Alvarado, Walter, Guillermo Fernández y Guillermo Anderson se hicieron eternos en esas tablas. Escribieron su historia, se metieron en la memoria y volaron infinito desde este colosal escenario. Aprendimos de ellos, nos hermanamos con ellos y, con el paso del tiempo a pesar de lo reciente de G. Anderson los tenemos en cada presentación y jamás, pero jamás, van a ser borrados de la nostalgia en cada temporada que se monte. Pero apelo a su memoria y pienso que vendrán más temporadas, que habrán otras cipotas de barrio, algún otro patroncito, un Pepe Lepeau que junto a la magia de las luces del Walter van a pintar los días grises e iluminarnos alguna esperanza.

Y todavía les queda corazón para dar regalos

Me voy despidiendo, ya se que están cansados de leer si es que han llegado hasta acá, pero 37 años no se puede hacer de paso y Teatro La Fragua se merece este texto y todos los que el mundo les escriban. Su trabajo no solo engrandece Honduras, sino que la salva de la vorágine en la que la sumerge la política corrupta y la sociedad de consumo que nos atormenta.

Y es tanta la nobleza de esta compañía cultural que no se quisieron ir sin dar regalo cuando deberían ser ellos quienes lo recibieran. Somos nosotros y nosotros los hondureños y progreseños en particular los que debemos dar reconocimiento a ustedes. Lo tienen más que ganado.

Las sonrisas y destellos de actuación de mi Marcela Sofía, las preguntas de mi Sergio Ernesto sobre esto o aquello que pasó en tal obra y las posibilidades de encuentro entre estos y sus primos Flores Carías son de un valor incalculable. Ustedes, aunque no se los haya dicho, contribuyen a la educación de nuestros niños y niñas, les abren a mundos no imaginados en donde la solidaridad, el amor y la vida compartida son la máxima… y hacen, desde cada obra y proyecto en que nos incluyen como público o como artistas, que nuestra tarea de padres y madres sea menos compleja en esta sociedad tan diezmada que no deja que en el suelo patrio germine la esperanza.

Infinitamente GRACIAS Teatro La Fragua
Felices 37 años

 


Chaco de la Pitoreta

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