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Érase una y varias veces en Anchuria - 03 Julio 2017

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Nuestra Palabra de Hoy, Comunicaciones, SJ
  Lunes, 03 Julio 2017  

Érase una y varias veces en Anchuria

Pasando por la Banana Republic, continuando con la Mining Republic y asumiendo ahora su expresión más florida con las Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, la historia hondureña nos reta cada vez con más fuerza y nos invita a buscar un poco en esas memorias llenas de carcoma y polvo. “Érase una y varias veces en Anchuria”, una pequeña República Bananera marítima de ficción. El término República Bananera fue acuñado a inicio del siglo pasado en el año de 1904 en el cuento “El Almirante” del escritor y humorista William Sydney Porter, mejor conocido como O. Henry que vivió por un tiempo en Honduras.

En las postrimerías del siglo diecinueve e inicio del siglo veinte, las transnacionales estadounidenses crearon enclaves con grandes plantaciones de monocultivos de banano. Eran un país dentro de otro país, quitaban y ponían presidentes, dictaban leyes y tomaban decisiones sin consultar a las grandes mayorías y los gobernantes debían buscar su “visto bueno” para poder actuar. La ficción se pintaba de realidad, las empresas bananeras en Honduras hicieron negocios al construir calles y vías para el tren y algunos puertos, todo eso a cambio de extensiones de tierras, que según cuenta la historia, por cada kilómetro de vía de ferrocarril el Estado hondureño daba 250 hectáreas de tierra a la transnacional. Y muchas veces esas construcciones sólo servían para los intereses de exportación de la misma empresa. Coincidencias aparte, el proyecto de las Ciudades Modelos y la construcción y concesión de carreteras desde el norte hasta el sur del país a empresas nacionales y extranjeras.

Honduras no es una isla alejada de lo que pasa en el continente, está en el centro de América y además está en el interés de los distintos espacios sociopolíticos de la región. Pasó hace más de un siglo que las transnacionales con sus enclaves bananeros ejercieron su poder en nuestras hermanas naciones como Ecuador, Colombia, Guatemala, Costa Rica, por mencionar algunos países. Y fueron partícipes directos de masacres como la ocurrida a obreros en Magdalena en Colombia en 1928 o la participación directa en Golpes de Estado como el ocurrido a Juan Jacob Arbenz en Guatemala. Anchuria, aquella peña nación ficticia, la República Bananera, se convirtió en realidad que también contaron obras como “Cien Años de Soledad” y “Prisión Verde”. Coincidencias aparte, el gobierno Anchuriano de Juan Orlando desconoce la dignidad del pueblo, se olvida de los empleados bananeros del Aguán y el Valle de Sula, relega los derechos de las obreras de la maquila, margina a los guardias de seguridad del IHSS, incumple con los exempleados del Grupo Continental, por citar algunos ejemplos.

Lo que caracterizaba a Anchuria era que tenía instituciones muy débiles, se dedicaba al monocultivo, muy dependiente de los capitales extranjeros y con altos niveles de corrupción. Coincidencias aparte, nuestra querida Honduras tiene una institucionalidad muy frágil con un golpe de Estado reciente y la reelección a las puertas que puede profundizar las crisis política; dedicada a la agroindustria y los monocultivos de palma; con altos niveles de corrupción e impunidad; y dependiente de la inversión de las transnacionales expresado en la figura del “Honduras Open For Business”. La Anchuria comandada por Hernández Alvarado, está abierta a los negocios, a los tratados comerciales y apertura de aduanas, a las Ciudades Modelos, a la minería, al capital transnacional.

Coincidencias aparte, este gobierno Anchuriano de JOH está en plena carrera y continúa construyendo las bases del modelo de desarrollo extractivista neoliberal en Honduras, la inauguración de un aeródromo en el sur del país, la apertura aduanera con Guatemala, el comienzo de las ZEDEs con inversionistas nacionales y la presidencia del SICA, no son cuentos de camino real, son acciones reales, concretas y contundentes para presentarnos como la Banana Republic del siglo veintiuno.

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