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Radio Progreso

Corrupción, protesta social e institucionalidad en Honduras

Jul 08, 2015

“Seguimos siendo como decía Morazán una “patria” vacilante e incierta”.

 Ramon Oquelí Garay

La corrupción parece un mal endémico de toda formación histórico-social. Desde las más remotas formaciones sociales hay registro de actos barbáricos  y que erosionan la configuración sana de una sociedad determinada.  Desde el descubrimiento de la Ley en el mundo antiguo, las sociedades pasaron a crear mecanismos o figuras normativas en torno a las ciudades Estado como lo era en la antigua Grecia y Roma.  El hombre en el trascurrir del tiempo histórico, siempre ha buscado las formas de superar los mecanismos que destruyen la ciudad, país, Estado o nación.

Son pocos los trabajos historiográficos que han detallado sobre la trayectoria de la corrupción en Honduras en su historia contemporánea, rastreando la corrupción desde la confederación centroamericana 1824-1838, hasta la Reforma liberal, y de esta a nuestros días, con el retorno a las democracias formales, a la Tercera Ola como decía el politólogo norteamericano Samuel Huntington.

La historia, la sociología, la ciencia política, la filosofía y demás ciencias humanas en Honduras tienen demasiado material para teorizar, los posibles escenarios del actual movimiento de cosas en nuestro país.  Recordemos que la  ciencia sin compromiso social es una ciencia muerta, y una ciencia que no ayude a mejorar las condiciones de vida de los sujetos sociales, cosa que sería y es una verdadera tragedia. Sería una muerte deshumanizante y epistemológica de la ciencia.

Honduras se ha convertido en una verdadera bomba sociológica de tiempo, una bomba que tiene sus raíces en la historia antigua y reciente de nuestro Estado Nación. Los términos corrupción, falta de institucionalidad y protesta social podrían definir muy bien los actuales acontecimientos del país, donde cada vez decenas de personas salen a denunciar a las calles y a través de medios de comunicación independientes los actos de corrupción del Partido Nacional. El desfalco al Seguro Social perpetrado desde el anterior gobierno  y que ha estallado en el actual gobierno, producto del hallazgo de pruebas que involucran a este partido político directamente, y haber sacado la monstruosa cantidad de 2000 mil millones de lempiras, dejando sin el acceso a la salud a miles de hondureños que habrían muerto producto de la negación al acceso a la salud. 

Todo esto aunado a la severa descomposición social que el país está viviendo. Según las cifras de algunos organismos internacionales en Honduras mueren 100 por cada 100 mil habitantes, una cifra de las más altas en América Latina, seguida por Venezuela con 50 por cada Mil, que sería una cifra alta.  El severo debilitamiento de la institucionalidad se aceleró luego del golpe de Estado en 2009, que rompió el orden constitucional, el cual no se rompía desde los años 70s, desde 1975 para ser exactos, año que hubo el último golpe de Estado.

La corrupción en Honduras es ya un problema endémico, y un problema sistémico, ya que es un asunto que subyace en las entrañas del mismo modo de producción, y no hablamos de otra cosa que del modo de producción capitalista, que aunque sea un capitalismo subdesarrollado es el dominante en el país, y domina a otras formaciones sociales, como en el campo. 

El problema de Honduras parece ser, y de forma  clara y taxativa: Tener una élite gobernante totalmente apátrida, antidemocrática, antiética y totalmente alejada de los verdaderos y profundos problemas que aquejan y obstaculizan el desarrollo del país. Como decía André Gunder Frank, con lumpen en burguesías, es casi imposible crear economías estables e independientes, y por ende, casi imposible crear una cultura democrática y pletórica de institucionalidad democrática. La corrupción en el país se ha exacerbado que parece que la misma democracia formal, está por desaparecer, lo cual podría ser un indicador para la configuración de otra formación social, ya podría ser populista o más democrática, o, en el peor de los caso, y es algo que no queremos, la dictadura.

El gobierno actual ha dado rastros de bonapartismo, que fue un término acuñado por Marx analizando en Francia a Luis Bonaparte y que el marxismo del siglo XX popularizó y usó para distinguir los regímenes dictatoriales de los bonapartistas. Aquí se usa de forma ligera el término Dictadura para caracterizar toda inventona autoritaria de un gobierno, incluso usan el término Fascismo, que es un caso social y político muy específico de Europa.  Evidentemente estamos en un régimen bonapartista de derecha, con elementos simples de populismo, demagogia extrema, donde el hombre a caballo se cree un salvador, en este caso el salvador de la élite hondureña.  Un parlamento controlado, un Ministerio Público controlado,  una Corte Suprema controlada, y casi todos los órganos del Estado controlados, que casi hace imposible cualquier intento de maniobrar a nivel institucional.

La corrupción ya no es como se ha visto de forma simple, como un problema meramente ético o moral, es un problema que ha devenido en estructural, que afecta a toda una formación social, ya que la corrupción imposibilita la construcción de la misma democracia.  En Honduras la corrupción es un asunto social-ético-moral, que está presente de forma profunda en el diario vivir de los hondureños. Donde la ausencia de instituciones que hagan bien su trabajo y hagan valer las leyes, hacer pagar el delito, es el A-B-C de una sociedad que ya está en el abismo sistémico. La corrupción rebasó los límites de lo moral para devenir en un catalizador de los procesos sociales, jurídicos y políticos, y obstaculizar la profundización de la democracia. Desde el golpe de Estado en 2009 se ha visto en los imaginarios sociales, un fortalecimiento de las conciencias colectivas y del pensar de los hondureños sobre su papel en la cosa pública, la idea de que el hondureño promedio es apático, e indiferente con sus propias necesidades, con la política y la percepción de lo social, ha cambiado. Se ha roto el cerco mediático con la irrupción de medios de comunicaciones no oficiales. También se ha roto el viejo bipartidismo, o al menos ha comenzado a desquebrajarse, ya que uno de los partidos históricos aún gobierna.

La extrema y endémica capacidad de corruptibilidad de los partidos tradicionales y la empresa privada, han erosionado los mismos cimientos de la democracia formal-burguesa y desquebrajando el antiguo sistema republicano que ellos mismos dicen defender. En este sentido la protesta social ha irrumpido como fenómeno sociológico de masas, las cuales han estado contenidas por diversos sectores de la sociedad civil, partidos políticos de oposición, ciudadanos de a pie, estudiantes, amas de casa y sectores que históricamente han sido apáticos a ser partícipes   en asuntos  de política y la cosa pública. El cansancio y el desgaste de la sociedad hondureña por tantos años de explotación, saqueo y múltiples engaños de los partidos vernáculos es evidente tanto así que tales protestas han convertido a Honduras en el ojo del huracán a nivel mundial y la atención pública.

Los futuros acontecimientos y las posibilidades de cambio social, institucional y político del país, dependerá, estrictamente de las fuerzas opositoras, y de la capacidad de ésta para devenir en una fuerza de cambio. Quedó claro que la luda parlamentaria es necesaria, pero ésta es insuficiente, ya que a veces parece que es una extensión de los poderes instituidos y fácticos de siempre. La protesta social tendrá que resurgir, y hasta la misma constitución lo ampara, que todo gobierno ilegitimo y despótico, violador de los derechos humanos, deberá ser derrocado y sustituido. La sociedad hondureña está pidiendo a gritos democratizar y depurar todas sus instituciones y se requerirá una reforma y revolución que haga cambiar los cimientos de forma radical el actual estado de cosas.

 

 

Autor: Rossel Montes, historiador hondureño. 

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