• Facebook
  • Twitter
  • Rss
Radio Progreso

Familias expulsadas de Honduras viven calvario buscando asilo en México

Jun 18, 2015

Testimonios. Son miles de personas las que buscan asilo en México huyendo de la violencia que impera en Honduras. Generalmente su destino final es Estados Unidos, pero en México pasan años y muchas veces se quedan atrapados sin lograr conseguir el status de refugiado. Así ha sido la historia de doña Marta y su familia. 

Doña Marta vivía con sus 4 hijas y su esposo en una aldea de El Progreso, Yoro, al norte de Honduras. En esta comunidad la violencia ha ido en aumento en los últimos años, según el Observatorio de la Violencia de la UNAH, El Progreso es la tercera ciudad más violenta del país. La familia de doña Marta también fue víctima de esta realidad que azota todos los rincones de Honduras. Por 15 días, su hija mayor fue secuestrada y para su liberación tuvieron que pagar 200 mil lempiras (10 mil dólares).

Esta cantidad de dinero era inalcanzable para la familia de doña Marta quienes tuvieron que vender casa, carro y pedir un préstamo para recuperar a su hija. Doña Marta no dice quienes fueron, pero asegura que después del retorno de su hija, los malvivientes seguían amenazándoles al punto de pedirles la casa donde vivían. Esta familia no tenía más opción que escapar.

Primero enviaron a México a su hija mayor que había sido secuestrada. Lo que pasa a muchas personas al llegar a México es que se sienten perdidas. No saben dónde que autoridades acudir. Así la joven pasó de albergue en albergue hasta llegar a un sitio donde ahora su familia no la puede contactar.

Doña Marta, con su esposo y tres niñas más salieron de Honduras un tiempo después y ahora buscan la forma de reunificarse con su hija mayor y dar el salto hacia Estados Unidos tras la negativa de las autoridades de brindarles status de refugiados. 

Tal y como lo están reportando las organizaciones que promueven y defienden los Derechos Humanos de los migrantes en tránsito por México, cada vez los flujos migratorios van en aumento y con población de varios países incluidos Cuba y Haití, cuya cantidad de migrantes cada vez es mayor.

En los últimos años se ha incrementado significativamente el número de solicitantes de asilo y refugiados provenientes principalmente de Guatemala, El Salvador y Honduras. Las solicitudes de los tres países han pasado de  6,864 en 2009 a 15,694 en 2013, es decir, un aumento del 130% (según UNHCR Global Trend 2000- 2013). En el año 2013 se registran un total de 18,577 refugiados reconocidos del triángulo norte centroamericano. 

Como señaló en el año 2012 Fernando Protti, representante de ACNUR en Mesoamérica: que se registren tantas personas centroamericanas con  estatus de refugiado no es normal para una región "supuestamente" en paz. Tradicionalmente, buscan protección internacional en los Estados Unidos, Canadá y México; aunque ya se registran casos en otros países de la región (Costa Rica, Nicaragua, Belice y Panamá).

Aún con ese panorama, los países como México cada vez se vuelven más duros en sus políticas al tratar de acabar con toda posibilidad de brindar visas humanitarias, refugio y asilo político a una gran parte de la población que huye para salvar su vida y la de sus familiares.

Según declara Diego Lorente Pérez, Director del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova en Tapachula, Chiapas, cada vez hay menos protección internacional para la población desplazada por la violencia.

“Las causas de la migración siempre han estado interconectadas, nunca ha sido solo una migración económica, o una salida por refugio, pero estamos viviendo una época donde el predominio de la violencia está teniendo más fuerza en la decisión de las personas que la cuestión económica. Con el plan Frontera sur es como un choque de trenes, la gente que viene huyendo de la violencia masivamente que se enfrenta con una política de control migratorio muy fuerte, es un choque de trenes donde las violaciones de DDHH son mayores”, dijo Lorente quien además aseguró que son muchas trabas para que la gente que busca refugio lo obtenga. “estamos ante un gobierno que no quiere aceptar que la situación centroamericana requiere una política pública de asilo y apoyo internacional para con ellos”.

Lorente dijo algo que Marta nos lo contó en su historia de vida. Llegar a México con todos los muros que ponen sus políticas públicas, e incluso logrando el status de refugiado, es sumamente difícil. La integración social es un martirio. 

Marta llegó a este país del norte con su familia y pasó presa 8 meses con sus tres niñas y esposo. Una de sus niñas enfermó y ella tenía crisis nerviosa todos los días. Ahora que están en supuesta libertad, viven en una casa abandonada atrás de una chatarrera, donde el techo está a punto de caerles encima. 

“Venir a México a comenzar de nuevo a un lugar donde no tienes tierras, patria ni amigos, es muy duro. Nos han ayudado mucho las personas de Fray Matías y seguimos con la esperanza de que podremos recibir el status de refugiado e ir en busca de una reunificación con la niña que se vino antes a Méjico ya que nos han informado que la tiene un señor que se llama Enrique Muñoz y que la maltrata. Hemos puesto la denuncia e incluso hemos colaborado con la policía hasta con dinero para que nos ayuden pero nada”, contó doña Marta. 

Doña Marta se siente perdida, solo confía en algunas ONGs que le apoyan en su caso, pero de autoridades ella no sabe nada, está abandonada. De Honduras solo sabe que fue su hogar pero que la expulsó con todo y familia y no puede pensar en regresar.  

María pagó con dinero, pagó con su cuerpo hasta que huyó

María es otra madre que tuvo que huir de Honduras con sus hijos. Ella vivía en La Lima, Cortés, al norte de Honduras. La maldad de su país también la ha tocado adonde se encuentra ahora en México con asilo político.  

El suplicio de María comenzó con una llamada, así como el de miles de hondureños y hondureñas que se ganan la vida en pequeños negocios. María vendía comida y cuando fue creciendo su clientela la mara lo notó. Así un día la llamaron para pedirle el famoso “impuesto de guerra”.

María pagaba 200 lempiras (10 dólares) semanalmente, pero luego la cuota aumentó hasta 600 lps (30 dólares). María no solo no aguantaba el alto precio de la extorsión, también repudiaba que el hombre que llegaba a recoger el dinero la acosaba sexualmente. 

El negocio quebró, y María pensó que así se libraría de los delincuentes. María estuvo en varios municipios del país trabajando para mantener a sus hijos a quienes dejó al cargo de sus padres. Pero María tenía que regresar algún día, eso lo tenían claro los de la mara. 

El 31 de diciembre que María andaba en San Pedro Sula comprando los estrenos a sus hijos, el hombre que la acosaba y le cobraba la extorsión la secuestró. 

Con su cara tapada, María escuchaba cuando le advertían que si no hacía lo que ellos querían, ya había alguien afuera de su casa esperando la orden para dar muerte a sus hijos. Así María, aun no entiende porqué vivir en Honduras costó pagar alto precio no solo en efectivo sino con su propio cuerpo. 

Por tres meses, en medio de amenazas, María tuvo que ser propiedad de su violador. Incluso él mismo le entregó un teléfono para que recibiera solamente sus llamadas en donde la citaba para violarla. Pero un día, la mara le pidió más que dinero y más que su cuerpo. El 11 de marzo de 2015 la mara le pidió a María uno de sus hijos. 

“Mi hijo mayor tenía 15 años y me lo pidieron. El 12 de marzo tenía que entregarlo. Así desesperada decidí irme, le pedí dinero a mi papá y con 6 mil lempiras (300 dólares) salimos del país con mis hijos. Salimos del país como delincuentes. Llegué a la frontera de Aguas calientes en Guatemala, y allí me extorsionaron, 1500 lempiras por cada niño. Y en Guatemala 100 quetzales por cada niño. Donde he estado igual seguí siendo víctima de violación, porque en México me encontraron los de la mara de Honduras, me violaron y me volvieron a exigir a mi hijo. Pero yo no voy a regresar y le pido a Dios que cambie las autoridades que hay en el país porque no es justo que uno tenga que dejarlo todo, venir a un lugar donde no hay nada”, cuenta María.

¿Qué opciones tiene María? ¿Qué opciones tuvo solo por vivir en un barrio controlado por maras y pandillas? ¿Qué opciones tienen ahora sus hijos? María lamenta que Honduras esté gobernada por gente tan mala, desde las instituciones del estado hasta las calles de los barrios más marginados. También lamenta que habiendo tanta gente buena, como ella y sus hijos, tengan que ser sometidos y hasta se acostumbren a eso. 

Los barrios manejados por maras y pandillas generalmente son “menos violentos”, la gente nunca habla mal de estos grupos, porque la violencia es tan interna y tan secreta. María vivió meses las peores violencias, en silencio. 

Ahora María dice que su única opción es subir más al norte, dar el salto a Estados Unidos. Sus hijos han sufrido y merecen otra vida y ella, ella es una guerrera que donde sea sacará adelante a su familia. 

“Aunque me hayan violado, amenazado, mientras yo tenga vida yo seguiré luchando porque soy una guerrera. Quiero que mis hijos sean diferentes”, así cierra María este capítulo duro de su vida que nos contó.  Así ella guarda la esperanza de una vida mejor muy lejos de Honduras. 

 

HomeComunicacionesCoberturas EspecialesMisión Regional de Investigación y DenunciaMigración: una forma de escape ante violencia y pobreza en Honduras Top of Page

Aléf | Sección Cultural

Con ojos de Mujer