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Radio Progreso

Una alianza por el país, no por el poder

Jun 01, 2017

Ya las cartas han sido tiradas y la esperanza del pueblo se cifra en esa relación que - confiamos – sea capaz de reconstruir la patria y volverla la que necesitamos y merecemos. La alianza constituye – a mi juicio – la última intentona “democrática” posible por derrocar la dictadura de Juan Orlando Hernández y las viejas hegemonías de poder económico, político, machista y transnacional que se mantiene en Honduras. Sin embargo no es una tarea fácil y abrupta. Demanda mucho esfuerzo, complementariedades y sobre todo un proceso de planificación exhaustivo y bien definido para que los cambios esperados sean posibles.

La  primera prueba de fuego de la alianza que era lograr ese acuerdo de unidad ya se superó, hay alianza. Y eso lo confirma el hecho de que los medios de comunicación oficialistas, los call center y las redes virtuales de la derecha extrema – nacionalista – se activaron para despotricar contra esa alianza. Ahora nos vienen dos tareas inmediatas e insustituibles: lograr esa alianza en las bases, entre los movimientos políticos implicados y conseguir que la gente – cuando toque – vaya masivamente a las urnas. No es que después de eso la dictadura esté vencida pero, al menos la fuerza mediática y corrupta que la sostiene tendrá más dificultades para propagar su mentira. De manera que ser de la alianza nos asume en una nueva tarea, en una nueva dimensión interpretativa del futuro del país y, por supuesto, en una nueva forma de participación política. Yo desde luego, abusivo como siempre, dejo algunos puntos por acá para la reflexión con unos y los insultos de los otros.

A - Xiomara, la mujer, la política, la líder

De ella no tengo más referencias que las obtenidas en el fatídico golpe de estado del 2009. Aquella mujer que se fue con el pueblo en la búsqueda del retorno del que fuera presidente, a la espera del esposo, la que se hizo compañera del pueblo por la patria y escribió historias de dolor en su cuerpo en la defensa de la democracia. Y después las ha tenido del ambiente político electoral en donde ella, para mi gusto, es de las personas de ese mundo que más madurez a demostrado.

Ella debe saber que mi posición es que la candidata debió ser ella y no por que Salvador Nasralla sea menos, sino por que es la mujer, por que es sobradamente capaz, por que es humanamente explicable y por que ha sido políticamente  coherente. Debió ser ella por que es el momento de las mujeres, por que tenemos que romper con este modelo machista y patriarcal, por que debemos replantear el concepto actual de sociedad que no reconoce la capacidad femenina de gobernar y gestionar las relaciones sociales.

Sin embargo tiene un viva Xiomara de mi parte, un reconocimiento fuerte y genuino a su decisión política, al valor de renunciar a una posible cuota de poder por su pueblo, a la hidalguía de someterse a la voluntad del pueblo y de acompañar esa voluntad del pueblo. Es en su carácter y claridad política en donde mejor se fragua la esperanza de cambio del pueblo y desde su liderazgo y con la complicidad de nuestro candidato a presidente en donde se afianza la  esperanza de cambio para este pueblo golpeado por la corrupción y nepotismo que salpica a Juan Orlando y su grupo de seguidores.

B – Una agenda de país por asumir

La alianza se tiene que asumir en el discurso y en la práctica. En el discurso desde ahora, en el proceso de campaña y en los espacios que sean necesarios para compartir la idea liberadora desde la que se asume. En la práctica en los espacios del pueblo, haciéndose pueblo, asumiéndose en el pueblo. Es importante entonces que el discurso se desenfoque del trillado discurso de la toma del poder. La real importancia esta en poner foco en las demandas del pueblo que el poder actual no quiere escuchar. No necesitamos que gobierne  la alianza sino el pueblo a través de esa alianza. Y ese pueblo ya dictó sus principales demandas.

Hoy más que nunca se hace necesario que la alianza se asuma en la tarea de la recuperación de la soberanía territorial. Esa recuperación supone una labor titánica contrahegemónica y descolonizadora. Se trata de revertir el proceso entreguista que impulsa esta dictadura nacionalista de Juan Orlando Hernández a las corporaciones transnacionales. La alianza debe decir abiertamente a su pueblo que esta en contra de la explotación voraz e inhumana de los bienes naturales, que romperá con las trancas que nos imponen en las carreteras con las casetas de peaje, que no habrán proyectos de ciudades modelo, concesiones que destruyan nuestros ríos, tierras para bases militares gringas, subvención de impuesto que después se le cargan al pueblo y la negociación de tratados comerciales que empobrecen y afectan al pueblo y sus bienes ancestrales.

La alianza debe devolverle el carácter al Estado como garante derechos humanos  y la condición de ciudadanía a los habitantes en el territorio. Eso supone en primera instancia recuperar la institucionalidad y en segunda reorientar esas practicas demagógicas y asistencialistas hacia una dinámica de desarrollo orientada en la lógica de las políticas públicas de bienestar social. De manera que volver a la educación, la salud, el agua, la energía eléctrica y la telefonía como un derecho ciudadano es ineludible y ante la embestida privatizadora la palabra de la alianza debe ir en torno al fortalecimiento del estado y en contra de las privatizaciones.

Finalmente la alianza debe dejar en claro que es una alianza por la vida y en contra de la muerte y, por sobre todo, de la impunidad que en torno al poder se genera. De manera que asumirse en la demanda de justicia por Chungo Guerra, Vicente Matute, Edickson Lemus, Margarita Murillo, Berta Cáceres, Isis Obed, por mencionar algunos, es una postura in negociable pues no se puede construir futuro ignorando las deudas del pasado. Una reconstrucción de la patria como la que soñamos con la alianza no puede ser posible sino se dignifica la memoria de nuestros mártires, se asume sus luchas, se continúan sus preceptos y se construye ese modelo de sociedad por el que dieron la vida. y es, por ende, un paso no negociable pedir perdón, asumir la culpa, limpiar la memoria e indemnizar a las familias por parte del Estado. 

C – Participar es libre, sumar una obligación ética 

La alianza se a configurado en la más alta línea de mando pero no se ha definido en las estructuras hacia abajo. El efecto cascada que algunos soñamos posible no se esta dando y hay comunidades en donde las relaciones están tan malas que ni siquiera se ven posibilidades. Sin embargo no es del todo malo, el que se haya logrado en la conducción nacional ya es un gran paso, aunque yo hubiera deseado que llegara hasta las comunidades ese efecto.

De manera que la proliferación de candidaturas no debe de sorprendernos es lo que temíamos, es la forma en que se conciben las sociedades y te venden tan bien el poder que cuesta mucho asumirse en la vida sin él. Y la participación en procesos electorales es libre de la misma forma que es un derecho y un deber. Que yo hubiera preferido que no lo hicieran y que, en vez de ello, sumaran a la causa de la alianza es otra cosa. Pero lo que yo quiero no tiene por que se lo que los demás quieran.  Las relaciones con el poder y su pasión por el mismo cada uno las configura según como mejor le gusta. Sin embargo quiero enfatizar que – otra vez para mi – esa es la estrategia de juego en la que se mueve este régimen haciendo fisuras en el panal para que de ahí salgan gotitas de miel y como osos corramos por esa cuota cuando juntos podemos tener todo el panal.

D - Lo que nos queda 

Nos queda asumirnos en la tarea de la alianza y trabajar por ella. Olvidar los caciquismos establecidos y trabajar por la alianza. En mi caso por ejemplo volcarme más allá de las diferencias que me apartan de algunos y algunas en el campo político, sin que eso suponga hacer renuncia a los principios éticos y morales que deben regir la conducta en la participación política para la sociedad que soñamos.

La alianza es un paso firme y un golpe a la derecha que pensó que no seriamos capaces de articular algunas relaciones necesarias para derrocarla, pero no es suficiente, hace falta salir a ejercer el sufragio. Hace falta que el patrón electoral sea superado, que la masa humana y digna que somos la mayoría de los hondureños y hondureñas dobleguemos la maquinaria fraudulenta de la derecha ladrona e inquisidora que nos gobierna. Y para ello debemos salir a botar, a elegir y a poner nuestra marca por la alianza. Créanmelo no es una simple marca, es el inicio del fin de una dictadura y el inicio de la patria soñada.

Solo el pueblo salva al pueblo.

 

Chaco de la Pitoreta

Hector Flores

Pooeta y gestor cultural

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