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Radio Progreso
Padre Melo

Padre Melo

Ismael Moreno, SJ. Sacerdote jesuita director del ERIC y Radio Progreso, obras de la Compañía de Jesús en Honduras. 

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Los partidos de oposición han perdido una oportunidad para enfrentar la ilegal reelección de Juan Orlando Hernández. Pero muchas otras oportunidades pueden abrirse. La comunidad internacional está observando a Honduras con más atención que nunca. Está observando cómo se van cercenando las libertades. Está observando el enorme riesgo de perder la vida que corren quienes defienden los ríos, los territorios, los bienes naturales. Está observando los obstáculos que este gobierno le pone a la MACCIH y a la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Está observando… y recuerda a Berta Cáceres. Hoy, ella es Honduras.

Un proverbio chino dice que hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. Este 2017 podemos llamarlo desde ahora el año de la oportunidad política perdida. No es que la oportunidad se haya escapado. Son los líderes de la oposición los que la han dejado irse. Y ahora toca prepararse para el peor de los escenarios. Un escenario que pudo evitarse. ¿Aún hay puertas que pueden abrirse para otra oportunidad? Sí, las hay.


“EL PAÍS MÁS PELIGROSO PARA LOS ECOLOGISTAS”

El 31 de enero el círculo más cercano a Juan Orlando Hernández se estremeció ante el informe de la organización británica Global Witness, que da cuenta de 123 personas asesinadas desde 2010 en Honduras por su compromiso con la defensa de los bienes naturales de sus territorios. El informe afirma que “Honduras es el país más peligroso del mundo para los ecologistas”. El informe desató las furias de un equipo de políticos y empresarios. Entre ellos, Gladys Aurora López, presidenta del Partido Nacional y una de las principales señaladas de amenazar a los pueblos indígenas con la construcción de represas hidroeléctricas, siguiendo la política extractivista del actual gobierno, que concesiona los ríos para este tipo de proyectos y los territorios para proyectos mineros. La estrecha alianza entre políticos y empresarios en la explotación de riquezas naturales es la principal responsable de “asesinar y aterrorizar a las comunidades que se atreven a interponerse en su camino”, según declaraciones de un representante de Global Witness.

Empresarios y voceros del gobierno calificaron de falso un informe cuya redacción tardó dos años de minuciosa investigación. Llegaron a pedirle a la Fiscalía que actuara de oficio contra los responsables de elaborarlo. No hacían referencia a los contenidos, sólo hacían un ataque despiadado contra los “mentirosos” que lo hicieron público, poniendo así en riesgo la inversión extranjera y el desarrollo del país.

El informe, y la reacción ante su publicación, dejan clara las responsabilidades del actual equipo de gobierno en la violación de los derechos humanos de las comunidades que defienden sus bienes naturales. Y contribuirá a evitar que la impunidad con que, en éste y en otros asuntos, actúa el equipo de Juan Orlando Hernández se prolongue por mucho más tiempo. Hay en la inestabilidad que está generando la voracidad del modelo que promueve este gobierno un germen de cambio.

HOY BERTA CÁCERES ES HONDURAS

A la par de la grave denuncia internacional que representa este informe está la emblemática figura de Berta Cáceres. Un año después de ser asesinada precisamente por la alianza entre empresarios y políticos que descalificaron el informe, ella se mantiene como la persona con mayor capacidad de convocatoria popular y social en el país. Para el mundo, hoy ella es Honduras.

Desde ella, desde lo que hizo y lo que dijo, se dimensiona la criminalidad de las compañías extractivas apañadas por el gobierno y denunciadas en el informe. Una de ellas, DESA, señalada nacional e internacionalmente como nido de los autores intelectuales que le quitaron la vida a Berta. La inmensa manta que encabezaba la primera de las movilizaciones que del 1 al 4 de marzo se organizaron para recordar el asesinato de la dirigente del COPINH lo gritaba: “DESA es la responsable intelectual de la muerte de Berta”.

La Esperanza, lugar donde nació, vivió y fue asesinada Berta, se convirtió en esos cuatro días en lugar donde alimentar la esperanza de muchos pueblos del mundo, amenazados también con ver saqueados sus bienes naturales. Hondureños, centroamericanos, mexicanos, estadounidenses, latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos, en su diversidad de lenguas y culturas, se encontraron allí para conmemorar el primer aniversario del martirio de la mujer más reconocida hoy en todo el planeta por defender los ríos de este mundo.

En estos tiempos confusos de erráticas políticas Berta Cáceres anima a una lucha social que se inserte en la base, entre la gente más humillada. Berta denuncia a las élites capitalistas, neoliberales, patriarcales y racistas. Ella tiene capacidad de articular procesos, cuestionar mediocridades, prudencias, equilibrismos y compromisos de medias tintas. Ella abre esas puertas y oportunidades, que aún la oposición política no tiene en cuenta.


TODO MUNDO LO SABE

2017 es año político electoral. Tras las elecciones primarias, en donde los partidos eligen a sus candidatos a las municipalidades, al Congreso Nacional y a la Presidencia de la República, se abre el camino para la campaña electoral que culminará con las elecciones generales del último domingo de noviembre.

Todo mundo sabe ya que serán elegidos alcaldes de diversos partidos y que habrá un Congreso con diversidad de diputados, lo que obligará a negociaciones entre partidos. Y lo que todo el mundo sabe es que, pase lo que pase, sólo habrá un candidato ganador a la Presidencia y se llama Juan Orlando Hernández. Desde que fue Presidente del Congreso Nacional de 2010 a 2013, Juan Orlando Hernández se dedicó a diseñar su ruta. El poder que fue concentrando, la adulación de un primer anillo de políticos, técnicos y otros lisonjeros, sumada a su ambición desmedida para llegar, primero a la Presidencia, y después a la reelección indefinida, fue marcando los hitos de esa ruta. Pasará a la historia como un eximio constructor de un poder personalista e ilimitado en un Estado de Derecho en ruinas.

JUAN ORLANDO HERNÁNDEZ:SU RUTA AL PODER

Para lograr construir su ruta hacia el poder máximo, Juan Orlando Hernández fue organizando las diversas piezas conforme a tiempos y necesidades. Logró el control absoluto de los tres poderes del Estado. A través del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad logró el control de las Fuerzas Armadas y de todos los órganos responsables de la seguridad. Cuando vio que no tenía control de la Policía porque sus jefes tenían vínculos con las redes criminales, logró conformar una Comisión de Depuración destinada a arrasar con todos los jefes policiales no controlables y disminuyó al máximo el poder de la Policía sustituyéndola de facto por la Policía Militar del Orden Público, cuyos estatutos la subordinan a su voluntad.

A través de COALIANZA, Juan Orlando Hernández logró participar de manera directa en las decisiones de la cúpula empresarial del país como un inversionista más que negocia con los más importantes inversionistas privados nacionales y transnacionales, con la ventaja que le da el ser, además de inversionista, Presidente de la República.

Logró congraciarse con el gobierno de Estados Unidos al extraditar al Norte a todos los capos del narcotráfico que le solicitaron, a pesar de las informaciones que esos capos den para reducir sus penas carcelarias pongan en riesgo su vida, la de algunos de los políticos más cercanos del Partido Nacional, la de sus colaboradores y hasta la de su misma familia.

Logró también congraciarse el Presidente con la comunidad internacional al aceptar la instalación de la MACCIH (Misión de Apoyo a la lucha Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras), aun a riesgo de que las investigaciones que realice esta institución, auspiciada por la OEA, toque a algunos en su más cercano círculo.

También aceptó la instalación en el país de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos como un signo de su apertura a la observación internacional, presentándose como fiel cumplidor de los convenios y tratados que en temas de defensa y vigencia de los derechos humanos ha firmado Honduras.

EL CULTO A LA PERSONALIDAD Y EL POPULISMO

El control de los medios de comunicación es, sin duda, uno de los mayores éxitos en la ruta construida por Juan Orlando Hernández. Todos los medios de alcance nacional conforman una especie de cadena nacional publicitaria que alaba las políticas del gobierno y, especialmente, eleva el perfil del Presidente a un nivel de abierto culto a su personalidad.

El populismo exacerbado del Presidente así ensalzado ha logrado atar el cabo más eficaz, el que lo vincula a la población más empobrecida. A través de decenas de programas de asistencia social, en el marco del gran paraguas llamado “Vida Mejor”, Juan Orlando Hernández ha llegado a decenas de miles de familias desempleadas, sin tierra, sin techo, enfermas y con muy bajos niveles de escolaridad para convertirlas en el factor decisivo de acumulación de los votos que den legitimidad a su reelección como Presidente de la República para 2018-2022.

UNA CANDIDATURA ILEGAL E INCONSTITUCIONAL

Con el control de los poderes del Estado logró Hernández que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia estableciera que los artículos de la Constitución que prohíben la reelección presidencial son inconstitucionales, lo que abrió la puerta para debatir y, finalmente, promover su candidatura a la reelección.

Ante la presión ciudadana en sentido contrario, la Corte se reunió en pleno y ratificó, por unanimidad, que lo acordado por la Sala Constitucional era materia juzgada. Y punto final. Una vez lograda su continuidad en el poder quedó definitivamente claro que su proyecto se basa en un autoritarismo que subordina toda la legislación nacional a sus intereses personales. Su candidatura es ilegal e inconstitucional.

“ESTOY TRABAJANDO”

Todo mundo sabía que Juan Orlando Hernández buscaba su reelección desde el primer día que asumió la Presidencia, aunque nunca lo dijo hasta noviembre de 2016. Cuando lo hizo público a nadie le extrañó. Siempre que le preguntaban si pensaba en la reelección respondía siempre: “No tengo tiempo para pensar en eso porque estoy trabajando, trabajando y trabajando”. Todo mundo, adeptos y opositores, sabían que era verdad: sólo trabajaba por su reelección.

Los tres años que ha cumplido en el gobierno han sido de continuo proselitismo político, una campaña continua, sin tregua entre la anterior y la próxima. Toda la institucionalidad estatal se convirtió en una inmensa plataforma propagandística en favor del continuismo oficial. Cuando el pleno de la Corte dijo que el tema de la reelección era “cosa juzgada” nadie se sorprendió. Todo mundo sabe que el Presidente de la República cuenta incondicionalmente con el presidente de la Corte y con los 14 magistrados que la integran, incapaces de disentir del titular del Ejecutivo.

También el titular del Ejecutivo tiene control sobre los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, sobre los magistrados del Registro Nacional de las Personas y sobre los magistrados del Tribunal Superior de Cuentas. Nada que tenga que ver con decisiones sobre el proceso electoral está fuera de su control personal. Es así como Juan Orlando Hernández se ha convertido en el hombre con más poder en la historia política hondureña.

UNA ALIANZA ELECTORAL CONTRA LA REELECCIÓN DE JOH

Empezando el año 2017, el 14 y 15 de enero el partido LIBRE convocó a una masiva asamblea con varios miles de delegados de todo el país en Tegucigalpa. El objetivo era enfrentar la reelección de Juan Orlando Hernández. La asamblea concluyó con la oficialización de la alianza entre el partido LIBRE, el Partido Anticorrupción (PAC), el Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU), una pequeña y marginal corriente del oficialista Partido Nacional y otra corriente secundaria del Partido Liberal.

Se trata de una alianza estrictamente electoral. Estos partidos, tan distintos entre sí, se unen con el único propósito de derrotar a Juan Orlando Hernández en las urnas, una meta que se sostiene en el optimista dato de que en los resultados del último proceso electoral, LIBRE alcanzó el segundo lugar en caudal de votos, cerca de 1 millón de electores de los 5 millones de votantes en el Registro Nacional de las Personas, y el PAC se ubicó en el cuarto lugar con más de 300 mil votos.

NO PARECE UNA AMENAZA REAL

Para desestimular a la nueva alianza, Juan Orlando Hernández y su equipo trabajaron previamente una supuesta encuesta que le anticipa a él un millón y medio de votos, cifra a todas luces abultada. En el mejor de los escenarios, el Partido Nacional apenas ha llegado al millón de votos. Y en estos comicios, a pesar de su intensa campaña mediática y asistencialista, deberá cargar con el malestar de una sociedad que no ha visto satisfechas sus demandas por este gobierno. De acuerdo con la última encuesta que hemos realizado con el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de la Compañía de Jesús, todo mundo, simpatizantes y adversarios, entienden que cualquier cantidad de votos que coloque a Juan Orlando Hernández en primer lugar será producto de algún mecanismo irregular fraudulento en las próximas votaciones.

En caso de que la alianza logre conformarse finalmente como una propuesta electoral, no parece ser todavía una amenaza real al oficialismo. Aunque las encuestas no siempre reflejan las reales simpatías de la gente cuando de preferencias partidarias se trata, en el sondeo del ERIC, realizado en diciembre, las simpatías mostradas por LIBRE y por el PAC descendieron hasta colocar a estos dos partidos en tercera y cuarta posición de preferencias respectivamente, muy por debajo del Partido Nacional y del Partido Liberal, con sólo un 10% de simpatías entre ambos partidos. También es cierto que si el 43% de los encuestados manifestó no tener ninguna preferencia política, tal vez ahí se esconde el potencial que votaría por la oposición a Hernández.

¿QUÉ SENTIDO TIENE PARTICIPAR?

La campaña política de este 2017 está en marcha sobre la base de dos datos determinantes. Uno, la inconstitucionalidad e ilegalidad de la candidatura de Juan Orlando Hernández. Dos, el fraude que todo mundo sabe que ya tiene preparado su equipo de gobierno. Si todo esto es ampliamente conocido por las dirigencias de la oposición política, ¿qué sentido tiene participar en el proceso electoral en vez de construir una alianza ciudadana, política y social que presione antes por nuevas reglas del juego, por reformas electorales, como condición para garantizar resultados electorales creíbles?

Con dos argumentos fundamenta hoy la oposición su participación en el proceso electoral. Uno, confianza en derrocar el continuismo y el fraude. Dos, para no dejarle el camino libre a la dictadura no hay otro camino que las elecciones. Afirman que, con un caudal arrollador de votos a favor de la alianza opositora, Juan Orlando Hernández y su equipo no podrán hacer fraude y con la observación de la comunidad internacional no habrá otro camino que aceptar el triunfo de la candidatura de la alianza electoral opositora.

AVALAN LA ILEGALIDAD

¿El entusiasmo opositor tendrá acaso que ver con las cuotas de poder que esperan alcanzar con la tácita aceptación de la reelección de Juan Orlando Hernández que significa participar en estas elecciones?

Ciertamente, todos los sectores de la oposición denuncian en público la ilegalidad de la candidatura de Hernández y advierten del fraude que se ha venido fraguando controlando todas las instancias relacionadas con el proceso electoral. Sin embargo, en sus campañas internas, las diversas candidaturas del partido LIBRE han invertido sus energías y recursos en lograr ventajas en relación con las otras, relegando el tema del cuestionamiento al fraude continuista. Esto da pie a la hipótesis de que el objetivo de los candidatos opositores es garantizarse ser diputados, alcaldes o regidores y, desde esa posición, que les asegura otros privilegios, mantener discursos opositores.

El objetivo no parece ser otro que actuar como opositores políticos desde un cargo de elección popular. Al aceptar participar en el proceso actualmente diseñado esta oposición se ha convertido -sin que la inmensa mayoría de sus candidatos y dirigentes partidarios sea consciente- en un factor que avala la ilegalidad de todo lo ocurrido.

UN DESCONTENTO MEDIATIZADO

Y ésta es la oportunidad que se ha perdido. Si toda la oposición política, encabezada por liderazgos reconocidos, hubiese decidido conformar una amplia oposición ciudadana y cívica, que aglutinara la resistencia y la indignación que ha provocado la reelección de Juan Orlando Hernández, todo este año 2017 se hubiera transformado en un hervidero de movilizaciones de las diversas inconformidades latentes, hoy sin una conducción adecuada.

Porque la realidad muestra un gran rechazo al actual gobierno, aunque mediatizado no sólo por la campaña proselitista del gobierno y de los opositores, sino también distraído por la campaña de la selección nacional de fútbol luchando por llegar al Mundial de 2018, por las telenovelas que mitifican a los líderes narcos, por el morbo que generan las noticias de los continuos hechos sangrientos y por las campañas de los grupos neopentecostales, varios de cuyos líderes se han convertido en consejeros de los funcionarios del gobierno. A toda esta avalancha de distractores hay que sumar el terror que ha desatado la política anti-inmigrantes de Donald Trump, que pone en riesgo las remesas, único sostén de millones de familias empobrecidas.

CUANDO EL VOTO TAMBIÉN ES MIGAJA

Es a este pueblo hondureño, politiquero, futbolero, novelero, remesero y de religión bullanguera al que se dirige insistentemente la campaña proselitista de Juan Orlando Hernández.

Pero ni los políticos creen en la gente ni la gente cree en los políticos. Lo que hay es una relación utilitaria basada en una total desconfianza. Los políticos ofrecen migajas a cambio del voto y la gente recibe las migajas y lo paga con lo que también considera migaja, su voto. En esto ha quedado convertida la participación ciudadana y el derecho al sufragio. Su sentido lo pone hoy la gente no en el ejercicio de ese derecho, que escucha es “sagrado”. Lo pone en lograr sobrevivir.

El sondeo de opinión pública del ERIC nos dijo que 8 de cada 10 personas desconfían de los políticos y demandan que se les investigue y se les enjuicie por corruptos e impunes. Teniendo en cuenta esto, y el rechazo a la reelección de Juan Orlando Hernández, se ve con más claridad la oportunidad perdida por la oposición política. Ningún gobierno sustentado en la ilegalidad tiene capacidad de sostenerse ante una ciudadanía organizada y movilizada repudiándolo.

Pudo haber en el país movilizaciones nacionales anti-reelección. Ya en 2016 hubo conatos de desobediencia civil en un estadio cuando se extendió masivamente el grito de ¡Fuera JOH! Si los líderes de la oposición, en lugar de estar invirtiendo sus energías en una campaña política que sólo legitimará el continuismo, estuvieran al frente de la organización del descontento popular, todos los estadios del país estarían clamando esa misma consigna, la que hace temblar a JOH.

LOS INDIGNADOS DE 2015

Hace menos de dos años, amplios sectores, especialmente urbanos y juveniles, se alzaron indignados contra el saqueo al Seguro Social. Fue de esa indignación contra la corrupción que surgió el ¡Fuera JOH! y la demanda de que se instalara en el país una CICIG como la que funciona en Guatemala. Algunos dicen que las continuas movilizaciones de los indignados, extendidas por los centros urbanos de todo el país, fueron inducidas por actores políticos interesados en debilitar al gobierno para obligarlo a extraditar a capos del narcotráfico y a funcionarios vinculados a ese negocio. Sea lo que fuere, fue la corrupción vinculada a este gobierno la que atizó la indignación.

Toda la gente que se movilizó sigue con su rabia acumulada, mientras la corrupción y la impunidad se mantienen. Las movilizaciones de los indignados del año 2015 no tuvieron al frente a líderes conocidos. Fue la improvisación lo que caracterizó a los novatos dirigentes, que en su mayoría acabaron cooptados por quienes son expertos en construir una oposición controlada.

Ahora, faltó una visión estratégica que, partiendo de un audaz análisis, rompiera con la modorra de la práctica política tradicional y lograra organizar el repudio agazapado en centenares de miles de personas contra la corrupción del actual gobierno hasta cambiar la correlación de fuerzas y obligar al gobierno a negociar una nueva propuesta electoral, incluso una Constituyente.

RECOMENDAMOS: LA ESPUMA DE LA INDIGNACIÓN EN UNO DE LOS PAÍSES MÁS DESIGUALES Y VIOLENTOS DEL MUNDO

LA MACCIH MUESTRA “DIENTES”

La MACCIH es un nuevo factor a tener en cuenta en esta coyuntura que anuncia la consolidación de la dictadura. Instalada oficialmente en abril de 2016 como resultado de un acuerdo entre el gobierno y la OEA, con el aval de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, pareció durante los primeros meses una instancia amorfa que legitimaba al gobierno. Vista con total desconfianza y con justificada sospecha por los indignados de 2015, la MACCIH se fue abriendo camino con respaldo oficial y buscando apoyo económico en la comunidad internacional. Los políticos hondureños se sentían seguros. Pero apenas esta instancia comenzó a hacer observaciones críticas al modo como el Congreso elegía a los magistrados del Tribunal Superior de Cuentas, o a sugerir reformas legales para supervisar los dineros de las campañas de los partidos políticos, comenzaron a descalificarla como “intervencionista”.

A un año de ser instalada, la MACCIH ha encontrado un claro respaldo internacional, un claro distanciamiento del gobierno y el reconocimiento de diferentes sectores de la sociedad civil, que empiezan a considerarla con “dientes” para enfrentar casos y dinamismos generadores de corrupción y de impunidad. Por su actuación, varios de los principales implicados en el saqueo del Instituto Hondureño del Seguro Social han sido enjuiciados y sentenciados, mientras otros procesos abiertos sobre este caso están pendientes de juicio y condena.

LA MACCIH BUSCA “COLABORADORES EFICACES”

La MACCIH ha presentado una propuesta al gobierno, la “ley de colaboración eficaz”. Consiste en garantizar notables rebajas en la condena a aquellos implicados en casos de corrupción que se decidan a colaborar en la delación de altos funcionarios públicos o empresarios implicados en casos de corrupción, siempre y cuando la información que proporcionen resulte eficaz.

Esto indica que la MACCIH está determinada a identificar, enjuiciar y eventualmente a desmantelar redes de corrupción que impliquen a gente cercana al gobierno o formen parte de él. El informe de Global Witness es un instrumento para que la MACCIH fundamente algunos de esos esfuerzos. Está aún por verse la relación que tendrá la MACCIH con el Fiscal General del Estado, Óscar Chinchilla, quien goza de la confianza de la embajada de Estados Unidos y de todos es sabido fue elegido por el Congreso por instrucciones directas de Juan Orlando Hernández.

¿QUIÉN ES EL FISCAL?

¿Quién es Chinchilla? En 2012 la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el decreto legislativo que legalizaba la existencia de las Ciudades Modelo en Honduras. Esto llevó al Presidente de la República a obligar al Congreso Nacional a destituir a los cuatro magistrados que habían votado a favor de la inconstitucionalidad del decreto, dejando únicamente al quinto magistrado que había votado en contra.

Ése era Óscar Chinchilla, a quien al año siguiente el Congreso eligió como Fiscal General del Estado, luego de que junto a los nuevos cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional ratificara un nuevo decreto que legaliza las Ciudades Modelo, llamadas eufemísticamente Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, ZEDEs.

¿HASTA DÓNDE LLEGARÁN LA MACCHI Y EL FISCAL?

Muy amigo de Juan Orlando Hernández, Chinchilla ha establecido, por su oficio, una relación oficial con la MACCIH para impulsar procesos de investigación contra la corrupción. El jefe de la MACCIH, el peruano Juan Federico Jiménez Mayor, ex-Primer Ministro y ex-Ministro de Justicia y Derechos Humanos en el Perú, ha declarado como positivo el apoyo que ha encontrado en el Fiscal, lo que supondría el posible distanciamiento que Chinchilla ha decidido tomar de su padrino el Presidente.

¿Hasta dónde llegará el Fiscal en su colaboración con la MACCIH? Lo veremos en el apoyo que dé al trabajo de la nueva institución. ¿Y hasta dónde llegará la MACCIH? Lo veremos también. Dependerá de la autonomía que logre construir tanto del gobierno como de la OEA. El respaldo que logre de los sectores de la sociedad civil dependerá de los casos de corrupción que logre destapar.

Hay oportunidades. Hay puertas abiertas. La sensibilización contra el modelo extractivista, que lleva como bandera a Berta Cáceres, la indignación contra la privatización de carreteras, de la electricidad, del agua, de la salud, de la educación, la sensibilización contra la corrupción generalizada que se traduzca en sanciones que lidere la MACCIH pueden distanciar a las organizaciones políticas y sociales del viciado proceso electoral que se nos avecina.

CONTRA “LA APOLOGÍA DEL ODIO”

Preocupado por la posibilidad de una masiva movilización social y una masiva abstención en las elecciones, Juan Orlando Hernández se ha apertrechado con nuevos instrumentos legales represivos. En contra de los partidos de oposición, de diversos sectores de la sociedad civil, y sin escuchar las preocupaciones hechas públicas por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, instalada recientemente en Honduras, el Presidente presionó a los diputados miembros de su partido para que el Congreso aprobara a finales de febrero reformas penales que sancionan el terrorismo, tipificándolo de tal forma que da lugar a una total arbitrariedad y discrecionalidad de los jueces.

Entre los artículos aprobados destaca el 335B, que expresa que será sancionado como terrorismo todo aquel periodista o medio de comunicación que divulgue o haga “apología del odio”, lo que pretende imponer una mordaza a la libertad de expresión y pone en riesgo a medios de comunicación y periodistas que, por ser críticos del Presidente sean acusados de “odiarlo”.

La comunidad internacional está observando a Honduras con más atención que nunca. Está observando cómo se van cercenando las libertades. Está observando el enorme riesgo de perder la vida que corren quienes defienden los ríos, los territorios, los bienes naturales, la libertad de expresión… Está observando si la MACCIH y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos encuentran obstáculos en el gobierno y en la gran empresa para realizar su trabajo… Están observando y recuerdan a Berta Cáceres, las razones de su vida y de su muerte. También por todo eso, aún hay una oportunidad en este difícil 2017.

“Con la voluntad del pueblo hondureño y con el apoyo de mi partido voy a ser el próximo Presidente de Honduras”, proclamó con seguridad y arrogancia Juan Orlando Hernández, el 6 de noviembre ante 10 mil simpatizantes. Ese día Ortega se reelegía en Nicaragua. Algunos llaman al proyecto continuista de Hernández el camino hacia la instalación en el país de “un danielismo a la hondureña”.

Si tuviéramos que pintar un cuadro de la realidad hondureña en 2016 el fondo sería sin duda rojo. El asesinato de Berta Cáceres ha sido el acontecimiento emblemático de este año. Ese crimen, y la muerte de tantos y tantas, colorea de rojo sangre la realidad nacional. La pérdida de esta mujer fue un acontecimiento de alcance mundial, que puso los ojos del mundo en Honduras, un país que no logra superar tanta violencia y tanta muerte, a pesar del costosísimo aparataje publicitario oficial, que no deja de insistir en que ya dejamos de ser el país más violento del mundo y avanzamos hacia una “vida mejor”.

Al asesinato de Berta Cáceres se sumaron este año los de otros dirigentes indígenas de COPIHN, la organización que ella fundó, y los de dirigentes de otras etnias, también opuestos a las concesiones extractivistas. También han sido asesinados dirigentes campesinos de la región del Aguán. Trazos de una sangre que no cesa de derramarse.

¿QUÉ HA HECHO LA MACCIH?

El proceso político que conduce a la reelección de Juan Orlando Hernández pone trazos cada vez más grises en la pintura de la realidad hondureña en 2016. El año termina con su empecinada decisión de reelegirse, una determinación tan sólida como frágil es la estabilidad social del país que pretende seguir gobernando. 2017 se anuncia marcado por una conflictividad política que, sin duda, superará la de todas las campañas electorales previas.

Grises son también los resultados de la Misión de Apoyo a la lucha contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), auspiciada por la OEA y Estados Unidos. Todavía vivimos a la expectativa de cuáles serán los resultados concretos de la MACCIH. La sociedad indignada exigió en 2015, en las calles una instancia internacional que investigara la corrupción y frenara la impunidad, parecida a la CICIG de Guatemala, auspiciada por la ONU. Al concluir el año lo único que conocemos que haya hecho la MACCIH han sido breves y marginales cuestionamientos y un constante aumento del personal contratado para tareas aún indefinidas.

El destape de los nombres de altos jefes policiales comprometidos en asesinatos de funcionarios públicos, en contubernio con jefes del narcotráfico, seguido de la creación de la Comisión Depuradora de la Policía Nacional, con la consecuente separación de centenares de oficiales y efectivos de la institución policial, es un acontecimiento que también aparece en gris en el cuadro porque expresa la estrecha alianza entre la embajada estadounidense y el Presidente, para adecentar algo la desprestigiada seguridad hondureña y, a la vez, para favorecer su reelección, quitando de en medio a poderosos oficiales de la Policía.

“DANIELISMO A LA HONDUREÑA”

Finalizamos 2016 inmersos ya en un nuevo proceso electoral, que se anuncia como el más conflictivo y complejo y el más políticamente amañado. Algunos analistas consideran que el proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández es el camino hacia la instalación en nuestro país de “un danielismo a la hondureña”.

Todos los analistas coinciden en calificar el proceso político que lidera Hernández como una radicalización del modelo neoliberal para garantizar inversiones extranjeras con un gobierno autoritario blindado con un militarismo represivo. La paleta de colores del cuadro hondureño compone hoy el paisaje político de una “democracia autoritaria”, donde las decisiones se concentran en grupos cada vez más reducidos de la extrema derecha política, controlados por Hernández.

Asistimos a la cristalización de un proceso que nació con la llamada “democracia tutelada”, la que a inicios de los años 80 reemplazó los regímenes militares de las dos décadas precedentes. Como proyecto de la extrema derecha, la “democracia autoritaria” agarró fuerza a partir del golpe de Estado de junio de 2009. Se basa en el militarismo y la subordinación de todas las instituciones del Estado a los liderazgos del grupo más extremista del Partido Nacional.

LOS CINCO PODERES DE LA “DEMOCRACIA AUTORITARIA”

Muchos actores imprimen colores en el cuadro hondureño. A veces unos se imponen sobre otros, pero son siempre cinco los que tienen capacidad para imponer sus intereses sobre los demás. Son las corporaciones transnacionales, la reducida élite oligárquica local, los grupos o redes criminales, los militares y la embajada de Estados Unidos. Al frente del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández ha procurado que estos cinco poderes respalden sus pretensiones continuistas.

La embajada estadounidense apoya la reelección de Hernández siempre que sea reglamentada para un único período. Hernández ha buscado que esa condición sea aceptada, pero no lo ha logrado con todos los de su partido. Y los militares no acaban de ponerse de acuerdo en una postura común y de consenso a pesar de los beneficios que el Presidente ha dado a altos oficiales del Ejército. Las redes criminales tampoco expresan un respaldo consensuado a las pretensiones del Presidente por la desconfianza que sienten hacia quien consideran ha traicionado a varios de sus aliados en el narcotráfico y por lo obediente que ven a Hernández ante las presiones del gobierno de Estados Unidos.

Mientras el Presidente siga actuando dócilmente ante los intereses de las corporaciones transnacionales, y mientras la élite oligárquica se sienta cómoda con un gobierno que le facilita todas las condiciones para la privatización de los bienes públicos, ambos poderes respaldarán a Hernández, sin importarles si su reelección está reglamentada para un único período o si se establece la reelección indefinida. Para estos dos actores las formalidades de la democracia son irrelevantes. No importa si un gobierno respeta o no las reglas democráticas, no importa si es presidencialista o parlamentario o si es una dictadura. Lo único que importa es que las inversiones cuenten con protección oficial.

En un contexto así, el aporte positivo que los actores políticos pudieran dar al escenario nacional es cosmético. Contribuyen a darle rostro de democracia a un proyecto autoritario, concentrando la atención de los medios y de la ciudadanía, que sigue sus avatares de forma festiva y emotiva, distrayéndose del verdadero proceso de pactos entre los cinco poderes, que son los que definen negocios extractivistas, concesiones, privatización de servicios y bienes públicos.

PLURIPARTIDISMO CONTROLADO POR EL BIPARTIDISMO

El proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández marcará el tránsito de la democracia formal y tutelada -por el gobierno de Estados Unidos- a otra formalidad, la que pondrá el peso en el autoritarismo, dada la inestabilidad, la inseguridad, la violencia y el caos que dominan hoy a la sociedad hondureña.

Los partidos políticos también están haciendo una transición: del modelo bipartidista, que durante décadas funcionó como una maquinaria política perfecta. Transitan hoy a un modelo pluripartidista único en su género porque lo controlan los mismos líderes del bipartidismo de siempre.

En marzo de 2017 serán las elecciones primarias de los partidos para que de ellas surjan los candidatos a cargos de elección popular. En noviembre de 2017 se celebrarán elecciones generales, en las que participarán nada menos que nueve partidos políticos. Desde ahora conocemos al ganador de la Presidencia: será Juan Orlando Hernández, que competirá acompañado de un coro pluripartidista de candidatos seleccionados por él, representantes de partidos que él decidió inscribir y que legitimarán su reelección.

REGRESA LA EXTREMA DERECHA

La radicalización del modelo neoliberal en Honduras y la legitimación del proyecto autoritario de Juan Orlando Hernández está refrendado por el liderazgo que ha retomado la extrema derecha en América Latina. Estamos transitando hacia gobiernos distintos a los que, siendo diversos, coincidían en una visión progresista y social del Estado, con políticas más autónomas frente a Washington.

La transición aparece implacable: de las propuestas políticas nacionalistas que iniciaron hace veinte años, y que tuvieron su mayor apogeo en la primera década del nuevo milenio, avanzamos aceleradamente a la administración de los Estados suramericanos por sectores neoliberales radicalizados. Del ALCA de hace veinte años transitamos al ALBA de Lula, Kirchner y Chávez, y hoy retornamos a modelos más radicalmente neoliberales: los de Macri y Temer. Y en el Norte, el del impredecible modelo de Donald Trump.

La correlación de fuerzas es hoy desfavorable al movimiento social. La extrema derecha hondureña y continental se encuentra en auge y unida, mientras el movimiento social pierde fuerzas y se fragmenta. El desafío fundamental es transformar esa correlación de fuerzas.

ESPACIOS DEL MOVIMIENTO SOCIAL

¿Cuáles factores son sostén del modelo neoliberal y pueden transformarse en germen de su autodestrucción? La industria extractiva (minería, concesiones de ríos, de bosques, de territorios, agronegocios, ciudades modelo). La concepción del Estado como negocio (alianzas público-privadas, privatización de los bienes públicos). La corrupción y la impunidad.

Cuanta más conciencia exista en nuestras sociedades y en el movimiento social de los peligros y daños que para el medioambiente, la vida de las comunidades y de los seres humanos representa la industria extractiva, más se avanzará en desenmascarar el discurso de desarrollo de las compañías transnacionales.

Cuánto más se identifique a las oligarquías como responsables de la destrucción de los Estados por su voluntad de mercantilizarlo todo y de privatizar los bienes públicos, más vigorosa será la lucha por recuperar el Estado y su soberanía sobre los bienes públicos y comunes. Cuánto más se investiguen los casos de corrupción en las instituciones públicas llevados a cabo por las mafias políticas y privadas, más se debilitarán esas mafias.

En el movimiento social y popular todo está por hacer, y como nos recordó Albert Einstein “es en la crisis en donde aflora lo mejor de cada uno y es en ella donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”.

El cuadro hondureño es de profunda crisis. Para que en ella nazca todo eso que dice Einstein resulta indispensable que el movimiento social hondureño mantenga su autonomía e independencia frente a los partidos políticos. En Honduras abundan experiencias de alianzas en las que el movimiento social ha acabado casi siempre convertido en correa de transmisión de los intereses del partido. Es lo que ha ocurrido con un movimiento social como el Frente Nacional de Resistencia Popular identificando sus objetivos con los del partido LIBRE.

En tiempos electorales, las comunidades y el movimiento social corren el peligro de quedar atrapados en el proselitismo político, reduciendo su horizonte a la agenda electoral, que es la toma del poder, perdiendo de vista el multicolor fondo del cuadro hondureño.

ESTUDIANTES Y POBLADORES

En ese multicolor escenario ha habido en 2016 trazos de verde esperanza. Durante varios meses la huelga de estudiantes universitarios organizados en el Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) tuvo alcance nacional, tanto por las actividades de presión que paralizaron las tareas docentes como por el nivel de liderazgo que alcanzaron los estudiantes.

La presión estudiantil no sólo fue firme y coherente. También obligó a las autoridades universitarias a sentarse en una mesa de diálogo, con mediadores aceptados por ambas partes, para abordar la revisión a fondo de las normas académicas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, vigentes desde noviembre de 2014. También puso un trazo de esperanza la presión social contra la instalación de peajes en las principales carreteras del país, privatización de un bien público bajo la modalidad de la asociación público-privada.

Este movimiento social inició con una oposición al peaje que para el Ministro de Infraestructura y Servicios Públicos, INSEP, y para las mismas transnacionales no pasaba de ser una escaramuza de rebeldía marginal y local de unos cuantos despistados que con una sola acción represiva o unas promesas de asistencia al desarrollo desaparecía para siempre. Sin embargo, aquella escaramuza tenía incubada una oposición sistémica al modelo de peaje sustentado en la privatización de los bienes públicos y en la pérdida de la soberanía de la ciudadanía para transitar libremente por tu propio territorio. Es decir, además de ser un modelo de privatización, es un proyecto que viola la Constitución de la República que en su artículo 81 garantiza la libre locomoción de la ciudadanía por todo el territorio nacional. De la así considerada escaramuza local se pasó a una presión social, política y jurídica de alcance nacional. A esto sí le comenzó a preocupar al Ministro de INSEP, especialmente cuando a inicios de octubre su gobierno decidió comenzar a cobrar en las casetas de peaje cercanas a El Progreso, y que provocó que sectores de pobladores se instalaron en ellas iniciando una decidida campaña en contra del cobro.

En pocos días, de cada 100 vehículos 97 no pagaron el peaje. La lucha no violenta y de desobediencia civil iniciada por pobladores y unos cuantos comerciantes tocó la conciencia nacional en defensa de los bienes comunes y la soberanía.

¡SIGA DE VIAJE, NO PAGUE PEAJE!

La oposición al cobro del peaje, con la consigna “Siga de viaje, no pague peaje” se promovió en las principales carreteras hondureñas y creó conciencia ciudadana. En la primera semana de noviembre una caravana de unos 50 vehículos, llamada “Soberanía vial”, recorrió la carretera principal que une Tegucigalpa con el norte del país con conductores decididos a ejercer el derecho constitucional de transitar libremente sin pagar peaje sobre una vía concesionada por el gobierno a una transnacional vinculada a diversos capitales internacionales, entre los que destaca la inversión colombiana.

A la altura de la ciudad de Siguatequepe, equidistante entre Tegucigalpa y San Pedro Sula, la caravana, apoyada por organizaciones populares, entre ellas el COPINH fundado por Berta Cáceres, se toparon con una auténtica muralla conformada por trescientos policías antimotines armados con pistolas, toletes, gases lacrimógenos, escudos y tanquetas de guerra.

La muralla policial cubría toda la carretera, impidiéndole el paso a vehículos y a personas. La caravana exigía la derogación del decreto que “legaliza” las casetas de peajes y reclamaba un diálogo nacional entre el gobierno central, las municipalidades, la empresa privada y las organizaciones comunitarias para definir un modelo que garantice que las carreteras seguirán siendo bienes públicos no privatizados.

El Progreso tiene tradición de lucha. En esta ciudad, hoy con más de 300 mil habitantes, inició en 1954 la huelga bananera más importante de la historia del país, ganándose desde entonces los progreseños el calificativo de “revolucionarios” para unos y de “revoltosos” para otros.

Después de cuatro horas de ser impedida de avanzar, la caravana decidió regresarse y los antimotines disolvieron la muralla, aunque a la altura de las casetas de peaje en Zambrano detuvieron a varios participantes. Dos de las mujeres detenidas terminaron en la cárcel en la capital y fueron liberadas gracias a una decidida presión popular que se apostó en las instalaciones policiales. ¿Acusación? Desobediencia a la autoridad. Y así era: la caravana fue una expresión de desobediencia civil a una ley anticonstitucional que atenta contra los bienes públicos.

EL ROJO Y EL VERDE

La respuesta represiva a esta protesta pacífica cumplió lo que dice el dicho, que “por las vísperas se conoce la fiesta”. Si una medida como ésta la decide en 2016 un gobierno que busca reelegirse en 2017 ya sabemos que el segundo mandato de ese gobierno, con una mayor concentración de poder, recrudecerá la represión.

Sí, en el año 2017 nos espera mayor conflictividad. También nos espera un movimiento social que seguirá en ebullición, alimentado por los crecientes malestares populares. No faltarán ni el rojo de la sangre ni el verde de la esperanza. 

Honduras ha entrado en la campaña electoral del Partido Demócrata en momentos en que avanza el proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández. La campaña en Estados Unidos de la fórmula presidencial Hillary Clinton – Tim Kaine tiene vasos comunicantes directos con la reelección de Juan Orlando Hernández. Porque Kaine tiene “un amor” en Honduras y porque JOH cuenta con el apoyo de Estados Unidos para seguir gobernando.

Pero sobre todo porque la inestabilidad, violencia y corrupción han carcomido a la institucionalidad hondureña que al gobierno de los Estados Unidos no le va quedando otro camino que tomar en “adopción” una democracia que luego de carca de cuatro décadas de procesos electorales continuos ya no solo dejó de crecer, sino que se quedó raquítica que ya no puede sobrevivir sin la inyección externa que le suministra el gobierno de los Estados Unidos.

El hombre que durante seis meses de 2015 fue masivamente rechazado por decenas de miles de personas con la consigna ¡Fuera JOH! tiene ya todo atado y bien atado para reelegirse como Presidente de la República en las elecciones de 2017. Mientras su poder se consolida y la campaña electoral que se avecina anuncia violencia, Honduras, un país insignificante en la política internacional, entró de lleno en la campaña del Partido Demócrata, que aspira dentro de pocas semanas a llevar a Hillary Clinton a la Casa Blanca.

Cuando la candidata Hillary Clinton anunció el 22 de julio a Tim Kaine como su compañero de fórmula para la Vicepresidencia, el nombre de Honduras ocupó espacios en las primeras planas de medios nacionales e internacionales. Justo cuando el país se hunde en el mayor de sus deterioros, y cuando todas las decisiones fundamentales se vinculan con hilos extraños a la identidad e intereses de la sociedad hondureña, más cerca se encuentra Honduras de los Estados Unidos. Cuando se avizora la campaña electoral más polarizada y destructiva en Honduras, más hilos la vinculan a la política de los Estados Unidos. 

Kaine, senador por Virginia y uno de los responsables de política internacional en el Senado estadounidense, declaró que su compromiso político sería impensable sin su experiencia de trabajo con sectores pobres a comienzos de los años 80 en este remoto y macóndico rincón de la costa norte hondureña que es El Progreso. “Esa experiencia me marcó -dijo Kaine en varias entrevistas-. Hay dos amores que dan fuerza a mi vida: el amor de mi familia y el amor a El Progreso, donde trabajé con los pobres y con los jesuitas”. Periodistas nacionales e internacionales se aparecieron inmediatamente por esta caliente y polvorienta ciudad de El Progreso buscando declaraciones de los jesuitas.

Días después de su selección para la Vicepresidencia, el 13 de agosto, “The New York Times” publicó un reportaje realizado por la periodista Sonia Nazario, Premio Pulitzer, en el que quiere asentar la idea de que Honduras dejó de ser el país más peligroso del mundo para ser el más seguro gracias a la política desarrollada aquí por el gobierno de Estados Unidos. La crónica de la periodista se enfoca en la “Rivera Hernández”, una zona al noreste de San Pedro Sula, el sector más violento de la ciudad más violenta del país y del mundo.

Nazario, quien un par de años atrás escribió un libro sobre el drama de los migrantes de Centroamérica en ruta hacia el Norte, destaca en su texto los magníficos resultados que han tenido las políticas estadounidenses para reducir la violencia en la turbulenta zona de la “Rivera Hernández”. “Hace tres años -así comienza su escrito- Honduras tenía la tasa de homicidios más alta del mundo, San Pedro Sula tenía la más alta del país y el vecindario “Rivera Hernández”, donde 194 personas fueron asesinadas o apuñaladas hasta la muerte en 2013, tenía la tasa de homicidios más alta de la ciudad. Decenas de miles de jóvenes hondureños viajaron a Estados Unidos para pedir asilo y alejarse así de la violencia de las pandillas y de los narcotraficantes”.

“Este verano -continúa- regresé a la “Rivera Hernández” para encontrarme con una reducción significativa de la violencia, en gran parte gracias a los programas desarrollados por Estados Unidos, que han ayudado a que los líderes de las comunidades combatan el crimen. Al tratar la violencia como una enfermedad contagiosa y transformar el ambiente donde se propaga, Estados Unidos no sólo ha ayudado a hacer que estos lugares sean más seguros, también ha reducido los problemas que padecían”.

Este reportaje en un diario de tanta influencia en Estados Unidos tiene la clara intención de abonar a la campaña de Hillary Clinton, destacando los éxitos de la política de seguridad de Estados Unidos en nuestro país. Y de paso, apoya también la campaña de Juan Orlando Hernández, pues la periodista no deja de referirse a la estrecha alianza de Washington con el gobierno hondureño, dedicado hoy a asentar su reelección en el imaginario nacional como el mejor camino para proseguir con la “Vida Mejor”, uno de los ejes de su propaganda.

Es así como la campaña demócrata Clinton-Kaine y la campaña reeleccionista de JOH aparecen vinculadas, usando ambas a los más pobres, particularmente a los jóvenes y niños víctimas de la violencia o en situación de riesgo social.  Mientras JOH usa a la gente miserable como fuerza proselitista a través de decenas de programas asistencialistas, políticos de Estados Unidos usan al país más miserable y violento del continente para probar que pueden gobernar “pacificando” a los violentos.

“Vamos por más cambios” dice uno de los eslóganes de Juan Orlando Hernández, copiándose del “Vamos por más victorias” uno de los de Daniel Ortega y su esposa en la vecina Nicaragua, de donde la pareja presidencial hondureña copia el ejemplo para avanzar hacia la concentración de poderes y decisiones personalistas.

“Honduras ya dejó de ser el país más violento del mundo. Ya no es ni el primero ni el segundo ni el tercero ni el quinto. Hay países vecinos que nos han quitado el puesto”, suele decir el Presidente, refiriéndose a la violencia que se ha apoderado de El Salvador con la intensificación del conflicto entre maras. Y ese logro --así lo cuenta a sus lectores Nazario--, es fruto del apoyo de las políticas de seguridad que Estados Unidos desarrolla en nuestro país.

En el marco de esas políticas uno de los programas es el de “Prevención de Violencia”, que se viene impulsando a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Entre sus componentes están los llamados “barrios modelo” y “colonias modelo”, lugares conflictivos en donde elementos del gobierno de Estados Unidos establecen alianzas con gobiernos locales y con instancias del Ministerio de Seguridad y de otros ministerios con el propósito de intervenir en esos espacios construyendo parques y lugares de recreación, mejorando la infraestructura pública y las instalaciones de salud y educación e instalando postas policiales con sus respectivas unidades motorizadas de patrullaje.

Las alianzas no las hacen sólo con los gobiernos locales, también con otros sectores de la sociedad civil, con patronatos e iglesias. A nivel nacional el programa ha establecido una buena relación de cooperación con la Alianza por una Sociedad más Justa (ASJ), instancia desde la que Estados Unidos impulsa otros programas relacionados con investigaciones, derechos humanos, incidencia y fomento de la democracia.

El programa “Prevención de Violencia” parece tener una línea específica vinculada a algunas iglesias evangélicas para diseminar mensajes religiosos que incidan en la población. Quien recorra Honduras con ojos avispados observará que son muchos los muros y paredes de todas las ciudades del país que tienen escritos mensajes religiosos. Algunos son citas textuales de la Biblia, otros son citas que se atribuyen a textos bíblicos, pero que han sido glosados con redacciones más atractivas. Son centenares, quizás miles, los mensajes pintados por doquier.

Tienen un mismo formato, un mismo estilo, un mismo tamaño de letra, los mismos colores y todos llevan los créditos de la iglesia evangélica “Iglesia Renacer”, lo que indicaría que esa iglesia tiene una notable capacidad para desarrollar una publicidad masiva… o tal vez se trata de una “iglesia de maletín” que está dando cobertura a la estrategia de la política de seguridad del gobierno de los Estados Unidos bajo el programa “Prevención de violencia”.

La periodista Nazario conoce perfectamente que Estados Unidos está metido hasta el tuétano en la política hondureña y que es el principal respaldo con el que cuenta el gobierno de Juan Orlando Hernández. Sabe también que Washington dejó de confiar en sus aliados tradicionales en Honduras, lo que incluye al gobierno de Hernández, al que trata con desconfianza, pero al que sigue apoyando al no tener otros sectores a quienes respaldar.

Honduras se ha convertido hoy para Estados Unidos en un territorio en emergencia por razones de seguridad. El masivo fenómeno de niños migrantes no acompañados ejerció una gran presión en Estados Unidos para que la política de seguridad que ya se venía desarrollando con fuerza en nuestro territorio adquiriera tintes de emergencia.

La avalancha humana rumbo al Norte se considera una “crisis humanitaria” y eso requiere de políticas de seguridad, que se están implementando actualmente, tanto en Honduras como en la ruta que recorren los migrantes. Crear barreras de contención políticas, legales, sociales, policiales, militares y sicológicas para detener el masivo éxodo de hondureños y de centroamericanos hacia Estados Unidos es uno de los objetivos de Washington, que ha sumado a la contención otras estrategias, entre ellas la captura y extradición de capos hondureños del crimen organizado y del narcotráfico, la prevención de violencia en barrios y colonias del país y el apoyo a nuevas generaciones de políticos que releven a los viejos aliados tradicionales, tan salpicados de corrupción y de vínculos con la delincuencia.

¿Es tan cierta la “pacificación” de la “Rivera Hernández” en San Pedro Sula de la que habla Nazario? Sus habitantes lo dudan. Siguen caminando por esas calles, trabajando en ese lugar y durmiendo en sus mismas casas con un miedo idéntico al que tenían hace tres años. Conocen los mismos datos de muertes macabras que hace tres años. Y sienten las mismas amenazas de las bandas juveniles y de la policía que sentían hace tres años.

Al menos en una de las fotografías que ilustra el texto de Nazario aparecen niños de padres asesinados en ese vecindario, de cuyas muertes el gobierno no ha dado ninguna cuenta, manteniéndolos en la más absoluta impunidad porque existe la fundada sospecha de que esos crímenes los cometieron personas o grupos directamente vinculados a autoridades policiales. Mostrar las fotos de esos niños, hijos de esos padres, como prueba de la “pacificación” es una grave falta de ética.

El texto de Nazario es propaganda electoral para Hillary Clinton, quien en 2009, cuando era Secretaria de Estado, no condenó el golpe contra el Presidente Manuel Zelaya, sino que dio a los golpistas ventajas sobre la delegación que representaba al gobierno defenestrado en las rondas de diálogo que se desarrollaron en aquella dramática coyuntura.

El carácter apologético de ese texto coincide también con el proceso de implementación de la Alianza para la Prosperidad aprobada por el gobierno de Estados Unidos para Honduras, El Salvador y Guatemala, un proyecto que ha despertado críticas y cuestionamientos, tanto en Centroamérica como en Estados Unidos. En la coyuntura electoral estadounidense el Plan encaja con el interés del Partido Demócrata de mostrar su compromiso con una política pro-migrantes, para distanciarse de la xenofobia del candidato republicano Donald Trump.

Pero, ¿es la Alianza para la Prosperidad un proyecto pro-migrantes? El discurso que acompaña esa Alianza insiste en que para detener la migración es necesario impulsar procesos de transformación en los países de origen, reduciendo la violencia con programas de educación y creación de empleos, calculando que eso no sólo detendrá la migración, sino que llevará a las sociedades centroamericanas del Triángulo Norte a respaldar la presencia interventora de Estados Unidos en la región.

750 millones de dólares son los recursos que destina la Alianza para los tres países centroamericanos, cantidad ridícula cuando se compara con las remesas que los migrantes hondureños enviaron a Honduras en 2015: casi 3 mil millones de dólares. Contrastar ambas cifras deja al descubierto la falacia de un proyecto que se publicita como un enorme apoyo para el desarrollo de Honduras, cuando sabemos que el trabajo de los más pobres es en verdad la “alianza para la prosperidad” de las familias más pobres de Honduras. Lo que necesita nuestro país, entre otros, son programas que promuevan que los fondos millonarios de las remesas no acaben engrosando las cuentas de la reducida élite empresarial del país.

Otra información que no encontramos en el texto de Nazario es que la educación en los centros escolares de la “Rivera Hernández”, de acuerdo a las informaciones recabadas en esa misma zona periférica sampedrana, la están impartiendo policías identificados por muchas personas de ese lugar como responsables de asesinatos y desapariciones de jóvenes. Es mucha la gente de ese lugar y de otros muchos lugares de Honduras que conoce de los vínculos de la institución policial con redes criminales. ¿Cómo hablar de “pacificación” si se entrega la educación a quienes son responsables de la “limpieza social” que tanto horror ha causado en ese barrio?

En Honduras persisten las señales de que la “limpieza social” -asesinatos que quedan impunes de jóvenes a los que, sin ninguna prueba, se les supone delincuentes-sigue vigente en barrios y colonias populares de las principales ciudades del país. Sabemos también que el 58% de los fondos destinados a Honduras en la Alianza para la Prosperidad serán destinados a programas de seguridad, entre ellos “pacificar” por vías militares y policiales y adoctrinar a niños y jóvenes. Será, pues, una “pacificación” sostenida en la fuerza y el miedo.

Hablemos un poco más de Tim Kaine, el candidato demócrata a la Vicepresidencia de Estados Unidos. Es, efectivamente, amigo de los jesuitas, y cuando habla de su experiencia en Honduras en 1980 y 1981, cuando colaboró con las obras sociales de los jesuitas de El Progreso, trasluce franqueza y honestidad.

En febrero de 2015 Kaine visitó de nuevo El Progreso. Actuó con mucha espontaneidad al encontrarse con los jesuitas y expresó su convicción de que la inversión en la educación de la juventud pobre y sin oportunidades es condición indispensable para el desarrollo integral de toda sociedad. En esta visita de Kaine se evidenció nuevamente como una persona buena y moralmente responsable. Pero en el engranaje institucional al que pertenece, el que sostiene el poderío de ese imperio que es Estados Unidos, se diluye su bondad personal.

Lo comprobamos cuando nos visitó en 2015. La visita fue concertada en noviembre de 2014 entre el senador y un sacerdote jesuita que lo visitó en su oficina en Washington. Unas semanas antes, su oficina envió la agenda que seguiría el senador, en la que destacaba un encuentro con los jesuitas y con sus obras sociales, por expreso deseo de Kaine. Sin embargo, sólo unos días después la agenda fue redefinida por otra oficina, vinculada al Departamento de Estado y a la embajada de Estados Unidos en Honduras. En esta nueva agenda las prioridades eran encuentros formales con las autoridades, imponiéndose así los intereses del gobierno más poderoso del planeta sobre los planes y deseos personales de Tim Kaine.

Por eso, aunque Tim Kaine conoce muy bien que el Presidente Juan Orlando Hernández usó fondos del Seguro Social para financiar su campaña política, un auténtico crimen en un país con un sistema de salud tan precario, y sabe también de los vínculos con el crimen organizado de oficiales de la Policía, del Ejército y de funcionarios muy cercanos al Presidente de la República, no pudo dejar de saludar amablemente al mandatario hondureño en Tegucigalpa y de recibirlo cordialmente en Washington.

Como senador, Tim Kaine ha realizado muchas obras buenas en su país y ha vivido su carrera política con probada honradez. Y cuando hace referencia a los años que vivió en Honduras siendo muy joven, siempre hace referencia a las lecciones de humanismo que recibió aquí de la gente más pobre.

Quisiéramos haberlo escuchado en alguna ocasión referirse al negativo papel que jugó en nuestro país el gobierno de Estados Unidos en los oscuros años 80, cuando Washington, bajo el gobierno de Reagan y en nombre de la doctrina de la seguridad nacional, convirtió nuestro territorio en plataforma desde la que hacer la guerra contra la revolución nicaragüense y las guerrillas de El Salvador y Guatemala.

Ni siquiera le hemos escuchado referirse a la desaparición en septiembre de 1983 de su compatriota, el sacerdote estadounidense Guadalupe Carney, víctima de un operativo combinado entre militares hondureños y estadounidenses. No ha acompañado tampoco a los familiares de Carney, también compatriotas suyos, que durante muchos años han realizado infructuosamente esfuerzos para conseguir del gobierno de Estados Unidos alguna información sobre el lugar donde quedaron sus restos.

¿Cuál será el comportamiento de Tim Kaine si llega a ser Vicepresidente de Estados Unidos? Con lo que ya sabemos del senador y del país que representa podemos especular que buscará hacer cosas buenas en beneficio de la población más pobre de Honduras, de Centroamérica y en general de los países empobrecidos del planeta. Por eso, probablemente influirá para que aumente el presupuesto de organismos como la AID, enfocados en programas de asistencia en educación, ayuda humanitaria, desarrollo local y beneficios a pequeños y microproductores y empresarios.

Seguramente, Kaine apoyará iniciativas orientadas a beneficiar a miles de migrantes latinos que ya estén en territorio estadounidense y propondrá leyes que dignifiquen a esa población, tan discriminada por su origen y por su estatus de “ilegales”. Velará también por la ampliación de las libertades públicas y los derechos sociales de todos quienes integran la sociedad de Estados Unidos.

A la vez, Kaine guardará prudencial silencio ante las políticas militares de la Casa Blanca y mantendrá una estrecha relación con el Comando Sur, especialmente en sus proyectos para México y Centroamérica, aunque cuidando que se respeten los derechos humanos. Mantendrá buenas relaciones con los gobiernos de América Latina, especialmente con los centroamericanos, respaldando políticas de ayuda bilateral que fomenten el desarrollo social y económico y fomenten a las medianas, pequeñas y microempresas, enfatizando que la ayuda de Estados Unidos incorpore mecanismos de fiscalización y transparencia en el uso de los recursos. Seguramente será firme en combatir la corrupción y en fortalecer las instituciones de justicia para erradicar la impunidad y tendrá como prioridades el respeto a los derechos humanos, el Estado de Derecho y la celebración de procesos electorales legitimados por la transparencia y la observación internacional.

Y, aunque se interesará porque surjan nuevas generaciones de políticos que sean auténticos servidores públicos, trasparentes en el uso de los recursos públicos, seguirá manteniendo las mejores relaciones con las élites empresariales y políticas de la región latinoamericana, particularmente con las de Centroamérica y México. Honduras no será la excepción en ese mundo de “las mejores relaciones”, aunque Kaine se esmere en beneficiar a los sectores hondureños empobrecidos con los que han trabajado los jesuitas y que tanto contribuyeron a moldear su compromiso social.

¿Será así, se comportará así Tim Kaine? Sea lo que fuere, no hay duda de que Honduras, un país empobrecido por políticas definidas siempre afuera, sin contar con la inmensa mayoría y, con frecuencia, en contra de esa inmensa mayoría, ha entrado en la agenda electoral del Partido Demócrata en el momento en que se fortalece la reelección de Juan Orlando Hernández.

En marzo de 2017 se elegirán los candidatos de los partidos políticos que competirán en las elecciones generales de noviembre de 2017 y los “éxitos” de la “pacificación” que lleva a cabo el gobierno de Estados Unidos son uno de los activos de la campaña reeleccionista de Juan Orlando Hernández. Él lo sabe y por eso hace jugadas tan contradictorias como eficaces. Se compromete en Ginebra a retirar al Ejército de las calles, a donde lo envió a garantizar la seguridad ciudadana. Agudiza el cuestionamiento a los altos jefes policiales para dejar puertas abiertas para que la Comisión de Depuración creada al calor de sus intereses vaya debilitando la institucionalidad policial y envíe al desempleo a centenares de policías. Pero en los últimos días de agosto crea dos nuevos batallones de la Policía Militar del Orden Público, mejor conocida como la Policía Militar a la Orden del Presidente.

Todos estos movimientos los realiza Juan Orlando Hernández mientras va recubriendo de legalidad su reelección. En la tarea de controlar todas las instituciones nacionales y en la de retorcer leyes para darle legitimidad, lo alienta la experticia de Daniel Ortega, que ha hecho igual en Nicaragua. En él ve Hernández que, cuando se logra tener en las manos todos los hilos de un país, se logra no sólo, reelección tras reelección, sino también un régimen familiar.

El equipo de Juan Orlando Hernández boicoteó la iniciativa de la sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, que indicó que debía realizarse un plebiscito para que la población decidiera si quería o no la reelección. Y en agosto, con artimañas, el Presidente logró que la Corte pusiera fin al debate con esta formulación “El asunto de la reelección es cosa juzgada”.

La reelección del Presidente se ha convertido en motivo de inestabilidad y de confrontación. En las campañas que se avecinan confluirán las polarizaciones, amenazas, violencias y agresividades acumuladas en la sociedad hondureña en las últimas décadas. Se prevé una campaña violenta y peligrosa, en la que la reelección será detonante de muchos conflictos.

Las redes sociales ya lo anticipan. En los últimos días de agosto, a raíz del lanzamiento de Xiomara Castro, esposa de Mel Zelaya, como pre-candidata por el partido LIBRE, las amenazas de muerte contra dirigentes de ese partido proliferan en Twitter y Facebook, donde aparecen rostros de personas reales esgrimiendo armas pesadas también reales. Se amenaza también a través de mensajes y llamadas telefónicas. ¿Qué pasará cuando inicien las campañas?

Las vísperas, ya violentas, están indicando que la fiesta electoral será una guerra entre el sector de la extrema derecha hondureña, liderado por el Presidente y una oposición sin más vertebración que la frágil coincidencia en el rechazo de su reelección. Con un proyecto tan extremista como el del sector reeleccionista podría esperarse que los diversos sectores sociales opositores estarían firmemente unidos en un proyecto común. Pero no es así. Ni siquiera dentro del partido LIBRE existen líneas articuladoras sólidas. Tampoco las hay entre LIBRE y los otros partidos de oposición.

Es de esperar que ante la ausencia de una oposición política partidaria vertebrada, crezca la conciencia organizativa y movilizadora de los diversos sectores no partidarios que, desde las luchas territoriales y por temáticas específicas, articulen un esfuerzo nacional en contra del proyecto autoritario de Juan Orlando Hernández, ya que un esfuerzo centrado únicamente en el tradicional proselitismo electoral redundará inevitablemente en dar legitimidad a la reelección presidencial.

Articular los esfuerzos contra el extremismo neoliberal, expresado en el extractivismo, la privatización de los bienes comunes y los bienes públicos y las alianzas público-privadas que imponen las corporaciones transnacionales, es lo único que podrá enfrentar en mejores condiciones esta nueva coyuntura electoral, conduciendo a visiones de mediano plazo y a los cambios profundos que Honduras necesita.

 

Ir al Foro Social Mundial es pasar días enteros buscándolo, sin saber a ciencia cierta si en realidad uno estuvo en el Foro Social Mundial, o si todavía lo sigue buscando. Es un acontecimiento extraordinario. Pero uno queda con la sensación de haber asistido a un cúmulo de micro acontecimientos, actividades dispersas sin que nadie pueda dar cuenta de la orientación general y sin que nadie te pueda señalar con un dedo o con el GPS dónde está el centro, o la orilla pues, desde donde se pueda ver el conjunto de todo, y si de verdad existe acaso un conjunto.

Es un evento histórico que por no tener un molde posible, expresado en ese genérico grito de otro mundo posible, solo podría caber en lo que los teóricos de pasillo –inflamados de resabios intelectuales-- suelen llamar anarquismo, que es lo mismo que decir que todo se escapa como agua en mano, que nadie manda a nadie y que todo lo que se manda es de sospechar.

Hay un documento, tan grueso que parece libro, en donde están contadas o anunciadas las actividades y talleres. Cada evento parece tener su propia autonomía, y el rasgo que más distingue al conjunto –desconjuntado—es un montón de gente andando de un lado a otro con cartel en pecho, vestimenta informal, buscando un lugar con gente donde meterse a escuchar cualquier cosa, porque todo lo que en cualquier lugar se diga será antiimperialista, antirracista, antiextractivista, antipatriarcal, y todos los antis capitalistas que jamás podrían caber en cualquier molde, solo en el desmoldeado Foro Social Mundial.

Ese es el mayor aporte del Foro, decirle al mundo que esas cosas estructuradas, agendadas hasta el tuétano y en sus detalles, con tiempo y formalidades establecidas, acabaron deshumanizando a la gente, a los países y a las instituciones. Y por mantener la formalidad de las cosas, los conductores de este mundo del “ordena y mando” acabaron hartándose los bienes comunes y de la naturaleza, convirtieron en robots las relaciones humanas, y por el afán de convertir todo en dinero, acabaron hablando de Dios, pero convirtiendo el planeta entero en un infierno terrenal, con un reguero mundial de gente hambrienta en un reducido mundo de hartados. Contra ese mundo de gente bien situada, sembrada en el más puro cinismo de la doble y hasta triple moralidad, sembrada en la ley y en Dios, en el dinero y en el Estado, es por lo que existe, o parece  existir, y alcanza su sentido el Foro Social Mundial.

Ese es el grito del otro mundo es posible que da rienda suelta y hace valedero a este incontrolable e irredento Foro Social Mundial. Y a mí me da gusto estar en él. Al menos porque dura unos pocos días. Es un grito que en los hechos terrenales como el que se observa en Montreal, es antisistémico, ácrata, cargado del más puro valeverguismo informal, desinstitucionalizado y mordaz. Eso sí, detrás de la aversión a la institucionalidad y bajo la promesa de hacer de este mundo otro posible, se arrastra el individualismo del sistema del que se quiere escapar; nadie parece que quiere pautas o pistas, ni coordinaciones y menos a coordinadores o directores. Nada de partidos políticos. Cada quien a mandarse solo; cada quien por su cuenta y riesgo, siempre que se tenga el dinero para el billete del avión y para tomarse el café no importa que sea en Starbucks, con la pizza o la hamburguesa.

Si Usted quiere saber dónde está el Foro Social Mundial, basta que llegue a cualquiera de las sedes de la Universidad de Montreal, y entonces verá miles de papeles, cárteles, afiches, camisetas, una marcha por aquí y otra marcha por allá. Ya llegó al Foro Social Mundial. Un sinfín de camisetas de infinitos colores y leyendas. De acuerdo al programa –porque hay programa, esa suma de actividades kilométricas-- puede ocurrir que simultáneamente estén programados cien talleres. O doscientos. En todos hay gente, desde cinco personas, incluyendo los ponentes, veinte personas o hasta cien o doscientos. Yo participé como ponente en uno de cien, con el tema de la Encíclica Laudato Sí.

El Foro Social Mundial es como un archipiélago. Centenares de talleres y eventos, como islas. Con la diferencia de que aquí cada isla está en movimiento. Pero sin dejar de ser isla. El Foro es un mar poblado de centenares de islas, la mayoría pequeñas. Aunque he hecho todo los esfuerzos que pude, no logré nunca identificar los hilos, los puentes, los vínculos entre un evento con otro. Sin duda existen, pero están camuflados, invisibles, como aquella mano de la que dicen del capitalismo, “la mano invisible del mercado” ¿Cuál es esta mano invisible del Foro Social Mundial?

A mí me llevó al Foro Social Mundial una ONG muy generosa. Presiento que muchísima gente llegó como yo, pagada por una ONG. Y si el Foro Social Mundial es antisistémico, sin que nadie lo mande o lo conduzca, sin orden posible y sin liderazgos visibles, y sin embargo funciona, ¿no serán acaso las ONGs esa “mano invisible” que mueve los hilos, pero que aparece agazapada, sin que nadie lo sepa, aunque la mayoría sepamos que estamos en el Foro Social Mundial gracias a una de ellas?

¿No es acaso este tiempo de los Foros Sociales, el tiempo de la conducción mundial de las ONGs?

¿Qué relación hay entre ellas y los Estados, y las empresas privadas? ¿Qué relación hay entre ellas y los pueblos organizados o víctimas de las políticas imperiales? ¿Sustituyeron ellas a los partidos políticos? ¿Son sustitutas de un movimiento social todavía anémico? ¿Y qué relación se puede seguir teniendo para que esta “mano invisible” se convierta en portadora de alianzas permanentes de solidaridad entre los pueblos, y que finalmente ellas mismas se hagan a un lado para que emerjan los liderazgos conductores en estas nuevas generaciones de “otros mundos posibles” con propuestas organizadas desde los que ahora son los perdedores y perdedoras de la historia?

Muchas preguntas, pocas o casi ausentes respuestas. Mejor seguiré en mi infructuosa tarea de encontrar el Foro Social Mundial. Quien quita que por buscarlo, quizás no lo acabe de encontrar, pero sí nos sigamos encontrando muchísima gente de aquí y de allá que creemos en las luchas comunes, y desde lo nacional y lo local, vayamos encontrando las respuestas desde la escucha de los clamores de los pueblos excluidos. 

Si uno pensaba en alguna candidata a la Presidencia de la República, que representara los intereses de la nación, los anhelos de toda la población y que lo hiciera desde los más pobres, ésa era Berta Cáceres, “la Niña guardiana de los ríos”, Una mujer indomable, insobornable. Por eso la mataron.

El crimen de Berta Cáceres quedará en la impunidad. Todas las fuerzas oscuras del país, bajo el mando de la empresa DESA, que tiene aliados en el Ministerio Público, así lo han decidido. Y en el aire enrarecido de este país prevalecerá lo que esas fuerzas han regado a través del poder mediático: se trató de un crimen pasional teñido de conflictos internos en la organización que Berta fundó. Sólo la presión popular interna, en estrecha articulación con las voces de la solidaridad internacional, podrán revertir esta impunidad. 

UNA AMISTAD TEJIDA DURANTE AÑOS

Eran las 4 de la madrugada del jueves 3 de marzo, mi hora cotidiana de despertarme, cuando descubrí decenas de llamadas perdidas en el celular. No acababa de contarlas cuando me llamaba Gustavo Cardoza, entrañable compañero de trabajo: “Quizás ya lo sabe, pero por las dudas le informo que han asesinado a Berta Cáceres”. Me senté en la cama con la esperanza de estar sumergido aún en el sueño, uno de los frecuentes y tortuosos sueños en que veo la sangre. Son tantos en Honduras -un país atravesado por la zozobra y por continuas noticias ingratas- a quienes la realidad de la muerte y las amenazas nos persigue hasta esa zona recóndita del inconsciente… 

Pero no era un sueño. Todas las llamadas perdidas eran de personas cercanas. Todas sabían de la amistad que Berta y yo habíamos tejido a lo largo de años de pláticas, reuniones, caminatas, luchas, discusiones, debates y complicidades compartidas. De repente, recordé que me había acostado con el escrúpulo de haber olvidado de llamar a Iolany, la coordinadora de comunicaciones de nuestra plataforma social en el ERIC y en Radio Progreso. Berta me había llamado la tarde anterior, a las tres y nueve minutos, apenas doce horas antes de que la mataran, para concertar un foro y dos programas de radio con el mexicano Gustavo Castro, experto en energías alternativas, hoy único e incómodo testigo de lo que ocurrió la noche del crimen. 

Por las gestiones y las infinitas relaciones de Berta, COPIHN (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) había traído a Gustavo al país para que compartiera sus experiencias con diversas organizaciones defensoras de los bienes comunes de la Naturaleza, que luchan contra la energía térmica. Quedamos en que los dos, Berta y Gustavo, vendrían a la radio el 8 de marzo para que les hiciéramos una entrevista en la revista radial que transmitimos todas las semanas. También estarían conmigo en el programa diario y nocturno de una hora, “América Libre”. 

“Pero no se le olvide, que usted es bien volado”, fueron las últimas palabras de Berta. “No te preocupes, mujer. Sólo llego a la radio y coordino con Iolany”, le dije, más para tranquilizarla que por seguridad de que no se me olvidaría. Llegué a la radio al final de la tarde, saludé a Iolany, pero olvidé por completo coordinar lo de Berta. Me acordé hasta las diez de la noche, cuando ya estaba quitando el promontorio de cosas que acostumbro a tener sobre mi cama para dormir. Sólo pensé: Hay tiempo mañana para coordinar, sin saber que el tiempo de Berta se acababa esa noche… 

CREÍAMOS QUE ELLA ERA INTOCABLE

Cuando uno recibe una noticia tan estremecedora como ésa recordará para siempre hasta los pequeños detalles del momento en que la recibió. Así me sucedió el 16 de noviembre de 1989 cuando supe del asesinato de los jesuitas y de Elba y Celina. Y así también, cuando años atrás, el 24 de marzo de 1980, alfabetizando campesinos en Boaco, Nicaragua, supe que habían asesinado a Monseñor Romero, a quien había escuchado el día antes en su última homilía en un destartalado aparato de radio. 

Después de saber que habían matado a Berta quedé paralizado unos cinco minutos, incrédulo, queriendo despertar de esa pesadilla. En Honduras, en donde la muerte ronda por todos lados, uno no deja de preguntarse en qué momento le tocará, si al abrir el portón en la madrugada para ir al programa mañanero de la radio o si en la carretera o si al ir a comprar las tortillas del desayuno... Así va la vida en esta nuestra Honduras, teñida de sangre, violencia y riesgos. 

Cada quien desarrolla sus propias defensas sicológicas y se arma del escudo de una lógica de posibilidades. En el caso de Berta pensábamos que no lo harían. ¿O ilusamente queríamos verlo así? Creíamos que sus múltiples reconocimientos la hacían intocable. Tal vez por la ingenuidad de quienes queremos seguir creyendo que también los violentos y codiciosos de este país tienen sus límites. O tal vez creíamos eso como un recurso para tener seguridad en algo. Con el importante Premio Goldman que le dieron a Berta en abril de 2015, el premio más valioso del planeta para quienes defienden el medioambiente, ¿quién podría tocarla? En eso confiábamos muchos cuando la vimos premiada, yo entre ellos. 

“SERÁS NUESTRA CANDIDATA”

Si uno pensaba en alguna candidata a Presidenta de la República que representara los intereses de toda nuestra población y que lo hiciera desde los más desposeídos, esa mujer solo podía ser Berta Cáceres. 

Yo la bromeé en muchas ocasiones con esa idea, una broma que tenía sustento real. “Berta, vos serás Presidenta de Honduras -le decía-, serás la que llevemos de candidata cuando aquí haya elecciones honestas”. “Deje de joder”, me respondía siempre, con una expresión aprendida. Pero una sonrisa maliciosa, mezclada con un gesto de preocupación, delataba sus sentires internos: estaba abierta a aceptar todos los desafíos que le demandaba la realidad de su pueblo. También el de conducir un día los destinos del país desde la máxima responsabilidad del Estado, hoy en manos de individuos de tan nula visión política y tan bajo nivel ético.

Berta Cáceres era una de las personas que debió estar presente en el diálogo nacional de hace unos meses, si ese diálogo hubiera sido realmente honesto y abierto. Y no sólo ella hubiera debido participar, era la persona adecuada para coordinarlo desde los sectores sociales y populares. Nadie como ella hubiera representado tan bien sus intereses y sus demandas. 

El hecho de que ella no estuviera en la lista de invitados al gran diálogo nacional que armó el Presidente Juan Orlando Hernández para legitimarse, después de las antorchas indignadas que lo cuestionaban y pedían que se fuera, basta para invalidar ese evento. Después, el “gran” diálogo sirvió de argumento para que la OEA instalara en el país la MACCIH (Misión de Apoyo a la lucha contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras). Hoy, Juan Orlando Hernández y el Secretario General de la OEA, Luis Almagro inflan el pecho diciendo que esta instancia es resultado de un diálogo nacional en el que participaron todos los sectores del país. Pero ahí no estuvo Berta. 

DOS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN

Contra todas las convicciones, pronósticos y análisis, Berta Cáceres fue asesinada. El Fiscal General dijo que hay dos líneas de investigación. La primera apunta a los conflictos internos dentro del COPINH, adobados con asuntos personales o pasionales. La segunda tiene que ver con la lucha de Berta Cáceres y las denuncias que en los últimos tres años hizo públicas sobre las amenazas, chantajes e intimidaciones con que la empresa DESA (Desarrollos Energéticos, S.A.) quiso criminalizar su trabajo y judicializarla. Berta denunció que estaba amenazada de muerte y no sólo ella, también dos de los dirigentes indígenas lencas más cercanos a su lucha: Aureliano Molina y Tomás Gómez. 

Desde los primeros momentos y en las primeras pesquisas realizadas, un policía sembró la cizaña: “A esa mujer la mataron por puta, tenía dos maridos”. En los primeros veinte días después del crimen el Ministerio Público decidió seguir la primera línea de investigación, aunque manteniendo todo lo que investigaba en el mayor de los secretos. A nadie de quienes tienen derecho a conocer cómo avanza o no esa investigación las autoridades no les dan la más mínima información. Mientras, Molinla y Gómez siguen en la mira. Esa estrategia busca dejar todo envuelto en la nebulosa de los rumores, en donde la manipulación mediática saca provecho. ¿Asuntos pasionales? Pues sí, fue tanta la pasión que puso Berta al luchar por defender a su pueblo lenca, por defender sus ríos, sus bosques y sus territorios, que ciertamente murió por un “asunto pasional”, por la pasión de toda una vida en defensa de los derechos de la Naturaleza y de la gente. Por la pasión por lograr una Honduras soberana y justa. 

EL ÚNICO TESTIGO

El vigilante de la colonia en donde vivía Berta puso también su dosis de cizaña: “En un cien por ciento -dijo- identifico a esos dos hombres (Molina y Gómez) como los que entraron y salieron de la casa de doña Berta a la hora de la muerte. Nadie más que ellos dos entraron y luego salieron en un carro color blanco”. Ya en su segunda declaración el vigilante redujo su certeza a un cincuenta por ciento. Y cuando lo encararon con los dos hombres tuvo que aceptar que no eran ellos. A pesar de todo, los dos dirigentes de COPINH siguieron siendo los principales sospechosos. Dicen que, desde un inicio, la decisión del Ministerio Público fue dictar requerimiento fiscal inmediato contra Molina, quien fue pareja de Berta por un tiempo y con quien se decía rompió por conflictos personales.

Lo que dio al traste con todo este plan fue el único testigo de lo que pasó la noche del crimen, el mexicano Gustavo Castro. Los asesinos no previeron que ese día Berta tendría en su casa un huésped, con el que había organizado una gira en diversos territorios y con diversas organizaciones para que compartiera conocimiento y experiencias sobre energías alternativas, siempre con la pasión de salvar “la casa común”, la Naturaleza. 

Cuando los asesinos entraron en su casa, Berta debe haberlos sentido de inmediato. Vivía siempre en estado de alerta. Tantas veces me dijo: “A mí no me van a agarrar así nomás, les va a costar que me maten”. Ella debió enfrentarse a los asesinos, debió luchar antes de que le dispararan. Gustavo dormía profundamente en una habitación del fondo y los disparos lo despertaron. Cuando salió, los asesinos ya huían y al verlo aparecer le dispararon para que no se lo impidiera. 

Desangrándose, Berta aún tuvo energías para decirle a Gustavo la contraseña de su celular. “Llame por favor a Salvador, que se venga”, fue lo último que le dijo, antes de rendirse a la muerte. Murió llamando a Salvador Zúniga, su compañero de vida, con quien tuvo tres hijas y un hijo y del que se había separado años atrás por conflictos personales y sobre todo por conflictos por liderazgos. Tanto ella como él han sido dos de los líderes de mayor reconocimiento en el país, ambos fundadores en 1993 de COPINH. Ambos competían por quien tenía más ascendencia sobre las bases indígenas de esta organización emblemática y ambos fueron víctimas de persecuciones, amenazas, chantajes y calumnias por los gobiernos, por los militares y por los grupos de poder del país. 

UN CRIMEN POR ENCARGO

Quienes saben de este tipo de crímenes afirman que los asesinos de Berta fueron expertos sicarios contratados por quienes querían deshacerse de Berta, porque les estorbaba demasiado y no lograban callarla. Se arriesgaron a matar a una dirigente tan popular porque para ellos era mayor el riesgo de seguir teniendo que enfrentar a una mujer con las convicciones de Berta, dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias. Matarla era necesario para sus negocios, sus proyectos y sus intereses. Debieron evaluar el costo y el beneficio con gente especializada que contrató a sicarios para que hicieran el trabajo. 

Fue un crimen por encargo. No hubo saña, no hubo palabras de recriminación, ni los alegatos propios de una retórica pasional o de un conflicto de egos. Llegaron a matarla y punto. Los disparos fueron certeros, de profesionales, de la cintura para arriba. Tampoco les interesaba matar a nadie más. Los contrataron para matarla a ella. La presencia del mexicano los tomó desprevenidos y teniendo ya asegurada la ruta de escape y contando con una total impunidad posterior, no les interesaba matar a quien inesperadamente encontraron en la escena del crimen. Le dispararon, pero sólo para neutralizar al intruso e impedir que los atacara o los persiguiera. 

Gustavo, el testigo inesperado, entorpeció el plan original. La estrategia tendría que centrarse en el móvil pasional, insistiendo y repitiendo lo mismo una y otra vez. Presentar el móvil del crimen como pasional y mezclado con disputas por conflictos internos en COPINH conseguiría dos objetivos: asesinar a Berta y desarticular la estructura del COPINH. Había que vincular al crimen a Aureliano Molina -amante resentido y dirigente de la organización- y a Tomás Gómez, quien se habría confabulado con Molina para, matándola, tener libre el camino para asumir la dirección absoluta del COPINH. 

El incómodo testigo mexicano ponía en cuestión toda esta trama. En cómo asentarla en la percepción colectiva han trabajado los responsables del crimen a lo largo de los primeros veinte días. Y mientras construyen el andamiaje de la impunidad, necesitan revestir de total secretividad toda la investigación. 

ESTRATEGIA DE IMPUNIDAD

El asesinato de Berta Cáceres debe quedar en la impunidad. Los poderes fácticos y los poderes establecidos no tienen otro camino. No pueden echarse a la espalda un crimen de tan alta resonancia internacional. Pero como en este caso el olvido no será fácil, la estrategia de la impunidad deben organizarla muy bien, especialmente para que la comunidad internacional quede satisfecha y para que la investigación contenga suficientes elementos que enturbien la imagen de Berta ante la comunidad nacional, para así disminuir su limpio perfil de incansable luchadora. 

Un proceso judicial estructurado para este fin deberá sembrar en la conciencia de la población lo que aquel policía dijo en las primeras horas después del crimen: Berta Cáceres fue asesinada por algún hombre despechado y por algún conflicto en la organización que ella dirigía. Ésos deben ser los móviles, para empañar la imagen de Berta y su recuerdo y para debilitar la lucha del COPINH, la organización indígena que dirigió esta mujer, bautizada como “la Niña guardiana de los ríos”. 

ESO NO LO INVESTIGARÁN

La segunda línea de investigación no pueden tomarla en cuenta. Tendrían que destapar los contratos, las concesiones, los compromisos, los decretos y leyes denunciados durante años por Berta Cáceres. Tendrían que analizarse las figuras legales con las que ha ido adelante el proyecto “Agua Zarca” y otros proyectos extractivistas y devastadores en la región de Occidente, en la Costa Norte y en otras zonas de Honduras, concesiones en las que aparecen las firmas y los nombres de las personas, grupos y empresas más poderosas del país, vinculadas a corporaciones transnacionales.

Seguir la línea de investigación que vincula el asesinato de Berta con todo lo que ella denunció destaparía la corrupción y la codicia de los verdaderos conductores del modelo neoliberal que se ha enseñoreado de nuestro país. 

Esta segunda línea de investigación vincularía también a empleados de nivel intermedio de algunas empresas y a algunas autoridades locales y departamentales, comprometidos también en el proceso que condujo a la contratación de los sicarios. Investigar a responsables intermedios conduciría con relativa facilidad y celeridad a identificar a los más altos responsables, gerentes de empresas y políticos del más alto nivel, quienes dirigen los proyectos extractivistas que explotan los bienes naturales. 

Nadie en el actual engranaje del poder está dispuesto a hacer esto, a correr riesgos que pongan en peligro intereses, privilegios y estabilidad. Y, por eso, hay unanimidad en favorecer todo lo que aliente la otra línea de investigación: pasiones personales entrecruzadas con luchas intestinas por el poder. 

EL MUNDO SABÍA DE ELLA

Quienes planearon el asesinato de Berta Cáceres sabían que matarían a una persona a la que nunca podrían controlar. Esta mujer era una auténtica indomable como espontáneamente la llamaron en los diversos actos de reconocimiento y en las consignas, lemas y testimonios el día que la enterrábamos. Lo que no esperaban sus enemigos, por vivir ensimismados en su codicia, fue la repercusión mundial que adquirió su asesinato. 

El control mediático en Honduras es de tal calibre que ninguno de los medios de cobertura nacional cubrió como correspondía el notición que representó para Honduras el 20 de abril de 2015 la entrega en Estados Unidos del Premio Goldman por la defensa del ambiente a una compatriota. Algún medio colocó la noticia en un recuadro esquinero, perdido entre la publicidad. Ellos no lo sabían, pero el mundo sabía de sobra quién era Berta Cáceres. 

Tampoco los medios nacionales cubrieron la visita que Berta hizo, junto a otros dirigentes de movimientos populares de todo el mundo, al Papa Francisco en el Vaticano, en octubre de 2014. Menos se interesaron en informar que fue ella la vocera que habló en nombre de todos ante el obispo de Roma. La misma Berta comentó en los días previos a ese encuentro las maniobras que algunas jerarquías eclesiásticas católicas habían realizado para impedir que ella formara parte de los dirigentes populares que recibiría Francisco. 

De tan poca monta consideraban las autoridades hondureñas a Berta Cáceres que cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorgó medidas cautelares por el peligro que corría su vida, nunca aceptaron reunirse con ella para definir cómo implementar esas medidas, quedando a criterio del oficial de turno en La Esperanza, municipio donde residía Berta, el realizar patrullajes en los alrededores de su vivienda y en los lugares que ella frecuentaba. 

Nadie en el poder dimensionó lo importante, lo querida y lo reconocida que era en el mundo Berta Cáceres, por su liderazgo entre su pueblo lenca y entre el pueblo hondureño. Para las autoridades del país era sólo un estorbo, una revoltosa. El Presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, resumió lo que toda la pléyade de funcionarios corruptos y empresarios codiciosos pensaban sobre Berta, sobre lo que hacía y sobre los que se organizaban alrededor de su liderazgo cuando el 20 de marzo, y a propósito de la pregunta que le hicieron sobre la marcha de las investigaciones para identificar a los autores del crimen, exhortó: “Yo les digo a los que andan en esas luchas que no se compliquen la vida. Pórtense bien, no anden en malos pasos”.

LA REPERCUSIÓN MUNDIAL

La repercusión mundial por el asesinato fue inmediata, enorme y llovieron los manifiestos, declaraciones, denuncias y reclamos de congresistas, senadores y funcionarios del gobierno de Estados Unidos, del Parlamento Europeo, de diversos gobiernos de países latinoamericanos, de la ONU y la OEA, de la más amplia gama de organismos defensores de derechos humanos, ambientales, indígenas, feministas, populares y sociales. El Embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, James D. Nealon, asistió al velatorio en la casa de la madre de Berta, también llegaron varios embajadores de países europeos y las principales figuras públicas que se oponen a las políticas del gobierno. 

Tan enorme fue la reacción mundial ante este magnicidio que el Presidente de la República, declarado enemigo público de Berta Cáceres, en la convención de su partido, el Partido Nacional, realizada el mismo 5 de marzo, día del funeral, se vio obligado a pedir a los convencionales, políticos de la más extrema derecha y abanderados de los proyectos extractivos, un aplauso para Berta… 

Los medios de comunicación voceros de la política oficial, los mismos que ignoraron siempre las luchas de Berta y que sólo la mencionaban para desacreditar lo que hacía, tuvieron que cubrir la noticia de su muerte y sus honras fúnebres con una dedicación y amplitud como lo hacen con actos oficiales del gobierno, con la Teletón o con algunas de las más sonadas masacres que inundan el sangriento escenario de nuestro país. 

Todos los medios llegaron a la casa de la mamá de Berta. Hubo periódicos escritos que cubrieron el acontecimiento con hasta quince páginas de una misma edición en la que brindaban informaciones, datos, reportajes, crónicas y declaraciones relacionadas con la vida, las luchas y el asesinato de Berta… 

ESTRATEGIA MEDIÁTICA

De acuerdo a informaciones que se filtraron, la decisión de los propietarios de medios de difundir la noticia y cubrir los funerales fue concertada con Casa Presidencial ante la avalancha de reacciones que llegaban de todo el mundo. Querían evitar que los escasos medios no controlados se convirtieran en referentes únicos ante los medios de comunicación internacionales. Querían dominar el espacio informativo para reorientar la interpretación de los hechos y cimentar la línea de investigación que hablaba de un crimen pasional y de conflictos internos en COPINH. 

La cobertura mediática que se procuró dentro de esa estrategia se centró en la sangre en el lugar del crimen, en el llanto de la familia, en las reacciones de pesar de las diversas instancias oficiales, todas lamentando el hecho, llamando a la reconciliación y apoyando una investigación que condujera a capturar a los hechores. Se trataba de salir al paso de cualquier señalamiento contra la empresa DESA o contra el gobierno. La poderosa hermana del presidente se adelantó a advertir que los cabezas calientes se aprovecharían del crimen para responsabilizar al gobierno y, particularmente, a su hermano el Presidente de la República. 

Y ya al día siguiente del funeral, 6 de marzo, comenzó otro capítulo de la trama mediática. En el espacio estelar de entrevistas televisivas del domingo en la noche, apareció el padre de Berta Cáceres. Venía de la convención del Partido Nacional para decir -y el entrevistador se esmeró en hacerle decir lo que querían que dijera- que el asesinato de su hija había sido políticamente manipulado por la izquierda. Eso fue lo que dijo entre muchas otras insensateces. Compareció también en otros canales y en otros medios y con el mismo discurso. 

Después del funeral de la Niña guardiana de los ríos la campaña mediática ha continuado insistiendo en el móvil pasional y en el móvil de un grave conflicto interno en la organización, todo organizado por el equipo de comunicación de Casa Presidencial, dirigido por Hilda Hernández, hermana del Presidente. 

QUÉ VIÓ EN SU PADRE

¿De quién heredó Berta Cáceres su personalidad indomable? ¿Qué hubo en esta mujer que, viniendo de un país tan pequeño, lograra un alcance internacional tan grande? 

Su padre, que la abandonó cuando era una niñita, que maltrató a su madre y a todas las mujeres que encontró a su paso, dejando regados en el país a decenas de hijos y de hijas, todo un macho, la convirtió en una firme defensora de los derechos de las mujeres. Su tenaz feminismo nace del rechazo a lo que vio en su padre. Ésa fue la raíz, después vinieron lecturas, ideas, conceptos, formulaciones, pero el humus que hizo fecundo y fértil todo lo que leyó, estudió y formuló está en el desbocado machismo de su padre. Ese mal ejemplo hizo de ella una abanderada impecable de la lucha contra la cultura patriarcal y una continua promotora de nuevas relaciones entre hombres y mujeres. 

Los conflictos que tuvo con Salvador Zúniga, su compañero y padre de sus tres hijas y de su hijo, además de la competencia que libró con él por el liderazgo de la organización, la hicieron aún más indomable. No aceptó nunca las decisiones arbitrarias y menos aún que un hombre quisiera imponerlas, sólo por el hecho de ser hombre. No aceptó nunca que la vida de una mujer fuera controlada por un hombre. 

SU MADRE: GENEROSA E INDOMABLE

¿Y su madre? Austraberta Flores, doña Bertita, es también clave para entender la personalidad de su hija. Su madre es una mujer profundamente hospitalaria. Todo mundo cabe en casa de doña Bertita, nadie que entre en su casa saldrá sin haber comido un huevo o tortillas con queso o con mantequilla y sin haber tomado café o té. 

Hace unos doce años, a finales de diciembre, tuve la idea de visitarla acompañado de mi madre, mis hermanas y varias de mis sobrinas y sobrinos. Éramos diecisiete en total. La visita estaba pensada para unos minutos. Llegamos a las seis de la tarde y después de saludarla íbamos a buscar un hospedaje en la ciudad. Hasta el sol de ahora no comprendo cómo ocurrió lo que ocurrió: las diecisiete personas que llegamos a casa de doña Bertita, sin siquiera haber avisado que llegaríamos, cenamos, tomamos ponche, dormimos allí y al día siguiente desayunamos. Doña Bertita nos despidió rogándonos que repitiéramos la visita todas las veces que quisiéramos. Le tomamos la palabra y dos años después volvimos a llegar los mismos, apertrechados de alguna provisión y de una casa de campaña. Pero ni la usamos ni consumimos lo que llevamos. Ella nos lo dio todo.

Doña Bertita es un milagro… y hace milagros. Según ella cuenta, ha atendido el parto de 4 mil 500 mujeres lencas. Es madrina de miles de mujeres y de hombres lencas. Toda la gente que baja de las comunidades lencas a la ciudad de La Esperanza, para comprar, vender o hacer cualquier mandado, pasa por casa de doña Bertita a saludarla y a recibir su bendición. Quien conoce a doña Bertita entenderá mejor de dónde le viene a su hija Berta la generosidad y la indomable personalidad que demostró siempre. 

“EL PUEBLO LENCA ES MI FAMILIA”

Doña Bertita es la gran matrona de la región. Si su casa es lugar de acogida de hombres y mujeres de las aldeas lencas, también llegan donde ella la gente de la ciudad y personajes de la política y los negocios. Fue electa tres veces consecutivas alcaldesa del municipio de La Esperanza, fue gobernadora del departamento de Intibucá y diputada suplente del Partido Liberal, al que renunció para siempre y públicamente tras el golpe de Estado de junio de 2009. 

En varias ocasiones que estábamos su hija Berta y yo cenando o desayunando en su casa le escuché decir que desde muy niña sus amigos y amigas fueron siempre lencas. “Siempre fueron mi familia, mis hermanas y mis hermanos”, decía. La pasión de su hija por defender los derechos del pueblo lenca vino de ahí. No la aprendió en capacitaciones políticas. Fue una herencia de vida, nació entre ellas y ellos. Su madre le heredó al pueblo lenca, porque todos en ese pueblo vinieron al mundo recibidos por las manos de doña Bertita. 

POR ESO LA MATARON

Berta Cáceres creció compartiendo la tortilla y el café, el tamal y el copal, las candelas blancas, amarillas, azules y verdes con el pueblo lenca. Su amor por ese pueblo nació desde el vientre de su madre. Después fueron las ideas, los conceptos, las decisiones políticas. Por lo arraigado del amor por la cultura lenca Berta fue insobornable. Nadie la pudo comprar, nadie la pudo domar. 

Nadie pudo con ella. Tuvieron que matarla. Sin esa mística primigenia, sin ese amor esencial, las personas pueden ser sobornables, domables, comprables. Las ideas claras, los conceptos exactos, las posiciones políticas lúcidas no garantizan fidelidad a los pobres. Sólo una vida vivida en complicidad con la gente es garantía que convierte la lucha en una pasión inclaudicable. Por eso la mataron. Ése es el legado que Berta nos deja. 

¡YA VIENEN LOS COPINES!

En más de veinte años de esfuerzos, Berta logró hacer de COPINH una organización popular e indígena que trascendió los moldes políticos tradicionales. En el ambiente de las luchas populares todos sabíamos el significado del grito “¡Ya vienen los copines!” Eso significaba una lucha sin horario y sin límites, sin cálculo, no importando si hay o no hay comida, si hay o no dónde dormir o si hay que dormir en la calle. 

Recuerdo cuando en abril de 2008 me uní a la huelga de hambre iniciada por los fiscales contra la corrupción y la impunidad. Estaba un día durmiendo en mi carpa cuando escuché “¡Ya vienen los copines!” Todos sabíamos que con su incorporación la huelga alcanzaba un nuevo nivel. Y era Berta la que siempre encabezaba la llegada de los copines, con un morral bajo el brazo, su sombrero de paja y su sonrisa maliciosa y pícara… 

RECUERDO DE AQUEL DÍA

Con Berta uno se sentía movido por una fuerza mayor que la propia. El 20 de mayo de 2013 asistí a una de las tantas manifestaciones organizadas por COPINH y conducida por ella. Nos juntamos en el árbol de roble y ella nos animó a todos invocando a los ancestros y al espíritu de los ríos. 

Una compañera de la solidaridad nos tomó una fotografía cuando nos encontramos. Curiosa siempre, pidió ver cómo habíamos quedado en la foto y satisfecha con la sonrisa que ambos habíamos puesto, me dijo. “A ver quién de los dos se va primero”. Fue ella la primera...

Ese día, Berta dio a las trescientas personas que la seguíamos la orientación de dirigirnos en protesta al campamento de la empresa DESA, que estaba como a un kilómetro del roble. 

Caminamos hacia allá por un camino tupido de maleza y bajando un cerro bastante inclinado. Al fondo de la bajada estaba el campamento, fuertemente resguardado por soldados y por guardias privados. Yo, siempre temeroso, decidí quedarme al final del grupo. Berta, siempre valiente, encabezaba la manifestación. Gritábamos consignas exigiendo el retiro de DESA del territorio y en defensa del río Gualcarque. 

Me senté en una piedra, sudado de la caminata y algo más seguro por alejarme del grupo que lanzaba las consignas en la cara de soldados y guardias armados. De pronto vi que se iban acercando dos camiones llenos de policías con escudos, bombas lacrimógenas y armas de grueso calibre.

Me temblaba todo el cuerpo. Un oficial bajó, se acercó hasta quedar a mi lado, pero sin verme. Desde su celular llamó: “Jefe, esta gente está pacífica, no creo que haya necesidad de pasar a más”. Yo seguía sentado. A los minutos el oficial recibió una llamada. “Jefe, pienso que no es necesario lo otro. Esta gente no anda armas”. Los policías estaban ya con el escudo listo y en posición de ataque. 

Si en ese momento el oficial hubiera ordenado la represión las consecuencias hubiesen sido terribles porque el camino tenía abismos a ambos lados y el grupo iba a quedar entre dos fuegos.

Temblando y mirando a ninguna parte estaba yo cuando llegó Berta: “Melo, le toca a usted abrir paso para que nos retiremos”. Y la obedecí. Comencé a caminar, detrás de mí iba Berta y el resto del pueblo lenca que llegó a defender su río y sus tierras. Todavía logré escuchar al oficial: “Ya se están retirando, todo pacífico”. Yo sudaba, Berta estaba feliz del éxito de la actividad. 

UN JURAMENTO ANTE LA MADRE ASESINADA

Berta no solo logró moldear a COPINH como una organización rebelde y resistente, dispuesta a luchar sin cálculos y sin límites. Y, aunque no todos los dirigentes populares lo deciden y lo logran, también educó en rebeldía y resistencia a sus tres hijas Olivia, Berta y Laura y a su hijo Salvador. 

Los cuatro convocaron una conferencia de prensa ante el cadáver de su madre asesinada y juraron ante ella proseguir su lucha. Llamaron a todas las organizaciones sociales y populares presentes en su entierro a fortalecer la articulación en torno a la defensa de los ríos y de los bienes comunes de la Naturaleza, a defender al COPINH y a las comunidades lencas y a continuar la lucha por la soberanía nacional. 

“LA VOZ DE MI MAMÁ LOS ACOMPAÑA”. 

Salvador, de 19 años, debió regresar pronto a Argentina, donde estudia, y desde allá envió un texto que revela lo que piensa un retoño de la indomable Berta: “La lucha de mi mamá es la lucha de los pueblos. Y la lucha de los pueblos es su lucha. Es difícil entender para este sistema de destrucción y explotación que los ríos, los bosques, los animales son parte de nosotros y nosotros parte de ellos, que son nuestra espiritualidad, nuestra forma de vida, lo que nos mantiene vivos”. 

“Es muy difícil para ellos entender que no estamos dispuestos a que nos destruyan, nos exploten y pongan en venta nuestro territorio ancestral. Por eso nos criminalizan, nos persiguen y nos matan... Mi mamá, una mujer nacida en medio del pueblo lenca, ha sido asesinada por no estar dispuesta a que el color verde de nuestras montañas, a que el sonido puro y espiritual de nuestros ríos, a que el canto armonizador de los pájaros desaparezca. La asesinaron por ser firme y por entender lo profundo y lo que nos comunica nuestra naturaleza”.

“Su lucha está también junto a las mujeres que son madres, que convocan a nuestros ancestros, que son fuente de sabiduría, que son protagonistas de la lucha por la vida. Está junto a las que son golpeadas, a las que son asesinadas y a pesar de eso sus voces no pueden ser calladas. Los pueblos originarios han sido víctimas del racismo y del desprecio. La voz y el espíritu de mi mamá los acompaña y acompañará. No es concebible un mundo así, donde no podamos entender que este mundo es plural, que tiene voces y sonidos diferentes que dan riqueza a este mundo”. 

“A ella la asesinaron por entender que esta lucha va mucho más lejos de toda frontera, que este sistema atenta contra la vida de nuestro planeta, atenta contra las cosmovisiones del mundo y nos llama a la indiferencia, a no sentir cada injusticia de este mundo como algo que es injusto para todos, un sistema que quiere convencernos de que no estemos juntos, que nos lleva a pensar sólo en nosotros...” 

“Ahora esta lucha toma forma de grito, de esperanza, de una utopía por cambiar este mundo. Es puño alzado que clama por justicia, es un llamado a la hermandad de los pueblos. Es por eso que jamás podremos decir que Berta ha muerto...”

BERTITA TERCERA YA DESPUNTA

Los cuatro retoños de la indomable Berta evidencian la estirpe de la que proceden, su linaje. Los cuatro son ramas del tronco de Berta y de la raíz de doña Bertita. 

Doña Bertita tuvo doce hijos entre varones y mujeres, todos talentosos y comprometidos, pero sólo Berta heredó su fuerza irresistible. Los cuatro retoños de la indomable se destacan y están a la altura exigiendo justicia por el asesinato de su madre. Pero hoy, entre Olivia, Bertita, Laura y Salvador emerge la fuerza de la más diminuta de las tres hermanas, Bertita quien por unanimidad ha sido elegida por los otros tres como coordinadora y vocera de la familia. Tiene 24 años. Ante ella uno siente la fuerza de un imán, una atracción que me recuerda la que sentí aquel 20 de mayo de 2013, cuando su madre me ordenó con voz suave que me pusiera al frente del pueblo para abrirles la retirada y evitar la represión y la muerte. 

En la tercera generación, esta Bertita ya despunta como indómita y como futura conductora de procesos de transformación. Bertita tercera le pone pies a la esperanza que muchos sentimos perder tras el asesinato de Berta segunda.

 

 

Ismael Moreno, SJ

Director del ERIC y Radio Progreso

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Viernes, 05 Febrero 2016 16:08

¿Quién gobierna el deterioro hondureño?

Por: Ismael Moreno, SJ

Cuando faltaban diez minutos para las doce de la noche del día 25 de enero --día tope para la elección de los quince magistrados de la nueva Corte Suprema de Justicia--, el presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, puso a votación la nómina de quince candidatos propuesta por la Comisión Nominadora nombrada por el mismo Oliva. Ocho candidatos del Partido Nacional y siete candidatos del Partido Liberal. Un reparto conforme a los estrictos acuerdos del bipartidismo. En menos de un minuto, de los 128 diputados,  82 votaron a favor de la nómina, 44 votaron en contra y 2 se abstuvieron. 

La nueva Corte no se eligió. Se necesitaban 86 votos para alcanzar mayoría calificada. Los 82 votos representaron a 26 votos del Partido Liberal, 3 del partido Demócrata Cristiano, uno de Unificación Democrático, 3 de diputados que renunciaron del partido LIBRE, y 49 del mayoritario Partido Nacional. Por su parte, los votos en contra se sumaron así: 29 de LIBRE, 13 del Partido Anti Corrupción, PAC, uno del Partido Liberal y uno del Partido Innovación y Unidad, PINU.  Las dos abstenciones fueron del partido LIBRE. Unos días después se eligieron ocho de los quince, y luego de diez días de la fecha tope, los diputados, siguen entrampados sin elegir los siete restantes, no obstante las amenazas. 

Diversas amenazas, la misma lógica

En un momento --cuando en la urna apareció un voto en una papeleta falsa que elegía a tres magistrados más conforme a la plancha nacionalista/liberal — un diputado nacionalista lanzó a voz en cuello una portentosa amenaza con la que se resumía el sentir y pensar de la larga historia de zancadillas y chanchullos cachurecos: “Hay que validar ese voto a punta de verga”. El tres de febrero en la solemne misa en la Basílica Menor de Suyapa, el Cardenal sacralizó la expresión del diputado cachureco con frases sublimes y melifluas, pero no menos amenazantes: “Esperamos que mañana se elijan esos magistrados que faltan…de lo contrario tendrán que dar cuentas al Señor, a su conciencia, a su familia y a su patria”. Ni la amenaza profana del diputado ni la amenaza divina del Cardenal logró la elección de los restantes magistrados decididos por el estricto mandato bipartidista. 

Dos reveses

El presidente Juan Orlando Hernández ha recibido de esta manera su segundo revés político en sus dos años de administración pública. La primera ocurrió el 23 de enero de 2015 cuando en ambiente de feroz campaña y de amenazas quiso elevar a rango constitucional “su” Policía Militar del Orden Público, y los diputados de la oposición se unieron para alcanzar resultados similares a los de la frustrada elección de la Corte Suprema de Justicia conforme a la nómina debidamente revisada por los propia mirada de Juan Orlando Hernández. 

Proceso seguido para elección de CSJ

De esta manera escabrosa e inédita en la historia de las elecciones de segundo grado --basadas en nóminas y listas decididas por quienes ejercían el poder dentro de los dos partidos tradicionales--, ha llegado a un final inconcluso el último proceso de elección de magistrados que, de acuerdo a los mecanismos aprobados a inicios del presente siglo, comenzó a mediados del año 2015 con la conformación de la Junta Nominadora integrada por siete miembros en representación de siete instituciones con el objetivo de seleccionar a candidatos solo de entre unos mil quinientos notarios de entre más de 18 mil abogados. La siete instituciones son las siguientes: Corte Suprema de Justicia, Colegio de Abogados, Comisionado Nacional de Derechos Humanos, las Centrales Obreras, el Colegio Hondureño de la Empresa Privada, Las universidades y de la Sociedad Civil. 

Como sabemos, cada una de ellas envió para el mes de septiembre un listado de veinte candidatos. De esas listas, la Junta Nominadora hizo una primera selección de cerca de cien candidatos, los que debían pasar por un proceso riguroso de exámenes e investigaciones. En este proceso participaron diversos sectores, siendo la palabra de la Embajada Americana sin duda la de más peso decisorio. Envió una lista de más de veinte de entre los 97 seleccionados implicados en actividades del crimen organizado. Finalmente la Junta Nominadora entregó el 22 de enero la última lista de 45 nominados para que el Congreso Nacional eligiera el día 25 de enero los quince magistrados de la nueva Corte Suprema de Justicia. 

Control de CSJ, asunto de vida o muerte para JOH

La elección de la Corte Suprema de Justicia bajo su control es un asunto de vida o muerte para Juan Orlando Hernández. Esta razón está en la base de la complejidad que alcanzó el final inconcluso y tormentoso de la elección de los magistrados. Juan Orlando Hernández no se puede dar el lujo, ni tiene margen de contar con una Corte Suprema que no responda a sus orientaciones y decisiones políticas. No puede existir una instancia judicial sin su control. Juan Orlando Hernández tiene en marcha su proyecto político de reelegirse de manera continua al cual no renunciaría por nada del mundo, puesto que con ello se juega su propia sobrevivencia como político y con ciudadano en libertad. Todos los dispositivos los está estructurando, como quien va armando un rompecabezas, conforme al control exitoso del próximo proceso electoral. 

Para este propósito, Juan Orlando Hernández no podía en este comienzo del año negociar cinco cosas ni con el Partido Liberal ni con la llamada oposición política: una, la presidencia de la Corte Suprema de Justicia y el subsiguiente control del Consejo de la Judicatura; dos, reformas electorales que pusieran en riesgo su proyecto reeleccionista, especialmente lo concerniente a la nueva tarjeta de identidad, el control del registro de las personas y sobre todo la segunda vuelta electoral; tres, el control del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y la dirección general de la policía; cuatro, la derogación o reforma de la Ley de funcionamiento del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, la instancia desde donde alcanza control legal de todos los poderes del Estado; y cinco, derogación de las figuras jurídicas aprobadas en diciembre de 2013, justo antes de culminar como presidente del Congreso Nacional y cuando ya era presidente electo de la República, que aprobaron las ZEDEs o Ciudades Modelo, las concesiones de ríos, minas y territorios a empresas multinacionales extractivistas y las concesiones de todas las arterias y redes carreteras a la alta empresa privada concesionarias a su vez de empresas multinacionales.

MACCIH amenaza

Luego de dos años de gobierno, Juan Orlando Hernández necesita contrarrestar su obvio desgaste ante la sociedad y especialmente ante las amenazas de sus adversarios políticos, empresariales y del crimen organizado. Necesita un mayor control de los poderes del Estado, del Ministerio Público y los otros órganos contralores, y sobre todo necesita tener control militar y policial, como instrumentos obligados para proteger su proyecto. De suyo, en la última sesión de la segunda legislatura del Congreso Nacional, logró que se introdujera una moción orientada a eliminar el burocrático cargo de comandante de las Fuerzas Armadas y dejar solo el del Jefe del Estado Mayor Conjunto para así eliminar escalas que atrasen su don de mando directo sobre jefes de batallones. 

Otra razón por la que Juan Orlando Hernández no podría vivir sin control de la Corte Suprema de Justicia es la existencia de la Misión de Apoyo a la lucha Contra la corrupción y la Impunidad, MACCIH, instancia que entró en vigencia tras la firma del documento por parte del presidente hondureño y el Secretario General, Luis Almagro, que hace efectiva la alianza entre la Organización de Estados americanos, OEA, y el gobierno de Honduras. La MACCIH es la respuesta de la OEA a la demanda del fenómeno de la indignación de una instancia internacional de investigación al modo como ha actuado la CICIG en Guatemala. La diferencia entre las dos instancias no solo es de nombre ni solo de ente impulsor. Es mucho más de fondo, y lo que mantiene en vigilancia a diversos sectores hondureños. Las antorchas gritaron la CICI-H y la OEA en alianza con Juan Orlando Hernández trajo bajo el brazo la MACCIH. 

Mientras la CICI-H era una demanda de la indignación hondureña para que la ONU investigara los casos más relevantes de corrupción e impunidad y cuyos resultados los entregara al Ministerio Público y luego pasaran al poder judicial, la MACCIH es una instancia de Apoyo a la investigación que realice el Ministerio Público. Mientras la primera pone un peso especial a la investigación directa y es completamente independiente del gobierno hondureño, la segunda, y ya en vigencia, pone el peso en el Apoyo a la investigación que realice el ministerio público, y es una instancia que deberá contar con el apoyo del gobierno para que cumpla con sus funciones de apoyo y acompañamiento. Con esta instancia ya vigente  el Fiscal General del Estado tiene el mayor liderazgo en tanto tiene la conducción en la investigación de casos, mientras cuenta con el apoyo de expertos internacionales. 

Todo sería muy valioso si no fuera porque los casos de corrupción más sonados a investigar tienen que ver con saqueos de instituciones públicas en donde han tenido metidas las manos miembros del actual equipo de gobierno, y las investigaciones deberán tocar las puertas de la propia vida del presidente de la República y de sus familiares y colaboradores más cercanos.  Y también porque existen casos a investigar que vinculan de manera directa al Fiscal General Adjunto, y que todos los casos deberá liderarlo el Fiscal General cuyo puesto fue ocupado en un proceso sumamente irregular dirigido de manera directo por Juan Orlando Hernández. Todas las voces coinciden en que el actual Fiscal General del Estado le debe no solo su puesto, sino muchos favores a Juan Orlando Hernández que a fin de cuentas lo imposibilitan para que cumplan su función con independencia.

De todos modos, Juan Orlando Hernández no puede prescindir de controlar la Corte Suprema de Justicia porque aun con lo enclenque que pueda resultar su implementación, la MACCIH no deja de ser una amenaza. Aunque tenga control del Fiscal General, no puede tener control de los expertos y de los mandos que conducen los hilos de la MACCIH. No es ocioso tener en cuenta que la OEA, y particularmente su Secretario General, necesitan reivindicarse ante la comunidad continental. Luis Almagro cuenta en su haber un historial de progresista y honestidad que no puede poner en riesgo en su misión en un país como Honduras. Con la MACCIH, Luis Almagro no solo se juega su prestigio sino que la misma OEA se juega su oportunidad para recuperar una credibilidad que desde hace muchas décadas la ha perdido. 

La OEA tiene en su contra la desconfianza ganada por su apego y su subordinación descarada a las políticas del gobierno de los Estados Unidos. En no pocas ocasiones se ha escuchado que la OEA es un brazo más de la política exterior e intervencionista del gobierno norteamericano. Luis Almagro como Secretario General se esforzó en aprovechar la crisis institucional hondureña y la presión por una asistencia internacional para combatir la corrupción para elevar el perfil de la OEA –y su perfil personal—para proponer una instancia que por primera vez en la historia de la OEA interviene directamente dentro de un Estado para buscar la resolución de conflictos a través del apoyo a las investigaciones de hechos emblemáticos de corrupción e impunidad. 

Éxitos y logros ¿de qué país?

Cuando cumplió su segundo año de administración pública, el presidente Juan Orlando Hernández aseguró ante la opinión pública haber sentado las bases de un país diferente. Argumentó con su mayor logro: la captura y extradición a Estados Unidos de varios líderes del narcotráfico. A renglón seguido identificó otros logros: la reducción de los homicidios de 86.5 a 64 por cada cien mil habitantes, haber logrado la estabilidad educativa con más de doscientos días de clases, el saneamiento de los índices de crecimiento económico, la construcción de parques y centros de recreación en las principales ciudades del país, y de manera especial la recuperación de zonas que durante años estuvieron bajo control de las maras y pandillas y de contar con proyectos de asistencia social cuyas ayudas llegan a miles de familias en el marco del programa “una vida mejor”. 

Juan Orlando Hernández valora como un éxito el fortalecimiento de la institucionalidad del Estado de Derecho. “Ya no somos ni el primero, ni el segundo, ni el tercero ni el cuarto ni el quinto país más violento del mundo”, dijo con euforia el presidente en la apertura de la tercera legislatura del Congreso Nacional mientras centenares de militares y policías tenían acordonado el ingreso a las instalaciones a lo largo de varias cuadras de distancia y con el ingreso de apenas 40 comunicadores sociales, entre los que no pudo estar Radio Progreso por la expresa prohibición a que cubriera los eventos con el argumento que cuanta más gente ingresara más peligro corrían las personalidades asistentes. 

JOH aplazado

Sin embargo, en el sondeo de opinión pública que el ERIC realizó el año 2015, la sociedad hondureña reprobó con 4.7 el segundo año de gestión del presidente Juan Orlando Hernández. La institucionalidad del Estado llegó a niveles de descrédito que ya no solo subió la desconfianza hacia ella por parte de la ciudadanía, conforme al sondeo de opinión, sino que 2015 se podría calificar y recordar como el año con el nivel más directo de intervencionismo que el gobierno de los Estados Unidos tuvo en Honduras como nunca antes, tanto que en los hechos las decisiones del presidente de Honduras y de los diversos entes del Estado quedaron plenamente subordinadas a las decisiones directas del Embajador del gobierno de los Estados Unidos.

“Alianza tutelada y dispareja”

El gobierno de los Estados Unidos está plenamente consciente de que la institucionalidad hondureña llegó a niveles de crisis sistémica, y que sus aliados los políticos y altos empresarios no tienen la dosis de confiabilidad necesaria para una alianza estable y creíble. Así lo dejó establecido el sondeo de opinión pública de 2015: los tres poderes del Estado, seguidos de la instancia de lucha contra la corrupción, tienen niveles de desconfianza que superan el ochenta por ciento. 

Por ello, el gobierno estadunidense actúa con sus antiguos y tradicionales aliados a partir de lo que podríamos definir como “alianza tutelada y dispareja”. Cuando a comienzos del año 2015 la banda de los Cachiros se entregó al gobierno de los Estados Unidos a comienzos del año, el gobierno hondureño titubeó en su respuesta y tardó horas y días antes de oficializar como cierta la noticia. Tanto este hecho como la mayoría de acciones que condujeron a la captura y extradición de narcotraficantes fueron posibles por la acción directa de agentes e instancias del gobierno de los Estados Unidos. Parte del éxito de varias de las acciones contra el narco negocio se logró por la decisión de instancias del gobierno de los Estados Unidos de evitar que la información sobre los operativos se filtrara hacia los organismos internos del Estado hondureño. 

Toda la operación que condujo a la captura y demanda en contra de la poderosa familia Rosenthal acusada de delitos vinculados con el lavado de activos y vínculos con el narcotráfico provino de los Estados Unidos y efectuada por agentes de organismos de seguridad del país del norte. El gobierno hondureño se limitó a avalar y ratificar las decisiones, mientras que la voz del Embajador James D. Nealon acabó reemplazando en eficacia y oficialidad a la del presidente de la República. Sin embargo, Juan Orlando Hernández al cumplir su segundo año de mandado sacó pecho de éxitos ajenos.

De acuerdo al último sondeo de opinión pública del ERIC, los éxitos de Juan Orlando Hernández en estabilidad económica y de respuestas a necesidades de la población más pobre no tienen sustento. Junto a la inseguridad, el desempleo y la incertidumbre económica siguen siendo las angustias mayores de la gente, y es lo que sustenta la muy baja calificación que recibe el Presidente por su gestión pública. Existe un enorme abismo entre los éxitos y logros que publicita el gobierno y la percepción de la sociedad hondureña que prima el repudio y malestar muy por encima de los reconocimientos positivos a la gestión pública. 

La reelección va y nadie la detiene

Juan Orlando Hernández inicia el tercer año de gobierno atrapado entre su desgaste como político y funcionario público y su enorme afán por agrupar fuerzas y recursos para convertir su tercer año en la plataforma política de su relanzamiento a la campaña por su reelección. “la reelección va y nadie la detiene”, es la consigna que se escucha entre sus más cercanos colaboradores. Este tema, que junto con el del saqueo del Seguro Social, significaron los dispositivos de mayor rechazo hacia Juan Orlando Hernández para el éxito de las caminatas de las antorchas, seguirá siendo el de mayor controversia en este año 2016. Muchos sectores de cúpulas parecen coincidir en mantener las puertas abiertas a la reelección presidencial. Se dice incluso que es un tema en el que la Embajada de los Estados Unidos habría dado su aval. 

Los oráculos hondureños parecen coincidir. Marvin Ponce, el oráculo de Juan Orlando Hernández, ha advertido la reelección desde hace año y medio. Desde que lo anunció hasta ahora, este oráculo se ha dedicado a ratificar su vaticinio. Omar Rivera y sus adláteres en la Asociación por una Sociedad más Justa, ASJ, el oráculo de la Embajada Americana, con más discreción y elegancia, han ido abriendo las mismas condiciones reelecionistas a través de la validación del diálogo oficial de JOH y la irremediable defensa de la institucionalidad en harapos.

El asunto entonces no parece ser la reelección. El asunto es la regulación de la misma. Y más claro todavía, el problema es Juan Orlando Hernández y su decisión política de asegurar que la reelección sea continua. Al entender su tercer año de gobierno como plataforma para  conformar y lanzar su campaña reeleccionista, Juan Orlando Hernández ha zanjado de un tajo su principal obstáculo político interno: Rafael Leonardo Callejas, el único que podía significar una sombra para sus pretensiones. Una vez descalificado no por razones políticas sino por las acusaciones de corrupción en la FIFA, Callejas dejó allanado el camino para que Juan Orlando Hernández organice con tranquilidad política su dispositivo proselitista sin desgastarse por fuerzas demasiado adversas al interior de su partido.

Su contrincante político oficialmente más enconado, LIBRE, y particularmente el expresidente Manuel Zelaya y su equipo, estarían muy anuentes a avanzar hacia la implementación de la reforma constitucional que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia aprobó en abril de 2015 para permitir la reelección presidencial. Para LIBRE hablar de reelección no significa ningún problema político, lo que evitan a toda costa es aparecer abanderados de la misma. “Este no es un tema de LIBRE, es del presidente Juan Orlando Hernández”, repiten cada vez que se les pregunta.  Lo dejan muy claro: siendo la reelección un asunto que especialmente interesa a Juan Orlando Hernández, el tema debía llevarse a una consulta nacional, sabiendo que lo que políticamente rechazan ellos, los de LIBRE, es el continuismo que subyace en el interés del presidente de la República. Desde la valoración de alguno de los ideólogos del sector más leal a Manuel Zelaya Rosales, la confrontación entre reeleccionistas y no reeleccionistas es falsa o una disputa alimentada por sectores interesados en debilitar a LIBRE como opción política. Así lo dice Ricardo Salgado, pensador de alto relieve en LIBRE: “la manipulación del tema reelección lleva como objeto desmantelar la oposición y reducir el interés por los planteamientos estructurales que surgen del Partido LIBRE”.

La confrontación real es, para este analista de LIBRE,  entre la democratización propuesta por LIBRE y el continuismo de Juan Orlando Hernández. En este debate, pensadores de LIBRE relativizan la condena que hacen sectores “no reeleccionistas” a la administración actual como “dictadura”. Y así lo formula Ricardo Salgado: “Por supuesto, para crear semejante efecto de impotencia en la clase media se debe construir un mito de grandes proporciones, este es elevando a Juan Hernández a la cúspide de un estado dictatorial; sin dictador no existe ningún movimiento. Y aquí se complica mucho el asunto, pues Hernández, el presidente hondureño más complaciente con las esferas de poder norteamericanas se implanta en el imaginario colectivo como un objetivo de caza del “intransigente justiciero americano”, y ahí se distorsiona todo a extremos impensables”. 

Dicho con palabras más precisas: para LIBRE el problema no parece ser la decisión de Juan Orlando Hernández y su proyecto de concentración de decisiones en torno a su persona –y por eso mismo, con rasgos que lo asemejan a una dictadura--, sino la maliciosa tendencia que aglutina a diversos sectores de clase media y que ha liderado el fenómeno de la indignación, de dar a Juan Orlando Hernández unos poderes que no tiene acentuando la lucha en contra de su reelección, golpeando de esa manera no tanto al proyecto de Juan Orlando Hernández, sino la propuesta de LIBRE y de su líder Manuel Zelaya Rosales.

¿Reelección sin reformas?

Así las cosas, la reelección se va convirtiendo en una realidad novedosa en el proceso electoral que tendrá entretenidos a los diversos partidos políticos en los dos años siguientes. Una reelección que no ha pasado por reformas a la regla del juego electoral, una demanda de los partidos de oposición que se expresa en la integración de representantes de los nuevos partos en el Tribunal Supremo Electoral, en el Registro Nacional de las Personas, nueva tarjeta de identidad y una segunda vuelta. Estas reformas ya no pueden ser posibles que tengan efecto para el actual proceso electoral puesto que la aprobación de las mismas por una legislatura ha de ser ratificada en la siguiente legislatura. 

En caso de que el Partido Nacional accediera a las reformas y las mismas se aprobaran a lo largo de la presente legislatura, tendría que esperarse la siguiente legislatura, es decir, hasta el próximo año, cuando el Tribunal Supremo Electoral ya habría dado por abierta la contienda electoral para las elecciones primarias. Sin embargo, el Partido Nacional, es decir, Juan Orlando Hernández, no ha dado ni la menor de las señales para acceder a reformas. Pero, insistimos, aunque accediera, a estas alturas del tiempo todo el proceso electoral y las pretensiones reelecionistas de Juan Orlando Hernández deberán realizarse bajo las actuales reglas del juego del proceso electoral así como ha venido funcionando tradicionalmente. Y así, el continuismo del actual presidente de la República se advierte como una amenaza inminente.

Sin embargo, aunque las reglas del juego sigan siendo las mismas, el deterioro político institucional va también definiendo sus propias reglas del juego. Y también de actores. En el primer trimestre del año 2015 nada podría prever la irrupción del fenómeno de las antorchas. No obstante, el destape del saqueo del Seguro Social unido a que quien tiene directas implicaciones en el mismo provoca la reforma constitucional para reelegirse como presidente, estremecieron las conciencias de amplios sectores de la ciudadanía hasta obligar a Juan Orlando Hernández a que llamara a un diálogo y a que finalmente aceptara la presencia de una instancia internacional como la MACCIH. Es decir, las reglas del juego en un Estado resquebrajado como el hondureño se pueden trastocar y los actores pueden también emigrar de una estabilidad y reconocimiento nacional a ser enjuiciados y perder de un porrazo toda su credibilidad. Así ocurrió especialmente con el expresidente Rafael Leonardo Callejas, quien a mediados del año 2015 emergió como una carta política que rompía las trancas jurídicas que impedían la aspiración de expresidentes para ser reelegidos. 

 

Políticos proponen y el deterioro dispone

De ser el hombre que podía no solo apadrinar la candidatura de Juan Orlando Hernández a una nueva elección presidencial sino a competir con él con notables signos de reemplazarlo en el liderazgo de la extrema derecha, pasó a ser a partir de diciembre del mismo año 2015, un vulgar perseguido por la justicia internacional, particularmente a ser demandado por la justicia del gobierno de los Estados Unidos, y exigir su extradición, hasta terminar con un pie en una de las cárceles de los Estados Unidos por estar acusado de actos de soborno y de corrupción como directivo de la FIFA. Dentro de Honduras el nombre de Callejas siempre ha sido sinónimo de corrupción. Ha sido el corrupto ejemplar, el paradigma de político hondureño que logró la poderosa capacidad de ganar seguidores justamente por su capacidad de convertir todo acto político en acto de corrupción, y toda demanda legal en carta de sobreseimiento o libertad. Siempre fu el intocable, y quien elevó la práctica corrupta a los más altos niveles de honorabilidad. Se puede decir que la cualidad eximia de callejas fue el haber convertido el acto corrupto en honor, la evasión de la justicia en sagacidad y el hacer del Estado un negocio en inteligencia política.     

En la situación de ebullición y colapso de la institucionalidad del Estado la vida de Callejas dio un giro literalmente de un día a otro. Lo mismo ocurrió con la familia Rosenthal y su poderoso emporio financiero y empresarial, y aunque parezca que era previsible, es lo mismo que sucedió con los principales líderes del narcotráfico, quienes vivían sobre el entendido de que en Honduras nadie los podía tocar. Y en efecto dentro de Honduras nadie los tocó. Por ello, en la ebullición hondureña solo un actor como el gobierno de los Estados Unidos puede intervenir para cambiar el día por la noche, la oscuridad por la claridad, la honorabilidad por la pillería. Callejas pasó de un día a otro de ser el honorable político y empresario honorable a un forajido, como él mismo llamaba a los rateritos y ladronzuelos callejeros. 

A más deterioro, más gobierno imperial

El actor llamado Embajada y gobierno de los Estados Unidos ha sido decisivo en conducir la vida política, judicial y de seguridad del país a lo largo del año 2015. Y parece que seguirá siendo así el año actual y los años venideros. Los logros y éxitos que Juan Orlando Hernández se adjudica a sí mismo son éxitos y logros de otro gobierno que no es el hondureño. Juan Orlando Hernández ha sabido comportarse a la altura de un obediente cumplidor de órdenes superiores. Y ese es sin duda su éxito. Es el éxito del mercenario. El éxito del fiel servidor del extraño. 

En asuntos de la reelección, como en los asuntos de la seguridad interna y de la persecución del crimen organizado, la conducción del proceso reside en los hilos del gobierno de los Estados Unidos. Habrá reelección se la Embajada de los Estados Unidos da el banderillazo. De acuerdo a diversos datos, todos los signos estarían decantándose hacia la reelección. No tanto como la desea Juan Orlando Hernández --continua e indefinida--, sino alterna y a lo sumo la reelección solo para un siguiente período. Y todos los hilos conducen a identificar la propuesta de Juan Orlando Hernández en un franco proceso de debilitamiento y con un futuro de incertidumbre. Aunque parece que se ha echado en la bolsa a la comunidad internacional, y que goza del respaldo de las delegaciones diplomáticas europeas y de norte América, a Juan Orlando Hernández no parece que le esperen escenarios muy distintos a los que tuvieron que enfrentar los expresidentes Portillo y Pérez Molina de Guatemala, su amigo personal y maestro, el expresidente Rafael Callejas, o el que trágicamente ha debido correr el expresidente Francisco Flores de El Salvador. Puesto que su futuro fuera de la presidencia de Honduras es muy incierto, Juan Orlando Hernández reforzará este año tanto su propuesta proselitista como su obediencia a la política de seguridad del gobierno de los Estados Unidos.

Recuento de conjunto

Un recuento del cuadro político como está pintado en la Honduras de comienzos del año: los actores internos perdieron capacidad para conducir sus propias crisis y menos para buscar respuestas desde sus capacidades. Así lo ha entendido  el gobierno de los Estados Unidos, por ello ha decidido comprender su política de seguridad no desde una intervención desde lejos, sino desde la conducción y toma de decisión directa. Así quedó establecido con las acciones que condujeron a la extradición de líderes del narcotráfico, empresarios y políticos que han estado en alianza con las bandas del narco negocio, y así se ha evidenciado en la presencia directa para responder a la crisis generada por las presiones de las antorchas a través del aval para la instalación de la MACCIH en lugar de la CICI-H, y en saber intervenir para una elección de magistrados a la Corte Suprema de Justicia no salpicados con el crimen organizado. 

De igual manera, un recuento político pasa por una lectura del proceso seguido en la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.  Ese proceso tortuoso ratifica tanto el colapso de la institucionalidad del Estado hondureño como del modelo tradicional del bipartidismo hondureño, así como la incapacidad de los actuales liderazgos políticos para conducir por su cuenta respuestas que conduzcan a nuevos escenarios institucionales y políticos. Es colapso de modelo pero no del bipartidismo como expresión política de las élites hondureñas. El bipartidismo se encuentra actualmente en un proceso de tránsito hacia la construcción de un nuevo modelo político que mejor  represente los intereses de las élites dentro de un mapa político definido por la pluralidad de fuerzas. Cómo asegurar el liderazgo bipartidista en esa pluralidad partidista es el desafío que buscan resolver las élites hondureñas. Hacer cambios para que no cambie nada, es el objetivo en el áspero ambiente político hondureño. 

Asimismo, la justicia hondureña sigue siendo remolcada por los partidos políticos, lo que imposibilita que haya independencia judicial en las decisiones que se van a tomar en los próximos siete años. Con la institucionalidad actual, las elecciones tanto de primer grado como de segundo grado serán cada vez más complejas y se convertirán en escenarios de confrontaciones y polarizaciones. Si la elección de esta Corte ha sido cuestionada y cargada de confrontación, ¿cómo será la siguiente elección de los otros órganos contralores del Estado que tienen que ser electos por el actual Congreso Nacional? ¿Y cómo serán las siguientes elecciones de primer grado?

La alta crisis de institucionalidad que se evidenció en la elección de la Corte Suprema de Justicia, la pérdida de confianza en toda la institucionalidad es lo que caracteriza al Estado hondureño cuando Juan Orlando Hernández inicia su tercer año de gobierno. Esta crisis es sistémica no coyuntural. Las élites hondureñas expresadas en los dos partidos tradicionales buscan resolver la crisis con respuestas coyunturales. Las fuerzas políticas de oposición acentúan la búsqueda de respuestas a partir de cambios o reformas, pero sin contar con los diversos sectores sociales no partidarios. 

La crisis sistémica actual y que se viene arrastrando a lo largo de varias décadas y que se acentuó a partir del golpe de Estado de junio de 2009, no se resuelve con parches, es decir, ni con respuestas coyunturales ni con reformas que se definan a espaldas del conglomerado. Toda respuesta que no toque a fondo los conflictos es generadora de mayores incertidumbres, y los políticos actuales prefieren que se ahonde la inestabilidad y el deterioro a perder cuotas de poder. Al final juegan con su propia existencia, porque al no romper con sus propias lógicas de poder lo que hacen es afinar más la punta de la estaca que ellos mismos se están hundiendo. 

El colapso actual es propicio para un debate nacional que conduzca a la construcción de propuestas de una nueva institucionalidad, y un nuevo pacto que reemplace el pacto de 1981, cuando se redactó la Constitución vigente y que ha pasado por decenas de reformas y que sufrió su mayor revés con su ruptura constitucional en 2009. Es decir, más que parches o reformas dentro de una institucionalidad colapsada, lo que ha de ponerse en discusión es el proceso hacia una Constituyente que redacte una nueva Constitución Política. Y en esta apuesta es en donde se juega el presente y el futuro del país y de la estabilidad o inestabilidad de toda la sociedad hondureña.

 

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