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Radio Progreso

La vida de San Ignacio y su legado

Jul 31, 2015

El 31 de julio la Iglesia católica celebra a San Ignacio de Loyola, autor de los Ejercicios Espirituales y fundador de la Compañía de Jesús.  Uno de los hombres más influyentes en la historia.  A 459 años de su muerte, los  jesuitas y sus colaboradores actualizan su legado y continúan la misión.

Un contexto de grandes cambios

La época de Ignacio, similar a la nuestra, fue de grandes movimientos y profundos cambios: enfrentamientos entre reinos e imperios; el inicio de la modernidad y sus  novedosos valores; los importantes avances científicos y culturales; la conquista de América; la reforma de Lutero, etc. todo esto provocando dudas e inseguridad en lo viejo conocido. 

Una vida intensa 

Pero no solo el contexto de Ignacio era de convulsión, su vida misma fue un continuo de decisivos movimientos.  Nacido en una familia noble, Ignacio quedó huérfano de madre a temprana edad.  Cuando joven, su padre lo envió como ayudante del contador de Castilla donde recibió formación básica en artes, letras, y armas.   Se dice además que llevaba una vida intensa, incluso un tanto desordenada como él mismo reconocería: “Hasta los 26 años de edad fui hombre dado a las vanidades del mundo”.

La crisis y la conversión

El contador de Castilla calló en desgracia, Ignacio regresó a su casa y luego fue enviado a Pamplona, una ciudad asediada por los franceses. En uno de esos combates, Ignacio fue herido gravemente. Volvió a Loyola pero esta vez moribundo. 

En su lenta recuperación Ignacio tuvo tiempo para reflexionar sobre su vida.  Deseando leer más libros de aventuras y caballería, que no los había, debió leer los evangelios y la vida de los santos.  Experimentó  entonces una  radical conversión.  Inició así un peregrinaje geográfico pasando por Tierra Santa, España, París y Roma.  Pero sobre todo, un peregrinaje espiritual,  desde el deseo de una imitación radical y estática de Cristo hasta la fundación de una comunidad disponible a la misión de la Iglesia de Jesús.

Sobre el encuentro personal con Dios

Ignacio supo reconocer a Dios en las situaciones extremas de su vida.  Para el jesuita Jesús Sariego, párroco de la parroquia San Ignacio de Loyola en El Progreso, Yoro; Ignacio tuvo una primera gran experiencia de Dios en un momento límite de su existencia, después de ser herido en Pamplona: “Ignacio tuvo que volver inútil a Loyola y ahí fue donde tuvo la gran experiencia de Dios, cuando estaba tirado en una cama, convaleciente”. Sariego reflexiona: “o sea que Dios nos encuentra cuando estamos en los límites, cuando topamos con nuestras incapacidades. A Ignacio Dios no lo encontró cuando soñaba con grandes aventuras. No. Lo encontró más bien cuando estaba inútil, cuando estaba con dolor, cuando estaba sin ver futuro para su vida, porque él quería ser un  gran noble y casarse con una hermosa princesa, pero estaba ahí, tirado en una cama…”.

Otro lugar de encuentro importante entre el santo de Loyola y Dios fueron sus deseos.  Al leer los evangelios y la vida de los santos, Ignacio experimentó paz y alegría, deseos profundos de imitarles.  Sariego asegura: “ese es otro camino donde Dios nos suele encontrar, los deseos.  Tal vez lo más grande que un hombre tiene son los deseos, porque las realizaciones a veces son más pequeñas, pero cuando uno tiene un deseo es como un gran motor que le mueve. Si Ignacio no hubiera tenido deseos no habría sido alguien importante. Los deseos cambiaron su vida”.

El discernimiento: los deseos de Dios y los deseos del hombre

Aunque los deseos impulsaban a Ignacio, no siempre pudo realizarlos. Por ejemplo: estando en Tierra Santa quiso quedarse allá, pero las autoridades no se lo permitieron. O cuando quiso acompañar espiritualmente algunas personas en Salamanca  la Inquisición se lo prohibió por carecer de preparación suficiente.  Según Sariego “Ignacio entendió que era la voz de Dios la que le decía que tenía que estudiar”, y agrega, “esto le permitió acercarse al mundo de los estudios, y esto es importante porque más adelante Ignacio fundaría la primera orden religiosa que asume la enseñanza como una tarea”.  En fin, Ignacio iría aprendiendo a discernir los deseos de Dios en sus propios deseos. 

El discernimiento ignaciano y nuestro contexto social

La humanidad experimenta hoy una serie de problemas complejos.  Los hondureños por ejemplo están  alzando la voz contra la impunidad, la injusticia, el engaño, la corrupción, etc.  Ante esta realidad Sariego considera que Ignacio tiene algo que ofrecer, se trata del discernimiento ignaciano, una herramienta que nace de los Ejercicios Espirituales, y que ha de permitir identificar desórdenes y orientar salidas a este impasse de frustraciones y desconfianzas en el que vivimos: “En ese sentido Ignacio es maestro de conversión, de honestidad y de limpieza ética y moral de las personas, y en eso puede ayudar a muchos”.

La mayor gloria de Dios

Sariego explica: “cualquier cosa buena que hacemos da gloria a Dios, pero Ignacio no busca dar cualquier servicio, sino dar el mayor servicio, y cuál es ese servicio – se pregunta –  pues es lo que la Iglesia siempre ha dicho: es el bien común, el que alcanza a más personas. Ya decía santo Tomás: el bien cuanto más universal es más divino. Dicho en lenguaje del siglo XXI el bien mayor es el bien de los pobres, el de los grandes sectores que en nuestro continente latinoamericano todavía no tienen acceso a los servicios básicos; agua, salud, educación de calidad, trabajo digno, etc.  Así que dicho en breve, la mayor gloria de Dios es la mayor gloria del hombre.

Los jesuitas en Honduras

San Ignacio escribió en una de sus cartas: “la amistad con los pobres nos hace amigos del Rey Eterno”. Desde la llegada de los jesuitas a Honduras, hace aproximadamente 70 años,  su trabajo ha sido siempre de cercanía con la gente más humilde: los indios xicaques o tolupanes y los trabajadores de las fincas bananeras durante los primeros años.  Según Sariego, las opciones de los jesuitas hoy, aquí y en cualquier parte del mundo son las opciones de la Iglesia porque “no somos un capítulo aparte”, y agrega: “ Yo creo que la prioridad de la Compañía de Jesús es trabajar con los pobres, tenemos que estar donde Dios nos pide y donde Dios tiene un amor preferencial, pero además tenemos que estar ayudándolos, organizándolos para que ellos adquieran conciencia de su dignidad, y eso puede ser a través del trabajo parroquial o de un medio de comunicación, que como dicen ustedes, dice la verdad que otros callan, y eso es importante, que la gente conozca la verdad y pueda hacerse un juicio sobre la realidad del país conociéndola, porque a veces se juzga sin conocerla.  O educando, educar a una persona es darle la capacidad de que cambie él, de que mejore su situación y la de su familia.

Colaboración en la misión

Aunque la Compañía de Jesús sigue siendo la orden religiosa más grande de la iglesia, el número de jesuitas se reduce significativamente, en cambio los desafíos crecen.  No obstante, Sariego afirma que en la misión los jesuitas no se sienten solos: “Estamos rodeados de laicos y laicas de mucha altura humana y cristiana, de gran capacidad, muchos de ellos jóvenes y con ilusiones, cada vez mejor preparados.  Dice el evangelio que Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, a mi gusta pensar que esa pareja la formamos los jesuitas y los laicos y laicas que trabajaos juntos, que nos complementamos unos a otros”.

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