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Radio Progreso

Las consecuencias políticas y sociales del golpe de Estado de 2009

Jun 28, 2017

Por: Rossel Montes

Atrás habían quedado los fatídicos golpes de Estado militares desde los tiempos de Oswaldo López Arellano y el reformismo militar en la década de los 60 y 70, que se habían encargado de configurar los mecanismo de poder desde el consenso de Washington. Toda América Latina en el siglo XX fue un experimento de golpes de Estado, el surgimiento del Populismo que canalizó las formas de descontento de social como diría el sociólogo brasileño Octavio Iani; una mezcla de bonapartismo, autoritarismo y populismo fueron las características del autoritarismo latinoamericano (Guillermo O.Donnell) Los golpes de Estado de viejo cuño sobre todo eran para detener el avance y configuración de los movimiento sociales y el movimiento obrero, ya que en el siglo XX se dio un crecimiento del obrerismo y al mismo tiempo un éxodo del campo a la ciudad, lo que diría Aníbal Quijano: una marginalización y urbanización masiva.

Dicha marginalización y éxodo hacia las ciudades desencadenó una relativa masificación de trabajadores en las ciudades grandes, creando condiciones óptimas para el despegue de un capitalismo dependiente. En sintonía con el crecimiento económico que vivió la región latinoamericana, y Honduras no fue la excepción, retoman fuerzas los movimientos sociales que van a darle lucha a los gobiernos bonapartistas, fascistas dirán algunos teóricos, cosa que desmiente Atilio Borón, es una discusión para otro espacio.

En 1964 se dio un golpe de Estado contra el presidente João Goulart por militares brasileños con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, es considerada una de las dictaduras más represivas del continente, en la cual fue reprimida la presidenta Dilma Rousseff. El golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973, a pesar del gran apoyo popular del gobierno socialista-socialdemócrata, éste fue derrocado por las armas. El general Pinochet arrancó el poder y lo mantuvo casi dos décadas, las consecuencias fueron cientos de muertes y una represión brutal con el apoyo de los EEUU. Al mismo tiempo de la algarabía de las dictaduras, se pone a maquinar el experimento de los Chicago Boys con Milton Friedman, y el monetarismo neoliberal. Era el inicio de una nueva era, la era de lo privado sobre lo público. Honduras es un caso muy ejemplar en la puesta en práctica de dichas políticas neoliberales, la destrucción del sector estatal y la privatización de casi toda la vida nacional nos ha convertido en uno de los países más paupérrimos de la región, sobre todo con el actual gobierno ultra neoliberal y anarco-capitalista.

Podríamos decir que en todo Latinoamérica, y Honduras la forma política de gobierno que más ha predominado en todo el siglo XX, e incluso podríamos remontarnos a siglos atrás, como bien lo hace la historiadora Ethel García, con su estudio sobre las formas de gobierno en el siglo XIX, rastreando el problema desde las Cortes de Cádiz en su último trabajo. La democracia ha costado sangre y lágrimas conquistarla, un laberinto como diría Octavio Paz, un laberinto de sin fin, donde no se encuentra el norte. La democracia en Honduras parece una entelequia escuché decir al profesor Matías Fúnez, una forma que se contradice a sí misma y que no se nos desliza de las manos.

 El golpe de Estado del 2009 puso en entredicho qué tan fuertes o débiles eran nuestro Estado de Derecho, como pudimos ver no fue difícil para los poderes fácticos, maquinar un golpe de Estado totalmente suigéneris, es decir totalmente novedoso, distinto a los golpes de Estado clásicos, donde se embestía y desmantelaba toda la formación política de determinada sociedad, su forma de gobierno. El golpe de Estado, o sucesión constitucional como lo prefieren llamar muchos abogados e intelectuales conservadores, puso en evidencia la tremenda fragilidad de nuestras instituciones, el Estado de derecho, la construcción del sector público como diría Mario Posas y que tardó tanto tiempo en construir, era disuelto en tan poco unas horas, la vida política, las instituciones, la separación de poderes, se había vuelto una cosa innecesaria, una liquidez, algo superfluo. Las consecuencias fueron nefastas, los muertos siguen siendo cientos, la pérdida del orden constitucional sigue roto. Lo más monstruoso de todo, hace unas semanas conversando con un joven sociólogo, catedrático por cierto, nos planteábamos algo ¿Cómo es posible que toda la experiencia del siglo XX con el fascismo y las dictaduras militares no nos hayan enseñado nada? Al menos más allá del aprendizaje de estos fenómenos en los libros de historia, sociología o ciencia política; la enseñanza política, táctico-estratégica para la izquierda y los nuevos movimientos sociales.

Las fuerzas políticas subsecuentes al golpe de Estado han hecho y deshecho con la vida nacional, la intensificación de todos los males sociales, la delincuencia, el encarecimiento de la vida, la canasta básica, la narco-política, saqueo deshumanizado a instituciones de previsión social, privatización, actualmente una militarización de la sociedad, una criminalización de la lucha estudiantil, creando un ambiente de violación sistemática de los derechos humanos, fuga de capitales, etc., etc.

Tras el Golpe surgen nuevas fuerzas políticas, surge el Frente Nacional de Resistencia Popular contra el golpe de Estado, el cual nuclea en su seno a todas las fuerzas políticas, antes Bloque Popular. El acuerdo de Cartagena y el partido LIBRE fueron los más importantes resultados. Como es usual en los movimientos sociales que deciden ser contenidos y evitar que se salgan de la órbita electoral, y devengan en movimientos que atenten contra el Status Quo, la lucha electoral será la nueva agenda, dejando en un segundo plano la lucha de masas, la calle o como diría Grasmsci: la hegemonía antes de la toma del poder o Lenin: organizar la revolución o Rosa Luxemburgo con la huelga de masas. Pero no tenemos a una Rosa ni un Lenin. Así que las urnas será la agenda a seguir.

 Las consecuencias políticas del Golpe fueron: dejar una sociedad politizada, mucho más ideologizada que antes. En aspectos positivos, el pueblo tomó mayor conciencia de clase e histórica sobre su papel en el todo social y llegó a comprender la situación política de su entorno inmediato. Además este golpe dejó un Estado de derecho fracturado, mucho más débil de lo que se tenía, todos los logros en la construcción del sector público fueron destruidos ipso facto por el golpe, dejando una democracia representativa que parecía más un fantasma y una utopía. Una sociedad militarizada, neoliberalizante, una postura fascistoide por parte de la oligarquía y los poderes fácticos.

El sistema de partidos se democratizó a mi parecer, entrando en la vida política nuevas fuerzas políticas que han oxigenado la cultura democrática del país. Las alianzas políticas entre partidos fuertes es algo novedoso en la vida política, lo cual significa que la sociedad busca, de forma brutal, democratización, no revolución, sino democratizar la democracia como diría Sousa do Santos. Ese fatídico 28 de junio donde se sacó por la fuerza a José Manuel Zelaya, fue de los capítulos más horrendos de nuestra historia inmediata. Estábamos acostumbraos a experimentar el horror de la fuerza militar solamente en los libros de historia, no en carne propia.

La experiencia fue aterradora. Democracia y bestialidad, democracia y totalitarismo, son dos caras de una misma moneda, siempre las fuerzas retrogradas nos toma desprevenidos y hay que aprender de la historia de forma radical para prever este mal social.

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