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Radio Progreso
Hector Flores

Hector Flores

Pooeta y gestor cultural

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Miércoles, 19 Abril 2017 15:48

Cuando la educación ya no sea pública

No es casualidad el abandono escolar, la falta de infraestructura educativa,  la represión del Estado para con los estudiantes; no fue casualidad el descontento manifiesto de Soad, ni su muerte, ni que detrás de esa muerte violenta estén los órganos de seguridad del Estado. No es casualidad que los medios ignoren su responsabilidad para con la educación, que enaltezcan la educación privada, que criminalicen las acciones reivindicativas de las y los jóvenes cuando estas van a la defensa de su derecho a la educación pública de calidad y como derecho. No es casualidad por que en la farsa de la democracia histórica que nos han vendido la educacion no ha sido un derecho y algunos de los que se han atrevido a defenderla como tal lo han pagado con su vida. Unas de esas vidas son la de Soad y la del sempiterno compañero Roger González.

Defender la educación pública ahora es más importante que nunca. Es una necesidad impostergable. El Estado le apunta a la privatización por que la educación, en los contextos de violencia y desespero que habitamos, se convierte en una válvula posible de cambiar vidas de las personas y los padres y madres están dispuestos a sacrificar todo excepto la educacion de sus hijos e hijas, por ella hasta pagarían lo que fuera y eso lo saben los avaros del gobierno que también son empresarios de la educación. Y al serlo, por que lo es, se vuelve también un negocio rentable, de interés de la empresa privada, de lucro para los empresarios, empresarios que también son el gobierno.

Por eso en la actualidad cuando regímenes autoritaristas y violentos como el de Juan Orlando atacan a las juventudes en la universidad, en los colegios, en las calles y en la búsqueda de empleo, lo que se evidencia es la avaricia de un sector de la sociedad que quiere la educación como negocio, que se quiere lucrar de ella y que busca hacer menos ciudadanos para este Estado fracasado en función de los derechos humanos de los más pobres. Por eso no es casualidad tanto abandono del Estado a la Educación y tanta culpa sobre el sector magisterial cuando en la realidad la culpa única es del Estado y sus funcionarios coludidos con empresarios que comercian con la educación.

Los y las pobres de Honduras debemos tener claro que el día que la educación no sea nuestro derecho ese día se nos muere nuestra ciudadanía, colapsa la soberanía y el estado de derecho desaparece. Los conatos de dignidad que todavía sobreviven a esta vorágine de consumo y extractivismo están por que aún hay escuelas públicas, por que existen docentes comprometidos y por que la educación pese a su deficiencia sigue posibilitando la condición ciudadana de algunos que se resisten a seguir las corrientes de este rio al que llaman desarrollo.

Tanto Roger como Soad fueron militantes directos de la lucha estudiantil organizada a favor de la educación pública. Se metieron en la cabeza la importancia de vivir una ciudadanía comprometida con su país y con sus generaciones y cuestionaron de frente, pese a los riesgos, a los funcionarios y funcionarias vulneradores de sus derechos. El precio de esa valentía es la muerte. Entre el uno y la otra hay casi treinta años, lo que prueba en la lógica del tiempo que el gobierno  represor, el Estado asesino y la impunidad jurídica no son una novedad, son la constante en este modelo de democracia que se nos ha impuesto. 

Si el gobierno no da la educación para el pueblo, el pueblo desde su escasa educación le dará la revolución Estado.

Chaco de la Pitoreta

La paz no necesariamente es ausencia de guerra. La paz es un estado que va más allá de lo emocional, que se plantea como condición de dignidad y que se sustenta en las cosmovisiones de los pueblos  y su identidad originaria; así como en la posibilidad espiritual que desde cada dogma de fe cada cual profese. La paz es, entonces, la necesidad humana de una real convivencia entre los seres vivos que habitamos la casa común, el mismo lugar donde nos hacemos y nos compartimos. En la celebración religiosa de inicio de semana mayor ambas iglesias - católica y protestante - hondureña hicieron un llamado a la paz, a la construcción de esa paz entre todos y todas las hondureñas, a la necesidad de encontrarnos en el amor y - en la pasión esa que la fe nos inspira -  apasionarnos por la vida. Pero qué lejos están las palabras de los hechos, especialmente cuando en la iglesia esas palabras no son en la práctica lo que el pueblo recibe de ellas.

Esa iglesia olvida que en Honduras hay un Estado impune sobre el cual pesan la muerte de muchos hondureños y hondureñas que, como el Jesús que ellos profesan y que esta semana crucifican, dieron su vida por la posibilidad de vivir con un poco de dignidad. Margarita Murillo, Chungo Guerra, Berta Cáceres, Vicente Matute, Blanca J. Kawas, E. Lemus, entre otros, están muertos con la complicidad directa de un gobierno, en un Estado, con funcionarios que son los mismos desde hace 30 años y que han crucificado al pueblo para disfrutar sus ambiciones particulares. Pero esta iglesia hace alianza con ese gobierno, justifica esos funcionarios y esta semana celebrará actos religiosos para que los responsables de la muerte oficial se golpeen el pecho y compren la gloria con las cifras de sus chequeras.

La paz es la vida y la vida son todos los derechos humanos que tenemos. El derecho máximo, el camino a la dignificación. Cuando la iglesia se alinea y avala los golpes de estado, cuando se mete en la condición laical de la administración pública, cuando recibe fondos que deberían ser destinados a mejorar la vida de los pobres. Cuando toman partido, cuando inhabilitan asientos por que están destinados a otros y otras con otros estatus sociales en sus iglesias. Cuando son parte de la privatización de la educación, la salud, las carreteras, la tierra, los bosques, el agua y todos los bienes naturales que deben ser de todos y para todas. Cuando hacen complot y bendicen a los que nos destruyen la casa común, ustedes, sí ustedes traficantes de la fe, no tienen derecho a hablarnos de hacer la paz si son parte de los que nos traen la guerra.

Honduras está sumida en la miseria que está por que ustedes, sí ustedes que deberían ser la esperanza del pueblo, venden al pueblo, crucifican al pueblo y con cada acto que hacen se aseguran que este pueblo vea imposible el milagro de la resurrección. La paz que piden que construyamos ustedes la destruyen cuando se alinean con el poder.

Sin embargo sepan que el pueblo se levantará y - como ese Jesús – saldrá del sepulcro y edificará la otra Honduras que siempre nos hemos merecido, sin ustedes, sin su institucionalidad y con el amor y la justicia como bandera de humanización de la sociedad y el estado.  Jesús muere cada día en las ambiciones de poder de ustedes y ni todas las reparaciones y maquillajes que le hagan a sus templos podrán evitar que un día, cuando este pueblo – en el nombre de ese Jesús que ustedes encarcelan en templos de oro – los expulse de la casa del amor que ustedes han convertido en sus mercados de fe y fanatismo.

 

Chaco de la Pitoreta

Viernes, 07 Abril 2017 14:05

¿Y la libertad de expresión?

Chaco te vas cocinar…, y acompañaron el comentario con una imagen alegórica a los genitales masculinos, ¡te van a acusar de terrorismo!… Para contextualizar el comentario, nos encontrábamos en el peaje, a la altura de La Guadalupe en San Manuel, Cortés. Hacíamos canciones y poesía contra el peaje y acompañábamos a las y los de siempre que ahí defienden la dignidad del pueblo progreseño. Pero la referencia al terrorismo no es casualidad en un país como Honduras y en un contexto como el que vivimos contra el peaje, es el futuro seguro, a menos que haya alguna forma de quitar esta dictadura que se consolida alrededor de la figura de Juan Orlando Hernández y de autoritaristas comprobados como Oscar Álvarez. Terrorismo es entonces – y pese a que el comentario no era una acusación – sembrar el miedo para que no se proteste.  Para que no se defienda el derecho y para que no se cuestione las malas actuaciones de los funcionarios con relación al país. 

Pienso que esa ley va dirigida estrictamente a aquellos que usamos otras formas de comunicación que están fuera del control de Juan Orlando y su pandilla de usurpadores del poder. A los que publicamos alejados de sus medios comprados y periodistas tarifados, a los que no le tenemos miedo a decirles lo que hay que decirles. Es contra los que somos usuarios de las plataformas virtuales donde sus controladores mediáticos no pueden ejercer su poder y sobre aquellos medios, como Radio progreso, que no tienen precio, que no se venden al mejor postor. A los que – por poner en contexto – denunciamos el abuso de los peajes y le pedimos explicaciones al gobierno sobre los 20 millones de lempiras para mantenimiento  de carreteras cuando estas están concesionadas y son las concesionarias quienes deberían asegurar esos mantenimientos.

La ley busca ocultar internamente lo que es imposible evitar internacionalmente, el descrédito del gobierno está en su punto más alto y la única forma de mantenerse es condenando todo lo que acá los condena.  Y todos los que digamos algo en contra de esta dictadura vamos a ser señalados desde esa condición, pueden estar seguros. Quedar en evidencia internamente no es un lujo que JOH se quiere dar y sabe que entre más miedo le meta a la gente más impunidad se puede permitir. No quieren que se siga sonando la canción del Cachiro en los EEUU por que los embarra, que se hable de narco-gobiernos por que ellos son el gobierno, de narco políticos por que ellos son políticos y de narco estado por que ellos son el estado. De manera que bloquear esa información es importante si se quiere mantener la farsa que tanto los medios tarifados, empresarios vendidos, y seudo periodistas le hacen a la dictadura en turno.

A la larga me queda claro es que la ley mordaza no es contra los comunicadores y las comunicaciones, a fin que por lo general casi todos estos están alineados con el dinero y quien lo tiene,  pero si lo es contra la población y su derecho a informarse objetiva y éticamente de las cosas que suceden en el país. De manera que - volviendo al comentario - se trata de que tengamos tanto miedo a esta dictadura que no seamos capaces – siquiera – de manifestar nuestros sentimientos. Y se trata de que nosotros mismos seamos transmisores de esa cultura del miedo en la que se ampara la impunidad de este gobierno que nos administra el Estado. Pero mientras tanto, y pese a los riesgos, nosotros vamos a seguir ahí desde el peaje, denunciando esa corrupción aunque nos tilden de terroristas…

 

 

Jueves, 30 Marzo 2017 16:23

Y vuelven a la carga…

(174 días de resistencia digna)

Si usted es de los que piensa que el peaje es un tema superado, le invito a que no se confíe, a que no baje la guardia. Once mil millones de lempiras no son poca cosa y menos para la gente que está acostumbrada a acumular sin trabajar, sin invertir, sin arriesgar. Si lo duda le invito a que se de una pasada por el periodipolio que circula en la ciudad, vea la más reciente publicación y, como lo hago yo, haga sus propias reflexiones a la luz de la más reciente publicación sobre el vergonzoso proyecto del corredor turístico en el que nos tienen embotellados. Es evidente que los 174 días de resistencia pacífica, organizada y voluntaria que se desarrolla en esa carretera, ahí junto a ese monumento de la corrupción en la Guadalupe y contra los vende soberanía del Estado que se prestan para ello, no es noticia para este medio de comunicación, o al menos mientras nosotros no seamos capaces de pagarles por sacarnos como su noticia. 

Créame cuando le digo que bien lejos está la posibilidad de que ese peaje desaparezca de la carretera que de El Progreso conduce a San Pedro Sula y viceversa. Lejos por que en el imaginario mercantil y voraz de la empresa Autopistas del Atlántico, el gobierno en turno (cómplice absoluto y títere del poder y el dinero) y los organismos internacionales que se prestan para financiar estos proyectos esos 11 mil millones de lempiras que se pretenden cobrar - en esa carretera - son más importantes que la persona humana, que los derechos humanos y  la Constitución de la República. De manera que la publicación en ese  periódico oficialista – promoviendo el corredor turístico y el cobro de peaje – debe de ser interpretada inequívocamente - por las y los progreseños - como una advertencia de que esta lucha todavía no se ha ganado.

La alianza público privada (SAPP)vuelve con su discurso cínico de desarrollo en el eje turístico y económico del país, aunque con menos mentiras relacionadas con las falsas obras complementarias que proponían para engañarnos. Sin embargo es doloroso y de mucha vergüenza ver que la cámara de comercio e Industrias de El Progreso – en la palabra de su presidente  don Víctor Ramos – sigue haciéndole el juego a la empresa ADASA, al gobierno representado en el partido nacional y a los empresarios afines a la instalación de este peaje. Es una pena por que la Cámara de Comercio, al llamarse de El Progreso, debería estar solidaria con su población y no aliarse con quienes la atracan y amenazan las reales opciones de desarrollo que se construyen en el municipio y que, justamente,  empiezan en el derecho constitucional que tenemos de circular libremente.

Deliberadamente utilizan a la municipalidad de Tela y su unidad de turismo (hace unos días era El Progreso, lo cual pone en evidencia que el señor López ya no es de interés en el gobierno central) para enarbolar la bandera del desarrollo, sin embargo no dicen nada sobre la huelga laboral que desde hace unos días mantienen los empleados de esa comuna, o sobre los señalamientos de abuso de autoridad que pesan sobre ella, al autorizar una represa sobre el río Mezapa por encima incluso de la voluntad del pueblo que la rechaza.

Es el momento para hacer un llamado a la reflexión de la CCIEP y a su presidente  en particular  entorno a estos temas que claramente ponen en riesgo la posibilidad de hacer de El Progreso una ciudad digna y emprendedora como nos la soñamos. Es imperante que las y los empresarios dignos que tenemos, y que sabemos que son muchos pues nos dan su solidaridad en la lucha, le hagan un llamado a esta CCIEP,  y a su presidente en particular, pues cuando él hace esas declaraciones y las pone en su plano de representante de la cámara esta hablando por todos los agremiados y, por ende, poniéndolos a todos y todas  en el plano de estar de acuerdo con esa fórmula de saqueo que se configura bajo el nombre de corredor turístico.

El peaje sigue ahí y nosotros también pese a las hostilidades del clima, los insultos de los falsos progreseños y el abandono de nuestras autoridades locales. No nos vamos a ir, resistiremos estoicamente hasta que desaparezcan las cacetas o nos desaparezcan a nosotros y nosotras. Pero sépanlo, y que lo sepa el mundo entero, en la ciudad de El Progreso hay una casta de mujeres y hombres dignos que prefieren resistir esos 30 años de concesionamiento comiendo tortillas con sal - en esa carretera junto a los peajes - que vender nuestra dignidad y soberanía por unos cuantos pesos.

 

Seguimos 

Sumamos 

Y jamás nos rendimos.

 

Chaco de la Pitoreta 

 

Sin duda, cuando la iglesia se asume con los pobres, sangra con los pobres. Cuando la fe se arraiga entre los pobres, el profeta es un mensajero de esperanza para los pobres.  Monseñor Romero encarnó esa iglesia con los pobres. Lo hizo desde su entrañable amigo Rutilio Grande que miró hacia los pobres, vivió entre los pobres y fue martirizado entre los pobres. Romero vio esa vida y sufrió esa muerte y se encaminó a los pobres, a los pobres de Rutilio y lo pagó con su vida. Se derramó, se partió y repartió entre ellos, como el Cristo del madero, como el Jesús de Nazaret. 

Pero cuando la iglesia se alinea con el dinero, esa iglesia se aleja de los pobres, del proyecto de felicidad que supone el Reino y del amor de Dios que se profesa. Esa iglesia se silencia ante los atropellos del poder a los humildes y es indiferente ante la represión poli/militar a los hermanos y hermanas en el sur de Honduras – por ejemplo - en donde se lucha contra la empresa PROGELSA que le roba - con la venia del Estado - el derecho humano al agua a los hermanos y hermanas que la toman del río Reitoca. Esa iglesia olvida, intencionalmente, el evangelio liberador y traiciona el compromiso cristiano al que apela Monseñor Romero cuando dice:

“La Iglesia no puede callar ante las injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice de los causantes del dolor del pueblo…”

La iglesia que no denuncia es una iglesia cómoda, una iglesia que no es de esperanza, una iglesia que no es del pueblo de Dios pues el pueblo de Dios necesita de la esperanza ante tanta desidia, de la denuncia ante tanta injusticia, de pastores y religiosos que se vuelquen con el pueblo a la construcción del Reino de Dios - no después de la muerte, sino ahora  - en este mundo y con los bienes naturales que la creación nos ha prestado.

Es una iglesia que se queda tranquila ante tanta muerte y predica una paz que se construye en el nombre del Jesús de un  amor tan falso que no muere todos los días en su pueblo, y se queda impune como Berta, Chungo Guerra, J. Kawas, Carlos Luna y Escaleras, entre otros y otras.  Romero y Rutilio encarnaron esta otra iglesia  y lo pusieron en su mensaje profético.

“Nada me importa tanto como la vida humana. Es algo tan serio y tan profundo, más que la violación de cualquier otro derecho humano, porque es vida de los hijos de Dios y porque esa sangre no hace sino negar el amor, despertar nuevos odios, hacer imposible la reconciliación y la paz”, dijo Romero en una de sus homilías.

 Esa misma sangre que en la iglesia hondureña se lava con colores cuaresmales de fiesta pero sin compromiso, disfraza con prédicas teológicas vacías de humanidad y con aparente pasión por Jesús pero con evidente odio a los pobres de ese Jesús.

Que lejos estamos los hombres y mujeres del amor de Dios si no amamos nuestros hermanos.  Pero más lejos están los ministros de la fe, los embajadores de Dios que han cambiado al Padre por el poder del dinero, de la pleitesía, de sus propias ambiciones. El Dios de la vida, el que libera sufre por su iglesia desangrada y por ustedes encantadores de serpientes que lo vendieron. Que lejos estamos y pese a ello el mundo nos manda una luz tu voz Romero, tu entrega Rutilio y esta iglesia entre los pobres que, a pesar de sus voces oficiales, se interpela, se reta, desafía  y se entrega al pueblo de Dios contraviniendo sus autoridades.

Sin duda, cuando la iglesia se asume con los pobres, sangra con los pobres. Cuando la fe se arraiga entre los pobres, el profeta es un mensajero de esperanza para los pobres.  Monseñor Romero encarnó esa iglesia con los pobres. Lo hizo desde su entrañable amigo Rutilio Grande que miró hacia los pobres, vivió entre los pobres y fue martirizado entre los pobres. Romero vio esa vida y sufrió esa muerte y se encaminó a los pobres, a los pobres de Rutilio y lo pagó con su vida. Se derramó, se partió y repartió entre ellos, como el Cristo del madero, como el Jesús de Nazaret. 

Pero cuando la iglesia se alinea con el dinero, esa iglesia se aleja de los pobres, del proyecto de felicidad que supone el Reino y del amor de Dios que se profesa. Esa iglesia se silencia ante los atropellos del poder a los humildes y es indiferente ante la represión poli/militar a los hermanos y hermanas en el sur de Honduras – por ejemplo - en donde se lucha contra la empresa PROGELSA que le roba - con la venia del Estado - el derecho humano al agua a los hermanos y hermanas que la toman del río Reitoca. Esa iglesia olvida, intencionalmente, el evangelio liberador y traiciona el compromiso cristiano al que apela Monseñor Romero cuando dice:

“La Iglesia no puede callar ante las injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice de los causantes del dolor del pueblo…”

La iglesia que no denuncia es una iglesia cómoda, una iglesia que no es de esperanza, una iglesia que no es del pueblo de Dios pues el pueblo de Dios necesita de la esperanza ante tanta desidia, de la denuncia ante tanta injusticia, de pastores y religiosos que se vuelquen con el pueblo a la construcción del Reino de Dios - no después de la muerte, sino ahora  - en este mundo y con los bienes naturales que la creación nos ha prestado.

Es una iglesia que se queda tranquila ante tanta muerte y predica una paz que se construye en el nombre del Jesús de un  amor tan falso que no muere todos los días en su pueblo, y se queda impune como Berta, Chungo Guerra, J. Kawas, Carlos Luna y Escaleras, entre otros y otras.  Romero y Rutilio encarnaron esta otra iglesia  y lo pusieron en su mensaje profético.

“Nada me importa tanto como la vida humana. Es algo tan serio y tan profundo, más que la violación de cualquier otro derecho humano, porque es vida de los hijos de Dios y porque esa sangre no hace sino negar el amor, despertar nuevos odios, hacer imposible la reconciliación y la paz”, dijo Romero en una de sus homilías.

 Esa misma sangre que en la iglesia hondureña se lava con colores cuaresmales de fiesta pero sin compromiso, disfraza con prédicas teológicas vacías de humanidad y con aparente pasión por Jesús pero con evidente odio a los pobres de ese Jesús.

Que lejos estamos los hombres y mujeres del amor de Dios si no amamos nuestros hermanos.  Pero más lejos están los ministros de la fe, los embajadores de Dios que han cambiado al Padre por el poder del dinero, de la pleitesía, de sus propias ambiciones. El Dios de la vida, el que libera sufre por su iglesia desangrada y por ustedes encantadores de serpientes que lo vendieron. Que lejos estamos y pese a ello el mundo nos manda una luz tu voz Romero, tu entrega Rutilio y esta iglesia entre los pobres que, a pesar de sus voces oficiales, se interpela, se reta, desafía  y se entrega al pueblo de Dios contraviniendo sus autoridades.

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