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Radio Progreso
J Donadín Álvarez

J Donadín Álvarez

Escritor nacional

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Jueves, 09 Febrero 2017 11:06

Juventud en política

Jean Jacques Rosseau, pensador francés, expresaba con evidente acierto  que “la juventud es el momento de estudiar la sabiduría y la vejez el de practicarla”. Por supuesto, esa preciada etapa tan malgastada por muchos constituye quizá la fase más importante en la vida del ser humano. La niñez que le antecede está caracterizada por el aprendizaje constante, la adolescencia por la definición de la personalidad y la divina juventud no es sino el equilibrio logrado entre el aprendizaje de la infancia y la conducta de la adolescencia. En este sentido arribar a la juventud, es la más maravillosa experiencia que Natura concede a los mortales. Es, pues, éste el momento preciso para asumir una posición memorable frente a la vida para que la vejez no nos encuentre preparándonos todavía para actuar. 

La política, por ejemplo, es una excelente labor para estudiar la sabiduría; es decir,  la juventud tiene en el gobierno y la organización de las sociedades humanas una excelente oportunidad para dedicarse a hacer el bien, a administrar con decoro bienes colectivos e interpretar de esta manera la aplicación de la sabiduría aún sin haber llegado a la vejez. 

Y aunque quizá muchos jóvenes no lo hagan de manera directa su vinculación con la política es importante a través de otras vías. Ellos deben conocer todos sus derechos, ejercer soberanía mediante la presión popular, fortalecer la verdadera democracia con su voto consciente, formar agrupaciones y elevar sus ideales de desarrollo hasta llegar a la toma del poder político. 

Pero; ¡mucho cuidado! La juventud se puede desviar. Por eso es tan necesaria la orientación de los viejos de trayectoria admirable, de esos que ya están facultados por la vida para practicar la sabiduría. Si el joven no tiene una alta dosis de disciplina, amplios conocimientos que le permitan ejercer con mucho tino el oficio de gobernar y una ética orientada a la consumación de los más sublimes valores del ser humano, nada bueno estará haciendo. 

Históricamente dos líneas se han distinguido en la participación política de la juventud hondureña. Las ya bien detectadas de izquierda y de derecha. Como una especie de herencia ideológica los jóvenes, especialmente de la clase media, han asumido como propia la línea partidaria de sus padres y en función de dicho legado se han enrolado en los partidos políticos con los cuales ha existido una afinidad familiar. 

No obstante, esta tendencia ha cambiado en la década actual. Con el arribo del Partido Anticorrupción (PAC) y el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) muchos jóvenes han disentido de la línea partidaria de sus antecesores y se han enlistado dentro de los dos partidos anteriormente mencionados. 

Así las cosas, es innegable que la coyuntura multipartidaria del momento ha generado importantes espacios de participación política para la juventud, pero; ¿cuántos jóvenes aspirantes a un cargo público estarán aptos para gobernar con sabiduría y dignidad? No se trata solamente de complacer el anhelo de convertirse en un político de carrera únicamente por ser dueño de una juventud prometedora. A pesar de que no hay nada malo en esta efervescencia política que los domina, puesto que la sensación de saberse popular o bien recompensado económicamente ha de ser agradable, se debe ser cauteloso al tomar la decisión de incursionar en el enmarañado terreno de la política nacional.  El joven que aspira a efectuar, junto con otras personas,  el sublime ideal de acabar con la miseria en el país debe conocer la ruta que sea ciertamente congruente con lo que los electores esperan de él.

Por lo general, los jóvenes que recién incursionan en la política hondureña proceden de las universidades, algunos de ellos ya con su ciclo académico graduado. En ese sentido, hay un bagaje intelectual  valioso en ellos. Sin embargo, el conocimiento encapsulado en sus cerebros no será suficiente si se carece de una formación ideológicamente sólida, de una perspectiva reivindicativa y lo que es peor: de una iniciativa crítica para transformar el país. 

Cabe señalar que la universidad no prepara estudiantes para el exclusivo oficio de gobernar con justicia, sino más bien para  insertarlos a un mercado laboral consecuente con el modelo económico neoliberal. La formación que brinda está contemplada en un flujograma que contiene una gran cantidad de paquetes conceptuales denominados comúnmente “materias” o “asignaturas” y que ellos deben aprobar; No obstante, una vez graduados muy pocos se sienten facultados para desarrollar un trabajo interpretativo de la sociedad hondureña y un análisis riguroso de la ciencia política. 

En consecuencia, la academia ofrece al país un trabajador cualificado mas no siempre una persona con un nivel crítico aceptable. Por si fuera poco, el sistema agasaja al nuevo profesional con ciertos privilegios socioeconómicos que lo terminan encerrando en una burbuja social. Con este tipo de jóvenes egresados del nivel de Educación Superior, y que aspiran a gobernar el país, el desarrollo de la población no parece estar muy cercano. 

Los jóvenes que hoy se apuntan para incursionar en la política necesitan  fundamentalmente dos cosas: libros y valores morales. Los primeros les darán el conocimiento necesario para administrar sabiamente un Estado tan desmoronado como el hondureño. Los segundos, los comprometerán con la sociedad y con ellos mismos a obrar con honestidad y transparencia en su gestión en la esfera de lo público. 

 

 

Jueves, 08 Diciembre 2016 07:59

Democracia y soberanía popular

La reelección es la actual tendencia retardaria del cachurequismo. Con un escandaloso grado de embrutecimiento político los pitufos lanzaron a la palestra nacional el proyecto reelectoral e interpretando antojadizamente la normativa constitucional generaron la idea que la reelección de su cacique es indetenible.

La propuesta reelectoral, ilegal a todas luces, ha tenido un ligero eco en la hondureñidad por dos razones: la primera, la manipulación de los medios de comunicación sobre los hechos inconstitucionales que está llevando a cabo la pandilla azul y la segunda, la ceguera ideológica del ciudadano promedio, que no es sino la consecuencia de lo primero.

Los medios de comunicación, serviles en su mayoría al partido de turno, continúan prostituyendo la objetividad en aras de lograr mayores ingresos provenientes del mejor cliente: el Estado. Ellos han asumido el rol de desinformar, generar confusión y entretener con circos mediáticos a la población que necesita saber si la reelección es conveniente o no. Y como gran parte de la opinión pública está configurada por la información que de los medios se desprende, muchos compatriotas han considerado como verdad la montaña de falsedades que los canales televisivos, las emisoras radiales y los medios de comunicación impresa transmiten a diario.

Colosal error es creer lo que los canales desinformativos repiten a diario: que la reelección es legal e indetenible. La idea de que el actual presidente debe continuar en el poder debido a que está logrando el desarrollo nacional es totalmente falsa. En Honduras hay crímenes, masacres, hambre, desempleo, ignorancia, temor, miseria, corrupción, hay de todo, menos desarrollo. Y todo es responsabilidad del actual gobierno y de su antecesor, también de corte neoliberal, corrupto y cachureco. De manera tal que cada vez que un medio de comunicación pregona a voz en cuello que la reelección del cacique azul es indetenible por su efectiva gestión presidencial nos encontramos ante una mentira financiada desde el Poder.

En cuanto a la ceguera ideológica que predomina en los sectores populares de la sociedad hondureña hay bastante trabajo que realizar. Mientras el ciudadano promedio se sumerge en su mundillo de chismes, ignorancia, calamidad y muy poco interesado se muestre por lo que acontece a diario los ladrones del erario ven asegurada su continuidad en el gobierno. Por eso es tan importante la labor de los profesores, gestores comunitarios y medios de comunicación serios para configurar en el ciudadano una nueva línea de pensamiento crítica, reflexiva y con interés por el cambio. 

Interpretar la dinámica de la sociedad hondureña, por ejemplo, sería un buen comienzo. Hay que explicarle a nuestros compatriotas ideológicamente debilitados  que la democracia no es un simple proceso restringido a marcar una casilla debajo de la imagen de algún cacique político; hay que enseñarle al ciudadano de humilde condición socioeconómica que la satisfacción de sus necesidades económicas no se limita al recibimiento de una bolsita solidaria etiquetada con la imagen de algún político repudiable; hay que desvanecerle la idea de que si no va a las urnas a “elegir” a sus representantes, de antigua trayectoria política, es una persona antidemocrática que se niega a que el desarrollo del país continúe de la mano de reconocidos correligionarios.

El papel del Estado hondureño como garante del cumplimiento de sus derechos como ser humano es otro tema importante que se debe analizar.  El hondureño promedio debe saber, por ejemplo, que no vive en un Estado independiente y menos en un sistema democrático. Y aunque los señores de los afiches en los postes del tendido eléctrico, de los anuncios de radio y televisión, de esos que usan saco y corbata todos los días, digan que Honduras es un país de grandes oportunidades, el ciudadano debe saber que vive en un sistema excluyente, que le ofrece desempleo, violencia, corrupción, miseria, entre otros problemas, y que por lo tanto lo orilla y obliga a que sobreviva de mil maneras. Ah, y si en algún momento decide rebelarse contra este sistema democrático debe saber que sus ídolos políticos no dudarán para etiquetarlo como desertor del proceso de desarrollo nacional. Su búsqueda de justicia, pues, será objeto del terrorismo de Estado que se practica en el país. Enormes tanquetas de agua con gas pimienta, toletes, balas y soldados insensibles estarán a la orden del gobierno para ser desplegados en su contra.

En Honduras se necesita profundas reformas. Mientras la política exterior del Estado nacional siga siendo la voz de Washington y las medidas financieras nacionales sigan siendo las órdenes del Fondo Monetario Internacional la independencia del Estado nunca será un hecho como tampoco el desarrollo de la población. Sin embargo “Honduras está cambiando” expresan los embajadores de la mentira gubernamental. Y claro, durante la actual gestión azul ha habido cambios: aumento de la carga tributaria a la población, saqueo de fondos públicos a niveles espeluznantes, violaciones evidentes a la Constitución Nacional, profundización de la deuda externa, etcétera.      

Muy buenas intenciones podrán tener los pitufos del gobierno. No obstante, la efectividad de toda buena intención se mide en los buenos resultados; no es por lo que diga el gobierno si no por la calidad de vida que se logre para los ciudadanos.
Hondureño pensante, la reelección no es viable para usted ni para mi. Apoyar la reelección es apuñalar la democracia y el concepto de soberanía popular. Recuerde que la verdadera soberanía popular siempre va vestida de democracia; la falsa se disfraza con la tiranía.

 

J Donadín Álvarez

Escritor nacional

jdonadinalvarez @gmail.com

Martes, 01 Noviembre 2016 15:31

Economía informal

En Honduras fácil resulta tildar de ilegal ciertas actividades que no gozan del beneplácito del gobierno por honestas que las mismas sean. Aquí está prohibida la protesta social, llamar corrupto al politiquero, reprobar al estudiante con rendimiento deficiente e incluso trabajar se ha convertido en una actividad ilegal. Sí, trabajar pareciera ya que es un delito.

El trabajo es factor de desarrollo. Claro está, sólo si hay reglas claras desde el Estado para la empresa generadora del empleo. De lo contrario, la disconformidad se hará presente y los resultados no serán satisfactorios ni para el empleado ni para   el empleador. Sin embargo, ante la ausencia de un verdadero consenso tripartito entre el gobierno, la empresa privada y el trabajador ha surgido la denominada economía informal.

Esta actividad, que representa un cierto respiro económico para muchas familias, ha sido tildada de ilegal por el hecho que de acuerdo con la normativa nacional atenta contra la correcta recaudación tributaria estatal. En consecuencia, los vendedores ambulantes y los que se sitúan en las aceras de las ciudades, ya que no tienen un local adecuado para trabajar como ciudadanos responsables, son tenidos como morosos al Estado y por lo tanto son considerados como desagradables para la vista en las ciudades. Una dosis de violencia ha sido la respuesta del gobierno ante la recurrencia de los vendedores por sobrevivir en un país donde ellos se han visto como mano de obra rechazada por el sistema.

La concepción sobre la economía informal que afirma que ésta es competencia para el comercio formal no es plenamente cierta. Ningún vendedor informal se ha adherido a este tipo de economía por el simple hecho de no querer pagar impuestos. No se sabe, hasta el momento, de algún ciudadano que a costa de la economía informal haya obtenido jugosos beneficios producto de la evasión fiscal. “Sobrevivencia” es el lema de estos vendedores, nunca “abundancia”.
Toda ciudad es como la fotografía del sistema de un país. Saturación de vendedores ambulantes, niños y ancianos pidiendo limosnas junto a los semáforos, muchachos realizando acrobacias en la mitad de la calle, otros limpiando vidrios, etc.

Esto es lo que se observa a diario en las principales ciudades de Honduras. La realidad es que no se vive bien en el sector urbano y la población busca sobrevivir de mil maneras. Los sueldos de los que tienen un empleo son demasiado bajos en comparación con las necesidades familiares, hay un alto índice de desempleo puesto que los programas gubernamentales “Con Chamba Vivís Mejor” y “Mi Primer Empleo” que con tanta pomposidad anunció el gobierno han resultado una estafa publicitaria. Los pocos hondureños que se han insertado al mercado laboral este año carecen de todo bienestar social, no gozan de derechos socialmente adquiridos por la clase obrera y si se deciden a reclamar por algún incremento salarial su despido está asegurado.

Solucionar esta situación de la economía informal implica tomar en consideración la precariedad laboral de quienes participan de esta actividad y proteger la vulnerabilidad laboral en caso de proporcionarle un empleo decente al ciudadano. El gobierno debe pactar con el sector empresarial el respeto de los derechos laborales a cambio de una estabilidad jurídica en el país. ¿Será mucho pedir?

 

Por J. Donadín Álvarez (Escritor nacional)

Miércoles, 21 Septiembre 2016 09:44

Ya no hay tiempo

Categóricamente el hondureño pensante ya expresó su negativa a la propuesta de reelección proveniente de la cueva azul y de la febril imaginación de Manuel Zelaya. El pueblo de lo que menos desea saber es de quienes le han gobernado con tanta desfachatez, cinismo y saña mediante un modelo económico injusto que ha ampliado la miseria de muchos mientras ha enaltecido la opulencia de pocos. Hablar, pues de reelección es apoyar el continuismo de la miseria y seguramente de eso ya nadie quiere seguir probando. 

Sin embargo, ¿por qué hay ciertas personas que se muestran neutrales ante el acoso político y la manipulación electoral que se avecina desde el oficialismo? ¿Qué razón hay para que otros crean a pie juntillas que no importa que se venga la avalancha electoral azul en el próximo proceso electoral el “todopoderoso” señor  Manuel Zelaya puede derrotar al señor Juan Hernández en las actuales condiciones institucionales en el país?  

Amigos, no hay que caer en fanatismos estériles. En arrebatos de emotividad muchos hondureños que adversan la línea política del gobierno de turno han considerado que la reelección es indetenible  ya y que por ello lo mejor consiste en prepararse para arrebatarle el mando a la pandilla azul. Y para lograrlo, aseguran, es en “Mel Zelaya” que está encarnado el triunfo. 

El bondadoso deseo de derrocar a Juan Hernández mediante la vía electoral no debe ser canalizado hacia la figura ya endiosada de Zelaya y considerar que éste último tiene la capacidad para derrocarlo sin mayores obstáculos debido a que supuestamente cuenta con un respaldo popular masivo. Tal idea sólo facilita el camino a los azules. Detener el continuismo de los pitufos es importante pero tampoco se logrará sublimando a seudo opositores. Cualquier idea por bienintencionada que sea si se fanatiza se transforma en veneno.

No es consecuente estar de acuerdo con la reelección solicitando únicamente  una reglamentación clara del proceso de reelección si a la vez se olvida que para lograr esto primero hay que aprobar  la Ley Financiamiento, Transparencia y Fiscalización de las Campañas Políticas orientada a derogar la Ley de Secretos, a que haya rendición de cuentas del Fondo de la Tasa de Seguridad, a eliminar  la Ley de Canje Publicitario pues desde ya los nacionalistas cuentan con esa ventaja al disponer de recursos estatales, entre otras cosas.

En cuanto a las Reformas Electorales el Tribunal Supremo Electoral expresa que ya no hay tiempo. Y la Segunda Vuelta Electoral; ¿es sólo un sueño ilusorio de quienes se han bañado en las límpidas aguas de la auténtica democracia?

Si ya no hay tiempo para asegurar transparencia en el nuevo proceso electoral entonces tampoco se debe justificar ningún intento de reelección presidencial. Desde luego que no. ¡No a la reelección! 

 

 

Por J. Donadín Álvarez (escritor nacional) 

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Miércoles, 03 Agosto 2016 16:27

Seis razones para no apoyar la reelección

Cuando la imaginación y la ilusión superan el raciocinio de una persona promedio nadie duda en llamarla loca; pero cuando lo mismo padece una que ostenta mucho poder entonces abundan los que sostienen que es una eminencia viviente que percibe la naturaleza de las cosas con una perspectiva fuera de lo común. La realidad es que ambas adolecen del mismo mal: demencia.

En Honduras hay personas que exhiben cierto poder gracias a la gloria barata que los medios de comunicación les ha obsequiado, pero no por ello están exentas de presentar problemas de desequilibrio mental.  Estas personas en su atolondrada imaginación describen a Honduras como un país próspero, lleno de esperanza y aseguran que la población ha depositado toda su confianza en un gobierno azul del que ellas forman parte y, lo que es peor,  consideran que como premio a la buena administración que se ha hecho se les permitirá seguir gobernando durante muchos años más. ¿Podrá ser interpretada tan colosal mentira como un simple producto de la imaginación de unos cuantos enfermos de poder o por el contrario como una cínica propuesta, un insulto al pueblo cansado de tanta miseria que ya no desea saber nada de la tiranía azul actual? 

El hoy presidente de Honduras y sus secuaces forman parte de ese grupúsculo de personas que anhela permanecer en la administración del país. Y aunque algunos ciudadanos piensen que la reelección no estaba en la mente del señor Juan Hernández al asumir el poder se equivocan. Desde su primer día de gobierno, el líder de la tiranía azul presentaba síntomas narcisistas y en su discurso de toma de posesión el ciudadano pensante ya avizoraba lo que se venía para el país: militarismo, falsa publicidad, minimización del clamor popular y desinterés por el respeto a las leyes. Así, desde un primer momento el presidente electo –a saber por quién– comenzó a delirar grandezas para el país en materia de seguridad, transparencia, combate al narcotráfico, pobreza, salud, educación y empleo. A más de dos años de su gestión Honduras no sólo permanece estancada en los temas torales para su desarrollo sino que ha retrocedido. Basta con revisar los índices de corrupción, violencia, inequidad social, etcétera. Es evidente que la continuidad de Juan Hernández en el poder no significa nada bueno para los hondureños. Y, ¿en serio, usted estaría dispuesto a permitir que los pitufos nacionalistas continúen con la administración del país?

A continuación explicaré seis razones por las cuales considero que usted como hondureño inteligente no debe apoyar el nuevo fraude reelectoral que los cachurecos y los oportunistas de Libre quieren legitimar, a espaldas del pueblo y de la Constitución de la República. 

La reelección debilita el sistema institucional hondureño. Las leyes nacionales no permiten la reelección, y en caso de querer modificar el procedimiento legal ya establecido la petición debe surgir del pueblo, sin presión ni manipulación de los sectores interesados en promover la reelección. Y la Corte Suprema de Justicia es la menos indicada para decidir el tema. 

Con la reelección el pleno desarrollo del país no se logrará en cuatro años más. Los problemas de Honduras son sistémicos no electorales. Los proyectos de desarrollo que requiere la nación son, en su mayoría, a largo plazo. Cuatro años más para Hernández o Zelaya no significará mucho en materia de progreso  humano, social y económico. Hace falta mucho tiempo para consolidar el país. El saqueo de siglos y el empobrecimiento de los hondureños no es asunto que será solucionado en cuatro años, ni ocho. Desgraciadamente ni siquiera se ha iniciado la ruta hacia la verdadera prosperidad del país. Los que han gobernado no han hecho otra cosa más que beneficiarse del cargo desestimando las urgentes necesidades de la población.  En este sentido, aunque la reelección se aprobara por la vía legal ninguno de los expresidentes, ni el actual, están en condiciones morales aceptables para repetir un período de gobierno. 

La reelección refuerza el caudillismo y empequeñece el esfuerzo colectivo. La imagen personal de la persona reelecta crece y el pueblo puede creer erróneamente que pequeños o grandes logros durante el período de gobierno son obra del reelecto y no de un esfuerzo colectivo. Y en esta línea hasta el mismo caudillo puede llegar a confundirse  puesto que al estar rodeado de mentirosos que por obtener beneficios y privilegios lo elogien desmesuradamente  jamás le señalarán sus desaciertos. Esto creará en él la falsa idea de que todo lo que hace está bien.

La práctica reeleccionista es, además, un principio narcisista. El presidente que ignora el mandato popular y la línea constitucional al pretender aumentar sus años en el poder está claramente anteponiendo fines personales, caudillescos, su deseo de figurar, etcétera, sacrificando el deseo y voluntad colectiva. Los dos personajes que ya se matricularon con la reelección no merecen ser reelectos. Es más, ninguno de los presidentes anteriores a ellos. 

La reelección de Juan Hernández y Manuel Zelaya limita el paso a nuevos actores a la palestra política. Por bueno que parezca un gobernante, habrá otros más con capacidades quizá mejor desarrolladas para continuar la obra del desarrollo nacional. La juventud pensante, líderes importantes, ideas frescas, etcétera, todo esto se pierde pues al dejar a los mismos en el poder no hay un relevo generacional. 

El deseo de reelección de Juan Hernández ha canalizado gran parte de su trabajo como presidente hacia la falsa propaganda mediática. El actual mandatario ha “trabajado”, poco en beneficio de la ciudadanía. Ha dedicado sí importantes recursos económicos a una campaña mediática  orientada a aplastar a sus opositores políticos y a elevar su perfil. Dinero que debió ser invertido en obras sociales  acabó en la bolsa de los dueños de las corporaciones de medios de comunicación. 

La reelección fomenta la ya alarmante corrupción de los cachurecos. Si una persona tiene toda la institucionalidad del país en sus manos, como en el caso de Juan Hernández, continuar en el poder le permite disponer antojadizamente de los recursos económicos sin temor a que un partido político opositor le compruebe falta de transparencia en el manejo de las finanzas públicas. 

En conclusión, Honduras atraviesa por una crisis institucional sin precedentes. La cachurecada con un gobierno altamente corrupto e ineficiente se prepara con  todo para la reelección y otro partido democráticamente desnutrido como Libre se ha prestado para seguirles el juego.  

Amigo lector: ¿Le conviene a usted la reelección?  

 

 

J Donadin Álvarez

Escritor hondureño

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Jueves, 14 Julio 2016 13:40

El salvador de Honduras

Todos los hondureños anhelamos fehacientemente un cambio verdadero que encumbre la calidad de vida de cada ciudadano que habita este terruño centroamericano.  Sin embargo, vamos por el camino equivocado. Hasta el momento no ha aparecido ningún mesías, ningún salvador o algo parecido, que nos saque de las honduras en las cuales nos estamos ahogando.  

Desde una perspectiva sociopolítica, los escenarios que se presentan para el país son sólo dos y al menos si no aparece una nueva propuesta de cambio que dibuje nuestras esperanzas en un escenario diferente al que propone el oficialismo con sed de reelección y el que plantea “el partido de la refundación” los hondureños proseguiremos hacia el inminente colapso en todos los sentidos.

La primera “propuesta de cambio” es la presentada por los célebres estadistas del Partido Nacional, que no implica otra cosa más que miseria, violencia, corrupción e impunidad. Después de dos períodos consecutivos de gobierno azul el país ha entrado en un innegable proceso de pauperización y la tendencia hacia una mayor calamidad continúa. Mientras el “señor presidente constitucional, abogado Juan Orlando Hernandez” así llamado por sus aduladores, continúe al frente de la nación la corrupción no dará tregua y por consiguiente es de esperarse mayores desgracias a nivel individual en la ciudadanía. Para solucionar el desastre que el propio partido de gobierno ha generado, su máximo cacique propone ser reelecto. (¡Asombroso! ¡Qué genio!) De manera tal que la “propuesta de cambio” de la pandilla azul consistente en la reelección del señor Juan Hernández no representa mejoría  alguna para el pueblo hondureño.

La segunda “propuesta de cambio” y quizá la más lamentable por el barniz con que se la ha presentado a la ciudadanía es la del Partido Libertad y Refundación (LIBRE). Tristemente es la copia al carbón de la que presenta el partido de los saqueadores azules: Reelección. A pesar de que LIBRE continúa con la monótona  arenga antisistémica su política huérfana y estéril carece de visos de hacer nada por el bienestar de Honduras. Y no es porque precisamente –como lo argumentan algunos oportunistas que manipulan el partido- no haya espacios de decisión y acción dada la manipulación total de la institucionalidad hondureña por parte del cachurequismo. Sin embargo, sí ha habido esos espacios que debieron convertirse en oportunidades para que el partido sobresaliera, pero lastimosamente no fueron aprovechados. Por el contrario, pareciera que lo que el partido buscaba hacer no era oposición sino buscar una posición. Y ya lo está logrando. De hecho, su accionar en los últimos meses ha estado acoplada en el engranaje reeleccionista de los pitufos de gobierno. 

La oportunidad para escribir una nueva historia de Honduras LIBRE la tuvo en su poder. El mismo Partido Nacional consciente o inconscientemente se la entregó en bandeja de plata al promover la reelección (acción que sin duda el pueblo hondureño repudia) y dejar a LIBRE exento de toda responsabilidad por el evidente delito de traición a la patria en la que incurrió el primero. LIBRE sólo debía condenar el hecho y negarse a coquetear con la reelección promovida por la pandilla azul. Así ganaría puntos entre la ciudadanía. ¡Pero no! Se decidió justo lo que no debía hacerse. El  ya popularmente desgastado Manuel Zelaya accedió con una asombrosa dosis de cinismo a la propuesta del usurpador de la Casa Presidencial y con un discurso de hacerle la guerra a su “archienemigo” declaró expresamente su ansia de poder y anhelo de irse a la contienda electoral. 

Entonces; Zelaya a elecciones. La pregunta del millón es la siguiente: ¿Podrá, en efecto, ganarle la partida a Juan Hernández? Hay que ser muy ingenuo para considerar que el derrocado Zelaya, a quien ya ni en la conmemoración del golpe de Estado se le apoya como antes debido a la pérdida de su credibilidad, podrá ganar en las próximas elecciones. No se debe olvidar que se le permitió a don Juan Hernández un poder casi absoluto para controlar la institucionalidad hondureña y aunque no es cierto que durará cincuenta años en el sillón presidencial, tal como le gustaría estar, tampoco es verdad que perderá durante estos dos años siguientes la devoción y el servilismo que sus más allegados le profesan y que por lo tanto su colaboración está asegurada para que en la nueva contienda electoral el señor de la sonrisita traviesa se alce una vez más con la silla presidencial, obviamente con mecanismos fraudulentos. ¿Comprenderá Zelaya todo esto? ¿Sabrá que sus posibilidades de ganar son reducidas aunque en popularidad sobrepase al actual titular del Ejecutivo? Si lo sabe, ¿por qué parece ignorarlo? ¿Qué pretende al arriesgarse tanto a perder no sólo la silla presidencial sino su prestigio, su credibilidad y asimismo el respaldo popular que ha obtenido como víctima del golpe de Estado? ¿Qué pasará con las masas que defienden a ultranza a su líder? ¿Seguirán esperando -quién sabe por cuánto tiempo- que su mesías las salve de la miseria? (Ojalá se busquen uno nuevo).

Y, ¿qué pasaría si el cacique de LIBRE decidiera no participar en las elecciones siguientes? Igualmente Juan Hernández ganaría y obtendría mayor poder. En ese plano, el perfil de Zelaya como personaje histórico comenzaría a opacarse y dentro de pocos años ya no tendría muchos seguidores. Esto lo orillaría de manera desmedida de la arena política. Así pues, antes de que esto ocurra su último recurso consiste en participar como candidato a la presidencia en las siguientes elecciones consciente de que es casi seguro que las perderá. Perder las elecciones posiblemente sea lo de menos importancia para Zelaya puesto que lo que no quiere perder es el perfil como abanderado de las causas populares. Así, aunque Zelaya pierda seguirá siendo considerado por muchos incautos como hombre de revolución y éste será absuelto de toda responsabilidad por el colapso que sobrevendrá producto de la inhumana aplicación que del Neoliberalismo hará el reelecto Juan Hernández. Y, ¿quién sabe? Quizá Zelaya  hasta llegue a negociar algún alto cargo público en la siguiente administración azul con el pretexto de intentar cumplir su papel como mesías de los hondureños. Pero; ¿puede revolverse el agua con el aceite? ¿Juan Orlando es de derecha y Zelaya es de izquierda? A esas alturas políticas ambos son la misma mi….

Escenario  demasiado ficticio podrá pensar usted. Tiene su cuota de razón. Ahora piense lo siguiente, especialmente si es asiduo seguidor de Zelaya: ¿Imaginó usted alguna vez a Juan Orlando y a Mel Zelaya juntos negociando la reelección? ¿Creyó usted que Zelaya sería capaz de abandonar a un hombre que tanto respaldo mediático le ha dado como David Romero Ellner? ¿Supuso usted que Zelaya se negaría a darle espacio a otra persona que no fuera su esposa para que aspirara a la presidencia de la republica desde el partido LIBRE, un partido supuestamente amplio en democracia? ¿Cree que quizá en el futuro Zelaya pueda negociar algún alto cargo para no desaparecer de la arena política? Recuerde que aunque usted lo quiera divinizar a fin de cuentas es un político más.

No hay, pues, una verdadera propuesta dirigida al desarrollo del ciudadano. Los liberales están sepultados y nada proponen -ni siquiera precandidato presidencial-, los nacionalistas en su desprestigio proponen reelección, los de LIBRE están engañados entre ellos mismos… ¿Tendremos en el Partido Anticorrupción al verdadero Salvador de Honduras?

 

 

 

J Donadin Álvarez

Escritor hondureño

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