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Radio Progreso
J Donadín Álvarez

J Donadín Álvarez

Escritor nacional

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Viernes, 01 Septiembre 2017 14:02

Honduras avívate

Las órdenes se deben cumplir si quien las emite posee autoridad legítima y si el resultado de su cumplimiento producirá efectos deseables para la mayoría de las personas sobre las que recaerán las consecuencias de dichas ordenanzas. De lo contrario, la protesta y la negativa a cumplirlas más que un derecho se vuelve un deber.

Lo anterior tiene especial relación con el Oficio NO.093 D.D.E.Y-2017 en el que la Directora Departamental de Educación, Irma Lazo Velásquez, solicita a los directores de los Centros de Educación Básica y Media Oficiales y No Gubernamentales de El Progreso Yoro su adhesión a una actividad claramente con tinte proselitista denominada “Honduras Actívate”. La referida actividad está programada para el domingo 3 de septiembre de este año en curso. Se espera que los profesores lleven a los padres de familia, amigos y estudiantes (estos últimos serán recompensados con puntos en la clase de educación física) y que la participación sea ejemplar “para poder mantener el récord de ser los mejores a nivel nacional en este tipo de eventos” de acuerdo con la señora Lazo. Por los costos de transporte no habrá que preocuparse. Hay fondos –¿quién sabe de dónde– para pagar los buses que se necesiten.

En un ambiente preelectoral –mancillado ya con la aparición del hombre más aborrecido en los últimos años y que pretende reelegirse como presidente del país–, una solicitud como la que hace la señora Lazo no puede ser tomada en serio cuando es del pleno conocimiento de los ciudadanos su afiliación al partido de la estrella solitaria, el instituto político que más daño le ha ocasionado a las finanzas del Estado en la historia de Honduras.

Asistir a este acto no es más que seguirle el juego a Juan Orlando Hernández. El “Honduras Actívate” es una estrategia para capturar imágenes con los “miles” de ciudadanos que incautamente acuden para hacer algunos ejercicios físicos. Sin embargo, la intención de don Juan consiste en manipular conciencias y mediatizar un supuesto respaldo popular.

Ante esto, los profesores tienen una noble tarea: negarse rotundamente a una actividad como la del próximo domingo. Y no precisamente porque quien esto escribe es un profesor que diverge de la línea cachureca sino porque a los estudiantes no se les puede obligar a asistir a actos políticos independientemente de quien así lo haya planificado.

Está claro que hay tres tipos de profesores: El valiente, el bandido y el vendido. El profesor valiente está dispuesto a desmarcarse de órdenes absurdas y abusivas. No le importa si por ello tenga que arriesgar su empleo (donde quizá no se le paga ni el salario mínimo si es en el sector privado; o persecución política en el sector público). Sus valores éticos están por encima de cualquier orden que pretenda manipular su correcto accionar para abonar a actividades e intereses políticos ajenos al buen desarrollo de la educación. Por otra parte, está el profesor bandido; éste es el que se muestra afín al partido de gobierno pues su empleo obedece a una colocación en el sistema educativo mediante maniobras cachurecas. Finalmente, está el profesor vendido. Éste es el triste personaje acrítico, mediocre y dócil a quien le da igual lo que ocurra en las esferas políticas porque cree que su deber es dar clases en un aula y que la educación no necesariamente tiene una vinculación política. Pero si por asistir a un acto habrá “estímulos” no tiene ningún problema en hacerlo y acomodarse al sistema político vigente. 

Padre y madre de familia, estudiante, profesor, profesora, activemos la inteligencia y en lugar de asistir al jueguito de don Juan solicitemos a los cuatro vientos un “Honduras Avívate”.

Viernes, 21 Julio 2017 17:58

Poetas urbanos

“Sin música la vida sería un error”. Nietzche

Abundan en nuestro medio y en la región latinoamericana los denominados “poetas de la calle”, o “poetas urbanos”. Cabe señalar que ha sido la juventud, principalmente, quien se ha encargado de consagrarlos y hacerles un altar social.

Antes de prepararle el infierno a esa tribu urbana conformada por “poetas” comúnmente denominados raperos y reggaetoneros es justo otorgarle el único punto válido: sus productos como el rap y el reggaetón son, al igual que cualquier otro acto humano, parte de la cultura y como tal han evolucionado.

Para quienes nacimos en una sociedad ya plagada por este género urbano habrá sin duda un ligero afecto por algunas de estas producciones que dejan entrever cierto esfuerzo por quienes las desarrollan. En lugar de abandonarnos a la crítica descarnada y a la generalización admitimos que muchos jóvenes somos parte de esa generación que también en algún momento disfruta del rap y el reggaetón.

Todo evoluciona, incluso Dios. La música no es la excepción. Desde el reggaetón primitivo denominado playero, pasando por el rap, el reggaetón romántico y ahora con el renacer del trap. Lo trágico en todo esto es que hay una pleitesía a la mediocridad. Los autores del perreo marcan la pauta con producciones musicalmente sencillas. En primer lugar, el perreo no contiene ninguna exigencia, ninguna complejidad puesto que no es más que un baile cavernícola que simula el acto sexual como copiado de los perros. De ahí que a la mujer se le denomine “perra”, “gata”, “coneja” entre otros. Y lo que en un primer momento se creyó era un baile del vulgo, estimulado para las clases bajas, también acabó impactando fuertemente en las clases medias. En segundo lugar, la pobreza artística en cada producción genera lástima hacia quienes se precian de “artistas” y además produce animadversión por melodías tan simples, tan poco originales y musicalmente demasiado elementales en su composición a través de acordes.

Por otra parte, la pobreza lingüística, la monotonía rítmica y la baja estatura moral de sus promotores parecieran ser la principal característica de los “poetas de la calle”. Sus letras asesinan al idioma español por su pésima ortografía y dicción, están plagadas de extranjerismos y lenguaje explícito que rebasa los linderos de la libertad moral. No hay mucho de constructivo en un género musical androcéntrico que constituye en buena medida una apología a la vida licenciosa. Drogas, armas, sexo y alcohol forman parte del repertorio. Tan identificados están los autores con sus diarreas verbales que en su desnutrida inteligencia se volvieron adictos a la cárcel. La ficción de sus letras les convirtió a la tragedia como su eterna invitada.

Sin embargo, no todo es malo. Hoy el rap, principalmente, ha visto la aparición de algunos talentosos raperos en cuanto a la interpretación de lo que su labor significa para la sociedad. Es interesante comprobar cómo unos pocos de ellos diluyen entre sus rimas mensajes retadores al statu quo. Claro que son excepciones puesto que algunos de estos “artistas” de evidente estancamiento intelectual con dificultad podrán diferenciar su mano izquierda de la derecha y mayor será su inhabilidad para entender lo que significa una línea ideológica.

Hoy en día, el rap especialmente, ha planteado posiciones ideológicas profundamente anticapitalistas. Es curioso cómo un género urbano adaptado para enajenar juventudes hoy transforma su letra y sonido de barrio para convertirse en un canal de manifestación del descontento de las clases bajas contra las injusticias. Algunos raperos españoles y uno que otro latinoamericano se han aventurado a escribir, cual poetas reales, con la responsabilidad que caracteriza al oficio literario cuando de interpretar la realidad social se trata.

Mientras el género urbano evoluciona en otras latitudes en Honduras se estanca. Se sigue produciendo muy poco y de baja calidad artística e intelectual. Sin embargo, ya los politiquillos en este escenario preelectoral comienzan a preparar sus cancioncitas. Y no se duda que por ahí seguirán los nacionalistas perreando con el reggaetón, tal como lo hicieron frente al Tribunal Supremo (Re)Electoral al “solicitar” la autorización de este ente para que su amo tuviera pase libre rumbo a la reelección. 

¡No más cancioncitas tontas! ¡Pueblo; a pensar!

Martes, 02 Mayo 2017 15:22

¿Sindicatos políticos?

La transformación de la sociedad, interpretada desde una fórmula leninista y con énfasis en la cuestión sindical,  le apostaba al sindicato como organización de masas y establecía que éste debía permanecer anclado a la línea del partido proletario, del partido que representaba los intereses de los oprimidos. De este modo, se interpretaba, que la transformación de la sociedad sería una realidad.

En el plano de las realidades nacionales esta concepción leninista se percibe como un proyecto utópico debido a ciertas situaciones. Por ejemplo, hay que evaluar si están los sindicatos de Honduras sujetos a algún partido político. En caso de estarlo, ¿es éste un partido que responde a las necesidades del pueblo? 

Está claro que las luchas sociales se ganan si se conquista también el poder político y que por lo tanto, el movimiento obrero debe estar relacionado con el poder político. Sin embargo, ¿justifica esto que los líderes de los sindicatos se conviertan en aliados de algún partido político independientemente de la aceptación que se tenga del mismo entre las masas obreras?

En los últimos años los sindicatos perdieron la neutralidad política y asumieron una posición político-partidaria. Decisión no del todo cuestionada por sus miembros pues surgió a partir del golpe de Estado de 2009 y sobre todo tras la creación del partido Libertad y Refundación (LIBRE). El Frente Nacional de Resistencia Popular, por ejemplo, consideró que tenía en este partido su aliado para tomar el poder y recuperar ciertas conquistas sociales mutiladas por el machete neoliberal del bipartidismo. En su momento la dupla LIBRE-FNRP generó importantes expectativas.

No obstante, después de más de cinco años, esta unión sindical con el movimiento político de izquierda, representado por LIBRE, ha significado más retórica anti sistémica que esfuerzos reales.

Los dirigentes sindicales, por otra parte, han vendido su gente al partido Nacional y Liberal, y los que se enyugaron con LIBRE están descuidando su labor defensora de la clase trabajadora por dedicarse más al marketing político y ver qué ganancias obtienen en próximas elecciones. 

La estrategia huelguística y la capacidad de convocatoria popular en Honduras están fallando como consecuencia de lo anterior. Muchos los líderes sindicales han perdido la dignidad y han minimizado su perfil como hombres de la lucha popular. 

Es tiempo de mover piezas en el ajedrez sindical.  

 

Miércoles, 15 Marzo 2017 08:51

Sufragio inocente

La parodia sobre la democracia que se representa cada cuatro años en el país sigue atrapando las mentes incautas. El ciudadano promedio continúa legitimando a criminales, ladrones, traidores a la patria, neoliberales, corruptos y mentirosos, cada vez que se acerca a una urna electoral. La población menos instruida sigue siendo espectadora de los circos mediáticos y fácilmente engañada con discursos que le ofrecen la redención de su miseria cotidiana. 

A pesar de los evidentes señalamientos hechos en los últimos días a los máximos exponentes de la sucia política hondureña, la conciencia de muchos ciudadanos sigue adormitada. Es su condición de empobrecidos la que los coloca en una situación de tal fragilidad económica que cien o quinientos lempiras bastan para condicionar su voluntad electoral.

Preocupa la percepción de algunos ciudadanos que restaron importancia a su participación en estas elecciones primarias. De acuerdo con su pensamiento, son las elecciones generales las que verdaderamente importan. Sin embargo, hay que tener en cuenta que don juan y su pandilla han aprovechado el voto de quienes no participaron en estas elecciones y lo acreditaron para su candidatura. Con esto se busca impresionar a nivel mediático el supuesto caudal electoral que poseen y con ello justificar en las elecciones generales el fraude que seguramente ya está en su obscenas agendas políticas.

Hondureño, no permita que su voto legitime a un candidato que busca la reelección presidencial y que poco o nada ha hecho por mejorar sus condiciones de vida. Recuerde que, tal y como ha sido desde un principio, el proceder de don juan y su gobierno ha estado estructurado sobre la mentira. Y piense, incluso, en algo mucho más terrible: en que su voto ni siquiera servirá para legitimar la reelección de este embajador del mal pues el fraude bien armado que podría tener ya programado no considera, sin duda alguna, la opinión popular. De ahí que las calles deberán ser nuestro escenario de lucha frontal si algo parecido llegase a ocurrir.

Es necesario, además, cuidarse de aquellos agitadores sociales que lo que buscan es una cuota de poder. Éstos se caracterizan  por manejar un discurso libertario, fuertemente anti-imperialista, anti sistémico, por tener una personalidad mesiánica y un concepto megalómano de sí mismos. No obstante, sepa detectarlos a tiempo. La participación ciudadana de la que tanto alardean nunca la hacen efectiva cuando se les da la tarea de representar del pueblo en la esfera de lo público. Algunos de ellos terminan haciendo bancaditas “independientes” en el Congreso Nacional de la República.

Las elecciones generales son una oportunidad para escribir una nueva historia. Hay que elegir candidatos apegados a la verdad, alejados del influjo del poder, enemigos de la injusticia, personas de notable trayectoria en la lucha popular... 

Amigo lector, ya no vote inocentemente, no se siga prestando más a la manipulación criminal de los cachirecos ni a al camaleonismo político de los liberuchos. Ya hay alternativas al bipartidismo empobrecedor y estupidizante. Ejerza libremente su derecho a elegir. 

 

Jueves, 09 Febrero 2017 11:06

Juventud en política

Jean Jacques Rosseau, pensador francés, expresaba con evidente acierto  que “la juventud es el momento de estudiar la sabiduría y la vejez el de practicarla”. Por supuesto, esa preciada etapa tan malgastada por muchos constituye quizá la fase más importante en la vida del ser humano. La niñez que le antecede está caracterizada por el aprendizaje constante, la adolescencia por la definición de la personalidad y la divina juventud no es sino el equilibrio logrado entre el aprendizaje de la infancia y la conducta de la adolescencia. En este sentido arribar a la juventud, es la más maravillosa experiencia que Natura concede a los mortales. Es, pues, éste el momento preciso para asumir una posición memorable frente a la vida para que la vejez no nos encuentre preparándonos todavía para actuar. 

La política, por ejemplo, es una excelente labor para estudiar la sabiduría; es decir,  la juventud tiene en el gobierno y la organización de las sociedades humanas una excelente oportunidad para dedicarse a hacer el bien, a administrar con decoro bienes colectivos e interpretar de esta manera la aplicación de la sabiduría aún sin haber llegado a la vejez. 

Y aunque quizá muchos jóvenes no lo hagan de manera directa su vinculación con la política es importante a través de otras vías. Ellos deben conocer todos sus derechos, ejercer soberanía mediante la presión popular, fortalecer la verdadera democracia con su voto consciente, formar agrupaciones y elevar sus ideales de desarrollo hasta llegar a la toma del poder político. 

Pero; ¡mucho cuidado! La juventud se puede desviar. Por eso es tan necesaria la orientación de los viejos de trayectoria admirable, de esos que ya están facultados por la vida para practicar la sabiduría. Si el joven no tiene una alta dosis de disciplina, amplios conocimientos que le permitan ejercer con mucho tino el oficio de gobernar y una ética orientada a la consumación de los más sublimes valores del ser humano, nada bueno estará haciendo. 

Históricamente dos líneas se han distinguido en la participación política de la juventud hondureña. Las ya bien detectadas de izquierda y de derecha. Como una especie de herencia ideológica los jóvenes, especialmente de la clase media, han asumido como propia la línea partidaria de sus padres y en función de dicho legado se han enrolado en los partidos políticos con los cuales ha existido una afinidad familiar. 

No obstante, esta tendencia ha cambiado en la década actual. Con el arribo del Partido Anticorrupción (PAC) y el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) muchos jóvenes han disentido de la línea partidaria de sus antecesores y se han enlistado dentro de los dos partidos anteriormente mencionados. 

Así las cosas, es innegable que la coyuntura multipartidaria del momento ha generado importantes espacios de participación política para la juventud, pero; ¿cuántos jóvenes aspirantes a un cargo público estarán aptos para gobernar con sabiduría y dignidad? No se trata solamente de complacer el anhelo de convertirse en un político de carrera únicamente por ser dueño de una juventud prometedora. A pesar de que no hay nada malo en esta efervescencia política que los domina, puesto que la sensación de saberse popular o bien recompensado económicamente ha de ser agradable, se debe ser cauteloso al tomar la decisión de incursionar en el enmarañado terreno de la política nacional.  El joven que aspira a efectuar, junto con otras personas,  el sublime ideal de acabar con la miseria en el país debe conocer la ruta que sea ciertamente congruente con lo que los electores esperan de él.

Por lo general, los jóvenes que recién incursionan en la política hondureña proceden de las universidades, algunos de ellos ya con su ciclo académico graduado. En ese sentido, hay un bagaje intelectual  valioso en ellos. Sin embargo, el conocimiento encapsulado en sus cerebros no será suficiente si se carece de una formación ideológicamente sólida, de una perspectiva reivindicativa y lo que es peor: de una iniciativa crítica para transformar el país. 

Cabe señalar que la universidad no prepara estudiantes para el exclusivo oficio de gobernar con justicia, sino más bien para  insertarlos a un mercado laboral consecuente con el modelo económico neoliberal. La formación que brinda está contemplada en un flujograma que contiene una gran cantidad de paquetes conceptuales denominados comúnmente “materias” o “asignaturas” y que ellos deben aprobar; No obstante, una vez graduados muy pocos se sienten facultados para desarrollar un trabajo interpretativo de la sociedad hondureña y un análisis riguroso de la ciencia política. 

En consecuencia, la academia ofrece al país un trabajador cualificado mas no siempre una persona con un nivel crítico aceptable. Por si fuera poco, el sistema agasaja al nuevo profesional con ciertos privilegios socioeconómicos que lo terminan encerrando en una burbuja social. Con este tipo de jóvenes egresados del nivel de Educación Superior, y que aspiran a gobernar el país, el desarrollo de la población no parece estar muy cercano. 

Los jóvenes que hoy se apuntan para incursionar en la política necesitan  fundamentalmente dos cosas: libros y valores morales. Los primeros les darán el conocimiento necesario para administrar sabiamente un Estado tan desmoronado como el hondureño. Los segundos, los comprometerán con la sociedad y con ellos mismos a obrar con honestidad y transparencia en su gestión en la esfera de lo público. 

 

 

Jueves, 08 Diciembre 2016 07:59

Democracia y soberanía popular

La reelección es la actual tendencia retardaria del cachurequismo. Con un escandaloso grado de embrutecimiento político los pitufos lanzaron a la palestra nacional el proyecto reelectoral e interpretando antojadizamente la normativa constitucional generaron la idea que la reelección de su cacique es indetenible.

La propuesta reelectoral, ilegal a todas luces, ha tenido un ligero eco en la hondureñidad por dos razones: la primera, la manipulación de los medios de comunicación sobre los hechos inconstitucionales que está llevando a cabo la pandilla azul y la segunda, la ceguera ideológica del ciudadano promedio, que no es sino la consecuencia de lo primero.

Los medios de comunicación, serviles en su mayoría al partido de turno, continúan prostituyendo la objetividad en aras de lograr mayores ingresos provenientes del mejor cliente: el Estado. Ellos han asumido el rol de desinformar, generar confusión y entretener con circos mediáticos a la población que necesita saber si la reelección es conveniente o no. Y como gran parte de la opinión pública está configurada por la información que de los medios se desprende, muchos compatriotas han considerado como verdad la montaña de falsedades que los canales televisivos, las emisoras radiales y los medios de comunicación impresa transmiten a diario.

Colosal error es creer lo que los canales desinformativos repiten a diario: que la reelección es legal e indetenible. La idea de que el actual presidente debe continuar en el poder debido a que está logrando el desarrollo nacional es totalmente falsa. En Honduras hay crímenes, masacres, hambre, desempleo, ignorancia, temor, miseria, corrupción, hay de todo, menos desarrollo. Y todo es responsabilidad del actual gobierno y de su antecesor, también de corte neoliberal, corrupto y cachureco. De manera tal que cada vez que un medio de comunicación pregona a voz en cuello que la reelección del cacique azul es indetenible por su efectiva gestión presidencial nos encontramos ante una mentira financiada desde el Poder.

En cuanto a la ceguera ideológica que predomina en los sectores populares de la sociedad hondureña hay bastante trabajo que realizar. Mientras el ciudadano promedio se sumerge en su mundillo de chismes, ignorancia, calamidad y muy poco interesado se muestre por lo que acontece a diario los ladrones del erario ven asegurada su continuidad en el gobierno. Por eso es tan importante la labor de los profesores, gestores comunitarios y medios de comunicación serios para configurar en el ciudadano una nueva línea de pensamiento crítica, reflexiva y con interés por el cambio. 

Interpretar la dinámica de la sociedad hondureña, por ejemplo, sería un buen comienzo. Hay que explicarle a nuestros compatriotas ideológicamente debilitados  que la democracia no es un simple proceso restringido a marcar una casilla debajo de la imagen de algún cacique político; hay que enseñarle al ciudadano de humilde condición socioeconómica que la satisfacción de sus necesidades económicas no se limita al recibimiento de una bolsita solidaria etiquetada con la imagen de algún político repudiable; hay que desvanecerle la idea de que si no va a las urnas a “elegir” a sus representantes, de antigua trayectoria política, es una persona antidemocrática que se niega a que el desarrollo del país continúe de la mano de reconocidos correligionarios.

El papel del Estado hondureño como garante del cumplimiento de sus derechos como ser humano es otro tema importante que se debe analizar.  El hondureño promedio debe saber, por ejemplo, que no vive en un Estado independiente y menos en un sistema democrático. Y aunque los señores de los afiches en los postes del tendido eléctrico, de los anuncios de radio y televisión, de esos que usan saco y corbata todos los días, digan que Honduras es un país de grandes oportunidades, el ciudadano debe saber que vive en un sistema excluyente, que le ofrece desempleo, violencia, corrupción, miseria, entre otros problemas, y que por lo tanto lo orilla y obliga a que sobreviva de mil maneras. Ah, y si en algún momento decide rebelarse contra este sistema democrático debe saber que sus ídolos políticos no dudarán para etiquetarlo como desertor del proceso de desarrollo nacional. Su búsqueda de justicia, pues, será objeto del terrorismo de Estado que se practica en el país. Enormes tanquetas de agua con gas pimienta, toletes, balas y soldados insensibles estarán a la orden del gobierno para ser desplegados en su contra.

En Honduras se necesita profundas reformas. Mientras la política exterior del Estado nacional siga siendo la voz de Washington y las medidas financieras nacionales sigan siendo las órdenes del Fondo Monetario Internacional la independencia del Estado nunca será un hecho como tampoco el desarrollo de la población. Sin embargo “Honduras está cambiando” expresan los embajadores de la mentira gubernamental. Y claro, durante la actual gestión azul ha habido cambios: aumento de la carga tributaria a la población, saqueo de fondos públicos a niveles espeluznantes, violaciones evidentes a la Constitución Nacional, profundización de la deuda externa, etcétera.      

Muy buenas intenciones podrán tener los pitufos del gobierno. No obstante, la efectividad de toda buena intención se mide en los buenos resultados; no es por lo que diga el gobierno si no por la calidad de vida que se logre para los ciudadanos.
Hondureño pensante, la reelección no es viable para usted ni para mi. Apoyar la reelección es apuñalar la democracia y el concepto de soberanía popular. Recuerde que la verdadera soberanía popular siempre va vestida de democracia; la falsa se disfraza con la tiranía.

 

J Donadín Álvarez

Escritor nacional

jdonadinalvarez @gmail.com

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