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Radio Progreso
Hector Flores

Hector Flores

Pooeta y gestor cultural

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Viernes, 11 Agosto 2017 14:56

¿Cual es su peor miedo?

Mi más grande miedo son los alacranes, las escorpiones pues. Crecí en una casa de paredes de bahareque y techo de manaca. Las divisiones internas de cartón y el piso de tierra. Y a eso sumemos las muchas cajas y sacos que los pobres siempre guardamos para conseguir - de lo usado - algún beneficio adicional. En esas condiciones el ecosistema es preciso para que los alacranes habiten y proliferen. Para que me picaran, con la intensidad que lo hicieron, desestabilizándome con su ponzoña, en las largas noches de invierno que es cuando más salen. Y su peor miedo ¿cuál es?

Permítanme hacer una analogía con esa mi historia. Vivo una sensación exactamente igual estos días más ya no con los alacranes sino con los militares, la policía militar, la policía civil, Juan Orlando y un buen séquito de politiqueros carroñeros que ya no esperan que se muera el cuerpo para devorarlo sino que lo matan. Si justamente ahora, cuando Honduras vive su mayor invierno, cuando el luto llena las casas y en la oscuridad del túnel no se vislumbra un rayo de luz que de una esperanza. Ahora cuando la pobreza se expresa con mayor profundidad, cuando aumentan las casas de cartón y las ciudades son anaqueles para exhibir la miseria humana en la que nos han convertido. Si justamente ahora es cuando esos alacranes modernos salen y siembran el miedo, imponen el miedo y gobiernan la sociedad con el miedo, aunque ellos y ellas también tienen miedo. Mire usted.

Yo creo que la más grande ambición de Juan Orlando Hernández es el poder, no el dinero como muchos piensan. El dinero compra voluntades, domestica conciencias y compra dioses como baratijas en suvenires cristianos. Pero el poder le permite a una mente maquiavélica como la de Juan Orlado planear, gestar e imponer proyectos de saqueo humano, doblegar a su antojo las instituciones y silenciar las voces internacionales que le cantan sus verdades. No es el dinero el que tiene a los medios y periodistas inventando verdades que favorecen esta dictadura, a los militares y policías haciendo el trabajo sucio para imponer esas voluntades y a las instituciones coludidas para oficializar esas falsas voluntades. Es el poder que genera miedo y que una mente astuta y dañina como la de Juan Orlando sabe manejar con precisión.

Es el poder quien tiene a nuestra sociedad militarizada y no la seguridad como nos la quiere vender el gobierno. De hecho la seguridad no es negocio, la ganancia esta en desestabilizar por que entonces como dice el refrán popular “en rio revuelto ganancia de pescadores”. Y como el poder acá se entiende como impuesto necesita de sujetos deshumanizados y adiestrados – que no muerdan la mano del amo – para hacerse efectivo, y ahí entra el ejército, la policía militar, la policía civil. Este ejército armado está en las calles por que el poder que es la vanidad – supongo yo – más grande de Juan Orlado es también su más fuerte miedo. Él sabe que sin el poder que ha logrado fraguar no habrá bunker, por más dinero que tenga para construirlo, que lo proteja cuando otro u otra, logre flanquear y fisurar su estructura.

Juan Orlando le tiene pánico al pueblo, le tiene terror, aunque se esfuerce por demostrar lo contrario. Y le tiembla por que el pueblo, cuando es pueblo, no tiene precio tiene poder, y ese poder amenaza sus intereses. Por eso manda a los militares a las calles para intimidar, a las protestas para reprimir, a las organizaciones sociales para criminalizarlas y cuando eso no es suficiente, como en la era hitleriana, pone al pueblo a matarse entre si a cambio de una bolsa miserable y un empleo indigno casi esclavizante. De esto pueden dar fe los hechos recientes suscitados contra las hermanas y hermanos golpeados y encarcelados del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia en Pajuiles, Tela. Las represiones contra el pueblo indígena del COPINH, los atentados contra Bertita y Olivia Marcela hijas de la asesinada dirigente Berta Cáceres, los campesinos caídos del Aguán y Zacate Grande, los asesinatos contra dirigentes indígenas Tolupanes, las difamaciones contra el Padre Melo y la criminalización de los defensores de Derechos Humanos.

Este modelo de sociedad necesita, como los alacranes, ecosistemas adecuados para la proliferación y la vida. Eso supone agudizar la pobreza para que en la vorágine que se genere los pobres nos comamos entre si peleando por las migas que caigan de la mesa del poder. Para este modelo la pobreza es sinónimo de votos que justifican la farsa de los procesos electorales y la cuota de poder que sacia la mediocre ambición de estructuras descerebradas e inhumanas como el ejército y la policía militar. De manera que entre más pobreza más poder.

Desarrollan estrategias para idiotizar al pueblo con campañas burdas y descerebradas como las del Actívate, Plantathón o recreo-vías. De manera que la desnutrición se entiende como belleza y por ende no tiene sentido cuestionar el saqueo, venta y privatización de la salud. Hay que hacer el ridículo sembrando un árbol públicamente, a la vez que arbitrariamente se concesionan los bosques, los minerales y los ríos. O se abren parques con wifi, columpios y pistas para que los pobres no extrañemos el hecho de no tener casa, de pensar en la realidad por que es más atractiva la realidad virtual y nos zarandeemos en cadenas que no solo nos limitan a un espacio sino la vida en su totalidad.

Sin duda lo peor que le puede pasar a la sociedad es la militarización y detrás de eso un nefasto sujeto que tiene claro el poder y sus intenciones. Honduras vive el momento más oscuro de su historia, como me diría Oscar – el profe aquel, amigo con el que coincidimos en el peaje – incluso más que en la época de guerra fría. Que en los medios salga como vocero Joya Améndola - cuyo historial no es nada secreto – y hable en nombre del gobierno confirma esta aseveración. Pues presencias como esa en los medios no son por popularidad sino por el terror que causa esa presencia en nuestra generación que recuerda como si fuera ayer aquellos días de desaparecidos y torturados de los ochentas.

Cambiar esta realidad hondureña es una tarea impostergable. Tenemos que dialogar aunque parezca infructuoso. Debemos hablar como pueblo y no dejar que el hambre y una miserable compensación nos divida. Hay en el escenario cercano largos charcos y huecos en la tierra esperando por la sangre y los cuerpos de quienes se opongan a este modelo. Pero, pese a todo, es importante asumirnos hoy por Honduras, por la patria y por la dignidad humana. Juan Orlando y los militares no son Honduras ellos son los alacranes de mi historia. Honduras somos todos y todas y como tal es nuestra responsabilidad quitársela al mal gobierno y dársela al pueblo, al soberano. Créanlo posible, se los aseguro yo, es posible. Pues un día en aquella casa decidimos que no podíamos acostumbrarnos a las picadas de esos bichos, que había que expulsarlos, recuperar la casa y extinguirlos de una buena vez por el bien los demás miembros de la familia que habitarían esa casa.

Al pasado no se regresa pues es – cronológicamente -  imposible, pero se puede volver en forma de consulta, como memoria, para respuestas, como aporte para la construcción de un nuevo proyecto de sociedad. El pasado es eso, lo que pasó, lo que fue y el futuro no debe depender de volver al pasado, sino de construir, desde los aprendizajes del pasado, un mejor devenir para todos y todas.

Por estos días he escuchado a muchos decir que cuando sea su turno Honduras volverá a ser la de antes. Y no es que esté mal decirlo, pero hay unos antes en esa Honduras a la que no me gustaría volver. En cambio sí me gustaría un presente en donde los errores del pasado no nos torturen y el futuro se construya con mayor esperanza. 

A la Honduras de Tiburcio Carias - por ejemplo - yo no quiero volver y, por ende,  a muchos otros episodios de esa historia hasta la década de los setentas que significaron, tortura, perseguidos, exiliados, desaparecidos y asesinados para mi gente. La historia de violencia militar escrita en esos tiempos y revivida ahora con el actual gobierno no fueron, y no serán ahora, respuesta a los problemas del país. En esta generación de Juan Orlando Hernández es cuando más militares hay en las calles y es cuando más muertos e inseguridad tenemos. A la Honduras de los ochentas, con los desaparecidos políticos, con el Batallón 3-16 de Gustavo Álvarez Martínez, del entreguismo de algunos pseudo-dirigentes sociales al poder y dinero. Al saqueo del erario público, privatización de los servicios públicos  y a la destrucción de los bienes naturales no quiero volver. 

Yo no quiero una Honduras anclada en el pasado, la quiero ahora, en el presente. Con todas las bondades tecnológicas que la ciencia nos regala, con los recursos educativos avanzados, con la posibilidad de comunicación que se vive. La quiero en esa posibilidad de ser global sin perder de vista lo local. Esa Honduras que se construye desde la diversidad de sus razas y la posibilidad de vincularlas sin perder sus identidades y cosmovisiones. 

Tampoco quiero una Honduras sin energía eléctrica, sin carreteras pavimentadas, sin celulares con camarita, sin avances médicos. Lo que pasa es que yo quiero la tecnología y ciencia médica al servicio de la humanidad (al mero estilo de los guerreros del ejército de las  batas blancas cubanos) y de las y los hondureños en particular, las comunicaciones diciendo y transmitiendo la realidad y no la mentira oficial y las carreteras sin esas malditas trancas de peaje que limitan físicamente mi libre circulación.

Es decir que la Honduras que quiero no reniega del desarrollo sino que cuestiona las formas de ese desarrollo y a quienes beneficia. Si usted es de los que va a cargos de elección popular tenga cuidado cuando afirma que volveremos a los tiempos de antes. Un poco de madurez política y de estudio de las referencias historias no le vendría mal. Nadie, en su sano juicio quiere volver al pasado para anclarse en él, de hacerlo lo hace para revisar lo hecho, corregir lo errado y escribir mejor las historias futuras. Hasta para ser político se necesita un resbalo de inteligencia, no deje de que su demagogia política lo haga parecer más tonto de lo que ya, con esas afirmaciones, es.

 

Chaco de la Pitoreta

 

Al pasado no se regresa pues es – cronológicamente -  imposible, pero se puede volver en forma de consulta, como memoria, para respuestas, como aporte para la construcción de un nuevo proyecto de sociedad. El pasado es eso, lo que pasó, lo que fue y el futuro no debe depender de volver al pasado, sino de construir, desde los aprendizajes del pasado, un mejor devenir para todos y todas.

Por estos días he escuchado a muchos decir que cuando sea su turno Honduras volverá a ser la de antes. Y no es que esté mal decirlo, pero hay unos antes en esa Honduras a la que no me gustaría volver. En cambio sí me gustaría un presente en donde los errores del pasado no nos torturen y el futuro se construya con mayor esperanza. 

A la Honduras de Tiburcio Carias - por ejemplo - yo no quiero volver y, por ende,  a muchos otros episodios de esa historia hasta la década de los setentas que significaron, tortura, perseguidos, exiliados, desaparecidos y asesinados para mi gente. La historia de violencia militar escrita en esos tiempos y revivida ahora con el actual gobierno no fueron, y no serán ahora, respuesta a los problemas del país. En esta generación de Juan Orlando Hernández es cuando más militares hay en las calles y es cuando más muertos e inseguridad tenemos. A la Honduras de los ochentas, con los desaparecidos políticos, con el Batallón 3-16 de Gustavo Álvarez Martínez, del entreguismo de algunos pseudo-dirigentes sociales al poder y dinero. Al saqueo del erario público, privatización de los servicios públicos  y a la destrucción de los bienes naturales no quiero volver. 

Yo no quiero una Honduras anclada en el pasado, la quiero ahora, en el presente. Con todas las bondades tecnológicas que la ciencia nos regala, con los recursos educativos avanzados, con la posibilidad de comunicación que se vive. La quiero en esa posibilidad de ser global sin perder de vista lo local. Esa Honduras que se construye desde la diversidad de sus razas y la posibilidad de vincularlas sin perder sus identidades y cosmovisiones. 

Tampoco quiero una Honduras sin energía eléctrica, sin carreteras pavimentadas, sin celulares con camarita, sin avances médicos. Lo que pasa es que yo quiero la tecnología y ciencia médica al servicio de la humanidad (al mero estilo de los guerreros del ejército de las  batas blancas cubanos) y de las y los hondureños en particular, las comunicaciones diciendo y transmitiendo la realidad y no la mentira oficial y las carreteras sin esas malditas trancas de peaje que limitan físicamente mi libre circulación.

Es decir que la Honduras que quiero no reniega del desarrollo sino que cuestiona las formas de ese desarrollo y a quienes beneficia. Si usted es de los que va a cargos de elección popular tenga cuidado cuando afirma que volveremos a los tiempos de antes. Un poco de madurez política y de estudio de las referencias historias no le vendría mal. Nadie, en su sano juicio quiere volver al pasado para anclarse en él, de hacerlo lo hace para revisar lo hecho, corregir lo errado y escribir mejor las historias futuras. Hasta para ser político se necesita un resbalo de inteligencia, no deje de que su demagogia política lo haga parecer más tonto de lo que ya, con esas afirmaciones, es.

 

Chaco de la Pitoreta

 

Ya las cartas han sido tiradas y la esperanza del pueblo se cifra en esa relación que - confiamos – sea capaz de reconstruir la patria y volverla la que necesitamos y merecemos. La alianza constituye – a mi juicio – la última intentona “democrática” posible por derrocar la dictadura de Juan Orlando Hernández y las viejas hegemonías de poder económico, político, machista y transnacional que se mantiene en Honduras. Sin embargo no es una tarea fácil y abrupta. Demanda mucho esfuerzo, complementariedades y sobre todo un proceso de planificación exhaustivo y bien definido para que los cambios esperados sean posibles.

La  primera prueba de fuego de la alianza que era lograr ese acuerdo de unidad ya se superó, hay alianza. Y eso lo confirma el hecho de que los medios de comunicación oficialistas, los call center y las redes virtuales de la derecha extrema – nacionalista – se activaron para despotricar contra esa alianza. Ahora nos vienen dos tareas inmediatas e insustituibles: lograr esa alianza en las bases, entre los movimientos políticos implicados y conseguir que la gente – cuando toque – vaya masivamente a las urnas. No es que después de eso la dictadura esté vencida pero, al menos la fuerza mediática y corrupta que la sostiene tendrá más dificultades para propagar su mentira. De manera que ser de la alianza nos asume en una nueva tarea, en una nueva dimensión interpretativa del futuro del país y, por supuesto, en una nueva forma de participación política. Yo desde luego, abusivo como siempre, dejo algunos puntos por acá para la reflexión con unos y los insultos de los otros.

A - Xiomara, la mujer, la política, la líder

De ella no tengo más referencias que las obtenidas en el fatídico golpe de estado del 2009. Aquella mujer que se fue con el pueblo en la búsqueda del retorno del que fuera presidente, a la espera del esposo, la que se hizo compañera del pueblo por la patria y escribió historias de dolor en su cuerpo en la defensa de la democracia. Y después las ha tenido del ambiente político electoral en donde ella, para mi gusto, es de las personas de ese mundo que más madurez a demostrado.

Ella debe saber que mi posición es que la candidata debió ser ella y no por que Salvador Nasralla sea menos, sino por que es la mujer, por que es sobradamente capaz, por que es humanamente explicable y por que ha sido políticamente  coherente. Debió ser ella por que es el momento de las mujeres, por que tenemos que romper con este modelo machista y patriarcal, por que debemos replantear el concepto actual de sociedad que no reconoce la capacidad femenina de gobernar y gestionar las relaciones sociales.

Sin embargo tiene un viva Xiomara de mi parte, un reconocimiento fuerte y genuino a su decisión política, al valor de renunciar a una posible cuota de poder por su pueblo, a la hidalguía de someterse a la voluntad del pueblo y de acompañar esa voluntad del pueblo. Es en su carácter y claridad política en donde mejor se fragua la esperanza de cambio del pueblo y desde su liderazgo y con la complicidad de nuestro candidato a presidente en donde se afianza la  esperanza de cambio para este pueblo golpeado por la corrupción y nepotismo que salpica a Juan Orlando y su grupo de seguidores.

B – Una agenda de país por asumir

La alianza se tiene que asumir en el discurso y en la práctica. En el discurso desde ahora, en el proceso de campaña y en los espacios que sean necesarios para compartir la idea liberadora desde la que se asume. En la práctica en los espacios del pueblo, haciéndose pueblo, asumiéndose en el pueblo. Es importante entonces que el discurso se desenfoque del trillado discurso de la toma del poder. La real importancia esta en poner foco en las demandas del pueblo que el poder actual no quiere escuchar. No necesitamos que gobierne  la alianza sino el pueblo a través de esa alianza. Y ese pueblo ya dictó sus principales demandas.

Hoy más que nunca se hace necesario que la alianza se asuma en la tarea de la recuperación de la soberanía territorial. Esa recuperación supone una labor titánica contrahegemónica y descolonizadora. Se trata de revertir el proceso entreguista que impulsa esta dictadura nacionalista de Juan Orlando Hernández a las corporaciones transnacionales. La alianza debe decir abiertamente a su pueblo que esta en contra de la explotación voraz e inhumana de los bienes naturales, que romperá con las trancas que nos imponen en las carreteras con las casetas de peaje, que no habrán proyectos de ciudades modelo, concesiones que destruyan nuestros ríos, tierras para bases militares gringas, subvención de impuesto que después se le cargan al pueblo y la negociación de tratados comerciales que empobrecen y afectan al pueblo y sus bienes ancestrales.

La alianza debe devolverle el carácter al Estado como garante derechos humanos  y la condición de ciudadanía a los habitantes en el territorio. Eso supone en primera instancia recuperar la institucionalidad y en segunda reorientar esas practicas demagógicas y asistencialistas hacia una dinámica de desarrollo orientada en la lógica de las políticas públicas de bienestar social. De manera que volver a la educación, la salud, el agua, la energía eléctrica y la telefonía como un derecho ciudadano es ineludible y ante la embestida privatizadora la palabra de la alianza debe ir en torno al fortalecimiento del estado y en contra de las privatizaciones.

Finalmente la alianza debe dejar en claro que es una alianza por la vida y en contra de la muerte y, por sobre todo, de la impunidad que en torno al poder se genera. De manera que asumirse en la demanda de justicia por Chungo Guerra, Vicente Matute, Edickson Lemus, Margarita Murillo, Berta Cáceres, Isis Obed, por mencionar algunos, es una postura in negociable pues no se puede construir futuro ignorando las deudas del pasado. Una reconstrucción de la patria como la que soñamos con la alianza no puede ser posible sino se dignifica la memoria de nuestros mártires, se asume sus luchas, se continúan sus preceptos y se construye ese modelo de sociedad por el que dieron la vida. y es, por ende, un paso no negociable pedir perdón, asumir la culpa, limpiar la memoria e indemnizar a las familias por parte del Estado. 

C – Participar es libre, sumar una obligación ética 

La alianza se a configurado en la más alta línea de mando pero no se ha definido en las estructuras hacia abajo. El efecto cascada que algunos soñamos posible no se esta dando y hay comunidades en donde las relaciones están tan malas que ni siquiera se ven posibilidades. Sin embargo no es del todo malo, el que se haya logrado en la conducción nacional ya es un gran paso, aunque yo hubiera deseado que llegara hasta las comunidades ese efecto.

De manera que la proliferación de candidaturas no debe de sorprendernos es lo que temíamos, es la forma en que se conciben las sociedades y te venden tan bien el poder que cuesta mucho asumirse en la vida sin él. Y la participación en procesos electorales es libre de la misma forma que es un derecho y un deber. Que yo hubiera preferido que no lo hicieran y que, en vez de ello, sumaran a la causa de la alianza es otra cosa. Pero lo que yo quiero no tiene por que se lo que los demás quieran.  Las relaciones con el poder y su pasión por el mismo cada uno las configura según como mejor le gusta. Sin embargo quiero enfatizar que – otra vez para mi – esa es la estrategia de juego en la que se mueve este régimen haciendo fisuras en el panal para que de ahí salgan gotitas de miel y como osos corramos por esa cuota cuando juntos podemos tener todo el panal.

D - Lo que nos queda 

Nos queda asumirnos en la tarea de la alianza y trabajar por ella. Olvidar los caciquismos establecidos y trabajar por la alianza. En mi caso por ejemplo volcarme más allá de las diferencias que me apartan de algunos y algunas en el campo político, sin que eso suponga hacer renuncia a los principios éticos y morales que deben regir la conducta en la participación política para la sociedad que soñamos.

La alianza es un paso firme y un golpe a la derecha que pensó que no seriamos capaces de articular algunas relaciones necesarias para derrocarla, pero no es suficiente, hace falta salir a ejercer el sufragio. Hace falta que el patrón electoral sea superado, que la masa humana y digna que somos la mayoría de los hondureños y hondureñas dobleguemos la maquinaria fraudulenta de la derecha ladrona e inquisidora que nos gobierna. Y para ello debemos salir a botar, a elegir y a poner nuestra marca por la alianza. Créanmelo no es una simple marca, es el inicio del fin de una dictadura y el inicio de la patria soñada.

Solo el pueblo salva al pueblo.

 

Chaco de la Pitoreta

Compañero.

Un día como hoy y probablemente como esta hora yo me inclinaba sobre un bulto de tierra recién removida, hundía mis dedos, recogía un poco y la lanzaba al fondo de una fosa donde una caja de madera albergaba tu cuerpo. 12 años han pasado desde entonces amigo mío, 12 años y cuando lo recuerdo parece que fue justo hoy sin tiempo pasado y futuro. Solo vos y tu memoria, el recuerdo. Quise escribir esta carta para decir que sigo promulgando, mientras puedo, el mensaje de esperanza que llevabas a los compas y a las personas que lo necesitaban. Que intento ser coherente – como me lo pediste aquella vez en una orilla del puente de Quebrada Seca – con el discurso y la forma de vida y que, pese a los miedos y las farsas del mundo este que elegimos para tomar partido sigo creyendo en la esperanza por la que vivías.

Estos días son  de nostalgias por lo vivido y lo irreversible. Por ejemplo recordaba aquel primero de mayo  cuando enfundado en tus pantalones blancos - marcados con consignas contra el Área de Libre Comercio Centro América y el Plan Puebla Panamá – gritas recio contra la privatización del agua, contra los terratenientes y ante la eminente invasión militar gringa en el territorio nacional. Cuanta verdad tenían tus palabras fíjate Edickson. Las mieles del poder de las que hablabas han empalagado a más de alguno y alguna de los que vos conociste y los militares – con el asesoramiento gringo – invaden las calles de nuestros pueblos, si ese mismo pueblo por el que diste la vida.

A menudo me pregunto si ha valido la pena tu martirio  Edickson, tu muerte. Si no sería mejor si estuvieras acá y anduviéramos ahí gritando – como majes – que el mundo puede ser mejor, que Honduras puede ser de todos y todas y que vivir la vida sin dejar un legado es mejor no haber vivido. Sabes me he dado algunas vueltas por las tierras aquellas que fueron la causa de tu muerte y créemelo, que para esas tierras vos eras más importante pero vivo, han perdido el brillo, la capacidad de parir esperanza.

Hay gente dentro del movimiento que te quiere a bien. Yo he hablado con algunos de ellos y te recuerdan con mucha nostalgia, aunque a veces, esa nostalgia es un tanto efímera.  Hablan de tu lucha, de tu entrega, de tu andar coherente y de tu amor sin medida. Pero hablan de vos como muerto y eso me duele mucho por que vos, compañero, no deberías estar muerto, deberías, como dije hace un rato andar en las calles jodiendo al imperio, conmigo, como lo hacíamos aquellos días.

Se me hiso lo de la poesía fíjate y te escribí un verso. Una pendejada que no llega ni a la sombra de lo que vos fuiste pero que te sitúa en el valor que mereciste. Y lo leo y con él te nombro, reclamo justicia, condeno tu desaparición. Sigo exigiendo en los espacios que me es posible que tu memoria no se olvide y que, tampoco, se use solo como estandarte de lucha tu martirio. Tenemos con vos una obligación moral y ética que no puede permitirnos la opción del olvido ni el aprovechamiento mal sano de lo que fue tu proyecto de vida. tal vez no se me den mucho lo de los talentos pero, seguro que si, se me da lo de la amistad y me siento honrado de sentir que fui tu amigo.

Un mayo como hoy vos y yo gritamos que queríamos un mejor mundo, caminamos con la lengua de fuera para honrar a los mártires de El Jute, celebramos la vida de los compas de el Astillero y leímos versos de Benedetti y cuentos de Galeano después de una buena sacudida de los chepos por ñangarosos. Pero a vos te jodieron los asesinos y a mi me jode la memoria. A vos Edickson te quitaron la vida y te fuiste digno y yo me consumo en esta vida entre la coherencia necesaria y la politiquería partidaria. Y un mes de Mayo te fuiste hijo de puto y desde entonces te extraño un vergo y la lucha me asusta más.

Yo cierro los ojos y te encuentro. Vos seguís ahí inclaudicable, rebelde y contrapuesto. Yo abro los ojos y sigo acá esperando no defraudarte y que cuando el encuentro se vuelva a dar tengas orgullo por mi y la vida que he vivido. Te abrazo en la distancia compañero, amigo, hermano.

 

Hasta siempre compita

 

Chaco de la Pitoreta

Lunes, 22 Mayo 2017 08:48

Plan del sector educación para qué

Hace unos días viví una crisis  nerviosa y de impotencia cuando varios docentes del COLPEDAGOGOSH – capítulo de El Progreso – me llamaron y dijeron que un docente – además considerado un gran amigo de esta fundación – dijo que Fe y Alegría Honduras era una de las ongs elegidas para llevar a cabo la privatización de la educación en Honduras.  Me dolió en lo profundo esa opinión no solo por el peso y responsabilidad que tiene tal señalamiento sino, también, por que quien lo dice es tan cercano y amigo que asumimos que si lo dice es por que es capaz de sustentarlo o miente de manera irreversible y dañina. Ya hablaré más adelante de ese tema. 

Pero lo del profesor se ha quedado corto este día. Como parte del proceso de formulación  del plan estratégico del sector educación 2017-2030 de Honduras nos hemos encontrado distintas organizaciones de la sociedad civil – incluido el COLPEDAGOGOSH organización a la que pertenece el amigo antes mencionado – y lo que ahí se dice sobre la educación sí debe preocuparnos.

Tan doloroso y frustrante como que la calidad no es lo que importa, que las limitantes en este momento son insalvables y la forma de participación en la que todos debemos de vernos. Si estamos en la definición de un plan estratégico nacional de educación y no vemos la calidad como eje y la participación es efímera. ¿Qué futuro nos espera?

Pongan atención a esto, el señor Ramón Ulises Salgado es director del departamento de educación superior, es ex rector de la Universidad Pedagógica Nacional y actual asesor de la rectora universitaria dijo e intento ser textual “que se hagan algunos cobros como matrícula, compra de materiales y aportes en la gestión para la infraestructura educativa no significa que sea educación privada”. ¿Cuál es el criterio al que apela el señor Ulises  para esa aseveración tan drástica y fuera de tono?  ¿Para que estamos en Honduras construyendo un plan del sector educativo, si ese plan ya trae consigo las condicionantes de negación a un camino a la privatización que en la educación nacional se experimenta? ¿Por qué para el señor Ulises esos cobros no son privatización si atentan directamente contra la gratuidad, si ese acto  de pagar por simple que lo pinte niega el acceso a miles de hondureños, si ese pago amenaza la equidad y de paso es una violación al derecho humano a la educación constitucionalmente se nos garantiza?

No entiendo la idea del plan del sector educativo (aunque sé que es necesario) desvinculado de la realidad de violencia que azota las zonas. Es ver esa realidad y buscarle una salida inteligente no brusca y dantesca – casi idiota – como la que se plantea actualmente pensando que con las armas pacificaremos las sociedades. Para las actuales autoridades no son necesarias las aulas escolares en condiciones sino las cárceles de máxima seguridad, no son importantes los cuadernos y los lápices sino los rifles y sus balas, no son importantes los docentes sino los militares. Es decir no es importante si la educación es pública por que la calidad viene por lo privado y tampoco, entiendo yo, se vuelve importante la inversión por que esa ya no debería ser competencia del Estado sino de quien venda el servicio.

No entiendo la inversión en un plan sectorial si no hay inversión en un proceso educativo que se sustenta en la calidad y en la condición jurídica que lo sustente. En Honduras se reforma el Código Penal, se regulan leyes de participación ciudadana, se crean nuevos delitos y se penalizan normas de conducta en ves de mejorar e invertir en la educación como herramienta de aporte sólido a la definición de nuevas sociedades. Hace ya más de un par de años que se firmó y aprobó una nueva ley de educación y de esa ley hay, todavía y sorpréndase – reglamentos que no han sido siquiera discutidos y menos aprobados. No entiendo la velocidad con la que las autoridades del estado apuntalan la creación de universidades policiales y militares y diezma los apoyos a la universidad del pueblo, donde se debe formar el pueblo, la que es del pueblo.

No entiendo la intención de un plan del sector educativo que vincula y pone como parte del mismo a las universidades privadas con las públicas cuando las intencionalidades no son las mismas. Especialmente, y póngale ojo a esto, cuando en Honduras hay 6 universidades públicas de las cuales dos son estrictamente castrenses y en lo privado hay 19 privadas. Las universidades privadas no van detrás de la calidad sino de la oferta y la demanda, las universidades privadas van tras los lucros financieros y no en la formación de nuevas sociedades de justicia y equidad social que en el fondo ideal debe dinamizar a la educación pública.

Como Fe  y Alegría creemos en la educación pública y le apostamos a ello. Creemos en la necesidad de un plan estratégico como condición ineludible al cambio de paradigmas, pero ese plan debe nacer de la gente, con la gente y para la gente. No es – por tanto – un plan a favor de unas cuantas gentes sino del país entero. El plan tiene que ser más humano y menos tecnisista en su proceso mismo hacia la calidad y con ello a ser más sociedad que institucionalidad. Como Fe y Alegría dialogamos con todos los sectores, articulamos con todos los sectores, pero nuestra posición es y será siempre la misma: educación pública de calidad y como derecho para todos los y las hondureñas y punto.

De manera que el susto y la ansiedad que el amigo docente del COLPEDAGOGOSH me dio ya no me afecta tanto. Descubrí en este espacio la palabra del profe en mención no es su palabra, es la palabra de todo aquel se construye en sus propios guetos, que no se plantea los diálogos sino es desde la destrucción y vorágine en la que nos forman y nos guían los dinámicas actuales. Del resto confiamos nosotros, hablan con libertad y propiedad las escuelas, los docentes y los alumnos de las escuelas con las que compartimos la opción de la calidad educativa.

 

Chaco de la Pitoreta 

 

 

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Aléf | Sección Cultural

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