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Radio Progreso
Melissa Cardoza

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña.

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Martes, 19 Septiembre 2017 14:09

Desalojos a granel

Para mari y julio 

La luna luce hermosa paseándose sobre el cielo de Tegucigalpa, que pese a los azules policías que intervienen la mirada al cruzar la calle frente al CORE 7, no se opaca. Es la luna de este septiembre en el que las autoridades policiales, judiciales y rectorales salieron a inaugurar el mes de la patria con lacrimógenas.

Ojalá que las cipotas que esta noche duermen en una celda, la que primero limpiaron con detergente y olores florales, pudieran ver esta luna, dedicarse a una vida más dulce y divertida, enamorarse, sufrir de amores, volver a enamorarse, bailar, crear y caminar sobre esta tierra de ellas sin persecuciones, sin temores.

Pero ésta es Honduras, señoras y señores, Honduras, donde los ríos y bosques se destazan y se venden libreadas al mejor postor por quienes se enriquecen abriendo y cerrando el destazadero, donde ser ladrón para el pragmatismo común es ser vivo, humillarse es un acto de inteligencia, hacer política es un comercio como vender ropa usada y luchar es vagancia como gritan los obispos de la mentira en la tv.

Aquí, Honduras, donde en medio de la más grande pobreza y la más asquerosa riqueza, jóvenes necias luchan y sueñan sin lamentos.

Habrá acaso lugar del mundo más increíble, una abre la llave y no sale agua, paga energía eléctrica y está cortada, paga impuestos altísimos a cambio de nada, mafias y narcos gobiernan con desenfado y fanfarrias, una trata de criar niñas y las persiguen con gas y leyes, y ellas nos vienen a enseñar que dentro de una bartolina se pueden inventar canciones.

Aquí, en medio de la ignominia, donde la dictadura ofrece gas y policías, en una celda recién limpia por sus manos, que nunca limpian sus propias habitaciones, duermen cuatro hermosas guardianas de nuestras esperanzas y afuera sus hermanas y madres las esperan, llenas de miedo y luz, recordando que hace nada empezaron a balbucear y ahora dicen palabras enormes como justicia, libertad, solidaridad; ellas que apenas empezaron a dar pasitos con el miedo de las madres a los golpecitos que son nada ante lo que ahora enfrentan.

Que se acerquen los familiares dicen las abogadas, y todas las muchachas y muchachos se acercan diciendo que ahí todos son familia.

Acaso necesitamos más que decir, habrá más que podamos proponer frente al despliegue de brutalidad de uniformados contra estudiantes y defensoras de derechos humanos, o será que están esperando que nuestra rabia impaciente les permita estrenar sus armas nuevecitas.

Nos preguntamos qué hacer frente al insoportable rumor de la represión y la muerte que crece con los días, la sonrisa malvada del dictador ante su inminente fraude, los rostros de odio del círculo de ignominia que rodea a políticos, a la rectora, a uniformados, y en una celda cuatro jóvenes duermen a pierna suelta, acostumbradas a más que eso, juntándose en la desgracia, llenas de dignidad y razón histórica.

Afuera de la bartolina estudiantil, los jueces, fiscales y otros malos bichos fraguan sus destinos inmediatos, pero eso ya lo saben. Saben que vendrán las medidas sustitutivas, las expulsiones y acaso la cárcel, eso ya se sabe, la fórmula está probándose para que el resto veamos los ejemplos y sepamos bien, por si alguna se hace la loca y piensa que se puede desmontar la casa del amo con las herramientas del amo.

Los ejemplos son ellas, que han venido afilando sus prácticas, son pensadoras, debaten en asambleas, actúan, son necias y vitales, saben de hacer comunidad y de hablar en primera persona, no se doblegan, como no lo hacen las mujeres en los territorios en disputa a empresas, maridos agresores y alcaldes. Ahí está la lección, los modos, los caminos. Saben que el estado no cuida, que persigue; y se cuidan entre sí. No confunden la harina con el afrecho, dice la canción. Saben que hoy en esta tierra la democracia es un calculado negocio de patrones, seres trepadores, algún ingenuo extraviado, y bastantes patronas que rematan vidas, ríos, azules pinos.

Frente a ellas en la noche lunar, jóvenes vestidos de azul, hombres y mujeres, les vigilan, ajustan sus gases pimienta y toletes, controlan sus llamadas y sus piernas. La policía que en el último mes se ha ganado su salario a punta de desalojos y gases, en el norte, centro y occidente de este país en llamas, en medio de huracanes, van llenando las calles de Tegus, cerquita de la autónoma con aumentada presencia de patrullas en los que se lee: Servir y Proteger. El terrible sentido del humor del tirano. Ay esta es Honduras, llena de gente burlista por demás a quien el lema policial no nos provoca risa, sólo nos inflama la indignación.

Y las jóvenes presas, bueno… son la sal de nuestras tortillas.

Melissa Cardoza.

Martes, 01 Agosto 2017 13:31

Melo y la práctica de dialogar

Si una viviera en otro país, que no éste, donde la sangre se estanca en las memorias de todas las familias, los torturadores dan cátedras de seguridad y la paja se hace liderazgo a la derecha o a la izquierda con una facilidad pasmosa; una tendría que sentarse a reír a carcajadas cuando alguien afirma que Melo promueve la anarquía, el desorden, el conflicto. Pero una vive en este país, que ha dejado de reír y casi solo llora y maldice, de donde dan ganas de irse a la mierda o matarse; y entiende que si alguien dice lo que dice no lo hace desde la inocencia ni por un arrebato de rabia, sino para señalar y acusar, para poner a este hombre en la mirilla de quiénes tienen el gatillo fácil y la misma facilidad para infligir dolor y miedo.

No sólo dijo eso en sus desafortunadas declaraciones, Julieta Castellanos, además afirma que tienen los números de las placas de carros que han estado en apoyo al movimiento, sabe lo que comen, y a qué hora, es decir maneja un lenguaje más cercano a la inteligencia militar que a una decente señora académica, aún rectora, pero, en fin, las pasiones ocultas terminan por aparecer cuando menos se espera.

Pero, volviendo a Melo debo decir que en estos múltiples apoyos a su persona y a su equipo, dichos en expresiones, rezos, abrazos, llamadas quiero unir el mío. Fui invitada a escribir una columna en la plataforma de Radio Progreso, invitación en la que Melo estuvo involucrado, y respondí como acostumbro, a la defensiva, dije que era feminista radical y que a la menor censura de cualquiera de mis argumentos lésbicos, a favor del aborto, por la autonomía plena de las mujeres, contra la heteronormatividad o estas cosas que tanto incomodan a la institución eclesial (y al resto de instituciones) me iba al carajo. Nunca ha pasado tal cosa, he discutido con Melo algunas veces, menos de las que quisiera, temas difíciles, escabrosos, y sin llegar a acuerdos, o más bien en franco desacuerdo debo decir que me ha sido pedagógica la sensación de disentir con un hombre por demás sacerdote, fórmula que poco se acerca a mis planteamientos y cotidianos. Y me parece que lo aprendido tiene que ver con eso de tratar de entender algo de la otra posición, y saber que el otro también hará un intento similar, un honesto intento.

Dialogar, hacer consensos, escuchar, no son prácticas políticas por ningún lado en este país, yo debo reconocer que poco las practico, también. Acá rige la zancadilla, el chisme, el cálculo, las incondicionalidades lejanas al pensamiento crítico, las sectas, la amenaza expresa o mal disimulada y más etcéteras. No es raro, vivimos a la orilla del abismo de la muerte, en la precariedad del horror y el pragmatismo más aberrante y todo nos toca de un modo tan brutal que así respondemos, vivimos como desolladas, tanto que hasta un desacuerdo con alguien a quien queremos parece horadarnos la vida, y formarnos en la fila de las infieles.

Aún con todo esta cultura que nos ha deformado, yo he puesto en la columna de la colectividad de la Progreso, de su equipo de reflexión, mis ideas y sentimientos sin ningún tapujo, con la certeza de que si no son compartidos al menos son respetados, por eso me siento parte de su colectividad, en el lado quienes creemos en diosas diferentes.

Ese respeto al disenso está lejano a las costumbres de Julieta Castellanos que no ha logrado ni con todo su flamante staff de pensadores y pensadoras ex progres, encontrar al menos una mínima decencia en su salida de la universidad. Ella, como bien se ve no sabe quién es Melo, o sí lo sabe, y por eso dice lo que dice, todo eso hay que pensar en este ambiente de cadalso que tanto le gusta a los poderes como el de ella, y que va creciendo cuanto más se asoma noviembre.

Yo sé quién es Melo, lo suficiente para escribir estas palabras, conozco su evangelio del dios de la vida, su pasión por América libre, su voz cortada en llanto anunciando el asesinato de Berta, lo he visto en movilizaciones, en micrófonos, en actos de múltiples tipos, lo escucho tartamudear cuando llama a la negociación, a buscar puntos en común, a la comunidad de la esperanza. Lo respeto por esa escasa virtud de tener un solo fondo, de decir lo que piensa, y estar donde dice que quiere y pertenece, pese a que esos sitios no me sean afines. Conozco su compromiso con gente diversa y la manera en que se pasa por el cuerpo tantos dolores que de seguro por eso ahora le duele el suyo.

A Melo sobra quien lo proteja y defienda, tanto como quien lo quiera ver muerto o preso, grupo a quien se une la voz de Julieta Castellanos para pavimentar las avenidas del crimen en un contexto de criminales. A Melo no sólo lo protege su institución antigua y colonial, sino ese gentillal de gente con quien reza sus buenos días le dé dios, y quienes lo acompañan en sus caminos apostólicos y reflexivos.

Entiendo que su vida está en manos de una fuerza más poderosa que los casquillos llenos o vacíos de quienes apuntan a la cabeza de estudiantes rebeldes, su fuerza está en la inquebrantable fe en la palabra y en la confianza que la justicia es alcanzable intentando que no se vaya la vida del pueblo hondureño, siempre sacrificado, en ello. De esos propósitos y prácticas poco queda en este rústico país donde la burla, el suicidio y el recelo triunfan casi a diario sobre la belleza, y Melo está absolutamente enamorado de esa belleza que llamamos vida, digna vida. Eso sí que lo sé bien. De ahí mis palabras afiladas, paganas y amorosas para él y para quienes le custodiamos.

Martes, 20 Junio 2017 13:28

Summa Cum Laude para Marta Silva

Al intentar pronunciar correctamente esta expresión y sobre todo al descifrarla resulta que no estamos hablando de una mención honorífica, sino de una categoría en el excelso mundo de la academia que en su traducción significa: grandes alabanzas, o grandes honores y se refiere a excelencia, precisamente, en resultados académicos. Conceptos que estas instituciones educativas crean para quien sabe cuánta cosa. Una quisiera pensar que las reconocidas recibirán becas, trabajos, estímulos merecidos.

Dicho reconocimiento fue obtenido por nuestra compañera Marta Silva, historiadora recién graduada, hija de Marta a quien conocemos harto por su inclaudicable lucha popular. Como la madre, como su hermana Valentina, como sus compañeras de movimiento estudiantil, Marta es rebelde, organizada y actuante con sus ideas. Y al mismo tiempo, pese a las opiniones de las autoridades, que como quien echa sal a una babosa se retuercen de pura mala leche, Marta con otras de las vilipendiadas líderes estudiantiles no son las vagas, vándalas, haraganas, usurpadoras, acarreadas de otros, como insisten en sus también retorcidos medios de comunicación.

A Marta Silva se le negó esta distinción pública, expresando en este acto la increíble capacidad de venganza y saña con la que las repugnantes autoridades universitarias usan de manera desesperada su poder ante la espléndida y probada, según sus propios cánones, inteligencia calificada de una mujer como Marta. Quiénes son entonces las resentidas, quiénes resultan más notorias por su pequeñez y mediocridad.

Sin duda el discurso de la presidencia de la rectoría argumentará problemas disciplinarios, desobediencia, insolencia y esas deben ser sólo algunas de las hermosas características de nuestra compita Marta, a la cual podríamos agregar muchas más. Para encarrilar estos comportamientos intolerables, además de los gases lacrimógenos, los comandos cobras, la cárcel, los juicios y las agresiones variadas, agregan la negación de su bien ganado reconocimiento estudiantil. La rectoría debería escribir manuales para resolver conflictos y dar cátedra en los batallones, seguro tendrían mucho éxito y no faltará quien se los financie.

No sé cuánto le importa a Marta este reconocimiento, y no es por entrar en sus balanzas meritocráticas, pero se lo ganó y se lo deben, ¡Entonces no jodan, y dénselo ¡ Sin duda no será la licenciada Castellanos quien lo haga. Y al no hacerlo, un gran favor le hace y nos hace a todas, mostrar una vez más lo que piensa, y a quiénes le otorgan y niegan honores en esa universidad que es esta sociedad.

El imparable movimiento estudiantil marca rutas claras, poderosas, festivas, insumisas: no negocia por dinero o estatus, no se vende, no se entrega, no abandona a sus compas, no se echa para atrás y crece con la represión en vez de llorar o esconderse, ahora no sólo avanza por reformas y participación estudiantil sino por la expulsión de la rectora, que se tambalea. El movimiento continúa con fuerza, no pide clemencia. Buena escuela para los tiempos que corren y los dictadores que miran.

Desde esta columna le hacemos honores a la historiadora Marta Silva, y su movimiento, no sólo por su esfuerzo de estudiante, no sólo porque otra historia va a contar cuando lo haga, sino por la historia que protagoniza con sus contemporáneas.

Desde aquí, esperanzadas, deseamos que por ella y nosotras su espíritu rebelde no sea cooptado por las burocracias estatales, oenegeras, cooperantes internacionales o académicas que tienen el elixir de la putrefacción asalariada. Que no se convierta en personajes como los que hoy le persiguen y un día fueron líderes hasta honrosos, que su excelencia sobre los libros y la práctica política se fortalezca y nos continúe enseñando cómo nos toca en este tiempo, y no nos dé tregua para hacer como que no entendimos, que no supimos o que nos confundimos en el andar.

Gracias, Marta.

Gracias estudiantado universitario en lucha.

Melissa Cardoza, junio 2017, a ocho años del golpe de Estado.

Viernes, 28 Abril 2017 08:43

Comienza mayo

Esos animales mansos hasta no poder, con sus ojos bobos que miran quien sabe hacia donde. Mascando siempre para llenar sus múltiples estómagos, para poder producir  litros de leche para su prole, para la gente que nos comemos el queso y todo lo demás. Las vacas, animales enormes, tristes, simples productoras para otros hasta que un día son asesinadas para que también las comamos. Una vida de sacrificio, pues, la vida de las vacas, la infortunada vida de las vacas.

En un programa de televisión, la diputada Audelia Rodríguez, en sus propias palabras explicó con gran despliegue de erudición cómo las mujeres, igualmente que las vacas tal como ella manifestó,  necesitamos que personas cultas, humanistas, preparadas como ella y sus compañeros diputados nos controlen, por nuestro propio bien y el de la armoniosa sociedad hondureña en la que vivimos. 

Solo que en vez de una tranca nos ponen leyes, abogados, maridos, cárceles y sobre todo muchos embarazos no deseados. No voy a referirme al pastor porque  de su misma boca salió que no tiene pensamiento propio, por lo tanto no hay ahí dentro de su ser con quien discutir, aunque lo inviten a muchos programas de televisión. Y no voy a referirme más al discurso de esa diputada,  pues sus palabras muestran con claridad sobre lo que piensa de la ciudadanía femenina.

Voy a referirme a la valentía de las mujeres feministas de Honduras que se han dado la tarea de echar adelante un debate urgente, necesario e ineludible, el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su vida. 

Valientes son las que van a la televisión para sentarse frente a personas que van a usar razones mágicas, religiosas, unas violentas y otras casi de chiste, si no fuera tan serio el tema, pero que tienen el respaldo de una parte de la sociedad que se sostiene en el poder por esas mismas razones. 

Valientes las que se paran en la calle y se enfrentan a los grupos de jóvenes que son enviados por sus partidos y sus iglesias a decir consignas con las que se les enseñó a vivir, pero que seguro,  al menos a las mujeres jóvenes,  pronto se les acabará con su propia experiencia corporal. 

Valientes quienes en medio de tan espantosa cultura autoritaria, militar, patriarcal siembran sus argumentos bien construidos, poderosos para decir que no queremos que más mujeres mueran por abortar en la clandestinidad, que no queremos que mas médicos se hagan ricos con el miedo, que no queremos que hombres que no tienen ni el deseo ni la voluntad de cuidar seres humanos decidan lo que nosotras tenemos que hacer.

El debate del aborto en Honduras da mucha esperanza, porque expresa que aun en medio de la barbarie patriarcal neoliberal, las ideas no mueren, si hay feministas que no callan. 

No es poca cosa lo que hacen teniendo en cuenta que en ese país se vive en un ambiente represivo para los discursos que desafíen el orden de los hombres y las iglesias, que en ambos casos, mucho dicen, pero nada tienen que hacer, y entiendan bien de una vez,  en cuanto a los cuerpos de las mujeres autónomas se refiere. 

Salud a las compañeras en este mayo que comienza.

 

Melissa Cardoza, mayo 2017

 

Martes, 28 Febrero 2017 11:25

Febrero

Febrero es así. Tiene esa belleza asoleada que produce árboles con enormes manojos de flores amarillas, rojas, rosadas. Se doran los marañones a la luz y una piensa si solo miro la belleza, si me detengo solo a mirar el color y el reflejo del sol, es posible que  pueda seguir viviendo y viviendo bien.

Pero febrero es duro, y el año pasado apenas, organizábamos un foro con Berta y ella siempre riendo por alguna cosa y preocupada por todo decía: No, compas, es que este país ya no, ya no, es increíble lo que pueden hacer estos cabrones golpistas. Y eso que no alcanzó a mirar lo que ahora miramos de estos cabrones golpistas y la enorme capacidad de destrucción que despliegan a su paso. 

Para entonces su  expresión:  Me van a matar, miren que se los digo desde ahorita, nos daba escalofríos y esa  sensación que no alcanzaron a nombrar las palabras de que era posible, pero queríamos que no se atrevieran,  pensamos que no lo harían, hacíamos lo que podíamos para que eso no  pasara,  y ella lo seguía anunciando. Sabía entonces que las empresas no perdonan a nadie que les eche a perder un negocio lucrativo, mucho menos  a un pueblo de indígenas escasos de riqueza y llenos de rebeldía,  que de remate  era liderado por una mujer,  una mujer indígena. 

No nos perdonan, eso no lo van a perdonar, compas, decía, cuando iba creciendo el acecho judicial, la persecución,  el deterioro de su nombre en las redes, en los medios de comunicación,  en su entorno, en las comunidades.  Puta, la llamaban, perra, asesina,  corrupta, traficante de armas, bruja, mala madre. La llamaron con todas las voces que decían desde el fondo de los siglos: ¡A la hoguera, quémenla, quémenla, quemen a la bruja!

Así fue. La mataron como lo anunció, como lo denunció, como lo dijo,  repetidas veces, tantas como no se pudo evitar. ¡Qué sabe el asesino de palabras!  Nombró Berta a los criminales y los cómplices porque fueron muchos.  Febrero fue el preludio de su muerte anunciada y de esta desolación colectiva que no nos abandona del todo, pese a la fuerza que sacamos de su pelo revuelto y su revuelto pensamiento vivo.  

Hoy vuelven las flores, el sol, la belleza que cada vez cuesta más mirar a los ojos, porque duele entre la muerte tan repetitiva y porque aunque rechazamos dejar de ser así de humanas, se nos escatima  la risa y el gusto simple de estar vivas.   

Seguimos sin ella y recordando sus palabras, este país ya no, nos van a joder, ya van a ver. Ahora nos avisan oficialmente que tenemos, como ella, la muerte anunciada. Nos están explicando cómo podemos terminar fácilmente presas o asesinados con la legalidad de su democracia  dictatorial que frente al mundo no provoca la indignación que se esperaría.  Nos cuentan que uniformados y asalariados del régimen van a poder señalar a cualquier inconforme como terrorista, que tendrán permiso para matarnos y para ilustrar la sabiduría de sus reformas penales, ponen de ejemplo a las y  los estudiantes, porque son el próximo tiro al blanco. Anuncian sus muertes, sus celdas.  

A esta altura, sabemos tal como lo supo Berta,  con certeza,  que vienen tras otras y otros, y seguro serán quienes no tienen como costumbre la negociación política  y la trampa. Ojalá podamos reaccionar con más astucia y no nos entreguemos fácilmente como esperan,  ojalá nos cobije su  valentía y alegría pura de saberse viviendo cada minuto del tiempo con  esa capacidad de disfrute- “Mejor comamos ahora, no vaya a ser nos maten estos cabrones” Y lo que parecía chiste nos divertía, en ese entonces. 

El escenario está puesto, con todas sus luces, nada queda en la sombra más que los sicarios y sus tiempos de alquiler. Aunque las actuaciones que ahora legalizan, son las que han ocurrido de facto, es necesario que los discursos y haceres vuelvan a pensarse,  y que lo más juntas y juntos posibles nos pongamos de pie con claridad no sobre lo que nos mandan a hacer ellos,  sino  lo que queremos  con estos días  arduos que nos toca vivir y que pese a lo difícil de tal acto, los vivamos bien, con la belleza de Berta de la mano.  

 

 

Melissa Cardoza, febrero 2017

 

Viernes, 27 Enero 2017 13:20

Feministas

Para Stefanny O. Tomé, la joven feminista capitalina

Le pese a quién le pese, le duela a quién le duela, acá seguimos las feministas hondureñas. Enero nos recuerda la memoria de la fuerza, las fragilidades, las enormes y dolorosas ausencias, la energía de este movimiento que hace plantones, presenta libros, entrega premios, habla en la radio, relata informes, denuncias. Movimiento que baila, siente y reflexiona. Imparable, inclaudicable, valiente y emotivo en muchos lados del país de modos distintos. 

No importa lo que se diga tras las bambalinas de otros poderes, sean mucho o poco  eréctiles. No importa cuánto nos desacrediten acusándonos, como lo hacen los asustados, de enemigas, infiltradas, agentes de la cia, histéricas, desviadas de sus proyectos políticos cada vez menos creíbles. Da lo mismo si nos echan a sus chepos, sus abogados, y sus gánster armados. Machos todos, a la izquierda y a la derecha del poder. Nos da igual porque seguimos en el terco avance de procesos organizativos, pensantes, actuantes, y aunque a ratos con pocas certezas,  no hemos de parar el ensayo y sus lecciones. Y si no somos nosotras, serán otras. Muchas otras. 

Feministas son las que dicen alto los nombres ante las opresiones, y por ello se les señala y persigue;  pero también las que no lo hacen así y han estado forjando los días  más dignos para las mujeres con alimentos, abortos, abrigos, refugio. Tienen rostro de doñas de pueblo, de señoras beatas, de vendedoras ambulantes, obreras de la maquila, profesoras, periodistas, conversadoras, curanderas, vecinas solidarias. Montones de mujeres feministas “clandestinas” que todavía no se dicen tal, pero nos han sostenido la respiración, la rabia, el conocimiento y de ahí que son parte de un movimiento nombrado para convocar a la necesaria transformación de las vidas. 

El año 2016 nos dejó malheridas, llenas de lágrimas, atragantadas de ira. Nos arrebató el año pasado a compañeras invaluables, absolutamente vitales para nosotras, y acá seguimos, aún nos queda el duelo, el enojo, la impotencia  y sus secuelas. Hay discusiones pendientes, muchas rutas para el hacer, más aún en tiempos electorales en que terminamos más divididas, pero se siente por todas partes una energía urgente para volver a un pacto en los móviles comunes de las luchas diferentes. 

Expresadas las diferencias, necesitamos enfrentar y repensar cómo voltearle la vuelta a los poderes, no necesariamente en su agenda o no sólo en ella. Necesitamos hablar para pelear, sin tregua,  contra los criminales, en vez que contar sus muertas y desgracias.  Quizá son los años, me digo, pero será que ya no necesito tanto sentir que tengo la razón, la única razón de la política feminista que por supuesto es la mía,  sino que preciso en esta hora pertenecer a alguna suerte de comunidad de mujeres para sostenerme con vida, una gran comunidad que mire por encima de los dictadores, sobre el horror de la muerte anunciada y confíe en la esperada justicia. 

Feministas, sí, a mucha y gozosa honra. No importa si entre nosotras nos arañamos el nombre y los actos, nada de eso nos va a matar, no son balas ni machetes las que nos recetamos como lo hacen ellos contra nosotras. 

Bienvenidas las feministas todas, donde quiera que estén, si son de ahora, de antes, de siempre. Las fundadoras, las herederas, las sin generación, las solitarias, las “arrimadas”, las ancestras,  las dudosas, las que se arrepienten, las jovencitas que nos llenan de orgullo con sus palabras.  

Son muchas décadas, nos necesitamos expresadas, distintas, conflictuadas, arrechas, creativas, pero nos necesitamos de vez en cuando juntas, siempre vivas, sentipensantes y activas. 

¡¡Larga vida al feminismo de Honduras!!

 

enero 2017

 

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